<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099</id><updated>2011-12-07T18:01:26.211Z</updated><category term='familia'/><category term='inspiración'/><category term='radio'/><category term='infancia'/><category term='juego'/><category term='recuerdo'/><category term='fantástico'/><category term='mi fiesta'/><category term='amor'/><category term='Curso'/><category term='personajes'/><category term='diálogo'/><category term='melancolía'/><category term='greguerías'/><category term='palabras'/><category term='injusticia'/><category term='diario'/><category term='amistad'/><category term='relato'/><category term='guerra'/><category term='poesía'/><category term='cuento'/><category term='1 año en 1 post'/><category term='libro'/><category term='microrrelato'/><title type='text'>La fiesta sorpresa</title><subtitle type='html'>"La irregularidad, es decir, lo inesperado, la sorpresa o el estupor son elementos esenciales y característicos de la belleza". Charles Baudelaire</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>56</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-4222904945864741526</id><published>2010-05-08T11:06:00.009+01:00</published><updated>2011-07-13T11:44:55.473+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='recuerdo'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='melancolía'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='amor'/><title type='text'>Príncipe</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/S-U5VJ4L0YI/AAAAAAAABLk/1AYOFihHRNg/s1600/magnolia.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 230px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/S-U5VJ4L0YI/AAAAAAAABLk/1AYOFihHRNg/s400/magnolia.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5468840358102946178" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;© &lt;a href="http://www.flickr.com/photos/lightdav/3487737112/"&gt;David Light&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;Una vez se enamoró de mí un príncipe. “No puede ser”, respondería la gente que me conoce, “¿cómo se va a fijar un príncipe en ti?”. Y el hecho es que así fue. No recuerdo bien su nombre, porque todos, incluida yo, lo llamábamos &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Príncipe&lt;/span&gt;, pero puedo decir que esto que cuento es tan cierto como que existen el sol y la luna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Príncipe &lt;/span&gt;era alto, rubio, de ojos claros y pelo ensortijado. Siempre sonreía, era divertido, caballeroso, atento. Tenía algunas rarezas, pero es lógico, todos las tenemos y los príncipes todavía más. Pero eran cosas sin importancia. Solía tomarme el pulso después de besarme, por ejemplo. Así comprobaba mi excitación. Esa manía me ponía nerviosa, y todavía se me disparaban más las pulsaciones, lo que aumentaba su regocijo.&lt;br /&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Príncipe &lt;/span&gt;era un chico noble y bueno, aunque cultivaba unas amistades que lo llevaban a implicarse en travesuras y pequeños delitos de poca monta. Él me lo contaba divertido y en el brillo de sus ojos podía constatar el gran concepto de la amistad que tenía: hubiera dado la vida por un amigo. Recuerdo una anécdota. Estaba él con dos caballeros sentado en un portal de la calle bebiendo de una botella, cuando uno de sus amigos pensó que estarían mucho más cómodos en el sofá reluciente de tres plazas dispuesto en el escaparate de la tienda de enfrente. &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Príncipe&lt;/span&gt; no recordaba bien cómo había ocurrido todo, porque la botella que compartían era ya la tercera o la cuarta de la noche, pero, me explicó, el caso es que sus amigos rompieron el cristal de la puerta del establecimiento, entraron a por el sofá y, entre los tres, transportaron el mueble hasta el parque más cercano, donde terminaron de beberse, mucho más cómodos, lo que quedaba del licor. &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Príncipe &lt;/span&gt;no se explicaba cómo ninguna persona de las que se cruzaron por la calle sospechó que aquellas horas de la noche no eran propias para hacer un traslado. Le dije que quizás nadie quiso meterse en un lío y él estuvo de acuerdo conmigo. Me dijo que era muy comprensiva, que le encantaba eso de mí, mirándome con sus ojos dulces y enrojecidos por la falta de sueño producto de las múltiples pastillitas que tomaba a lo largo de la noche, me besó y, a continuación, procedió al ritual de la toma de pulsaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquel concepto de la amistad fue, de hecho, lo que llevó a &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Príncipe &lt;/span&gt;a fijarse en mí. Yo era la mejor amiga de una princesa, de la que él se enamoró. Ella estaba comprometida con un caballero muy serio, íntimo amigo de &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Príncipe&lt;/span&gt;, así que él, a pesar de tener todas las de ganar, pues era mucho más atractivo que el circunspecto caballero, renunció a ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para calmar su rabia y aplacar su dolor (porque los príncipes también mueren de desamor), &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Príncipe &lt;/span&gt;hizo un Sistema Solar a escala. Él era la Tierra, un puntito diminuto sobre su cama. Marte se ubicaba junto a una fuente sombría situada en una plazoleta solitaria donde estuvimos más de una vez besándonos y midiendo mis pulsaciones, el Sol estaba representado por un inmenso castaño que había en un parque a las afueras y Plutón, ahora no me acuerdo bien, pero creo recordar que estaba lejos de la ciudad y que, dependiendo del lugar de la órbita en que se encontrara, podía situarse en distintas provincias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El juego le llevó a &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Príncipe &lt;/span&gt;el tiempo suficiente como para que pasara el verano y volviéramos, a la llegada del otoño, a nuestras obligaciones. Al regreso, él se acercaba a hablar conmigo y preguntarme por la princesa; pero al saber que estaba feliz y que había trasladado la corte, su mirada azul se ensombrecía y ahogaba su tristeza en algún vino que compartía conmigo mientras me explicaba sus aventuras y tomaba, cada cierto tiempo, algunas de sus píldoras de colores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así, poco a poco, fue como &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Príncipe &lt;/span&gt;se enamoró de mí. Sin darse cuenta. De pronto una noche supo que tenía delante a su princesa, el objeto de su amor, y no pudo comprender cómo hasta entonces no se había dado cuenta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ocurrió a las tres de la madrugada de uno de los primeros días laborables del año, en pleno invierno. Por aquel entonces yo vivía en una residencia para damas y caballeros de la corte, que los días de diario cerraba sus puertas a la una de la mañana. Sin embargo, &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Príncipe &lt;/span&gt;entraba y salía cuando le venía en gana, pues sólo tenía que encaramarse a un inmenso magnolio situado junto a una zona baja de la valla, desde donde le era muy fácil acceder al edificio. Aquel día me despertó un leve toque en mi puerta. Me levanté sin reparar en que llevaba puesto uno de aquellos pijamas de algodón de cuello vuelto que madre solía regalarme por Navidad, para contrarrestar las frías noches del invierno, y abrí la puerta. Allí estaba él, con su mirada azul enrojecida por el sueño, su sonrisa sincera de dientes blancos perfectamente alineados y temblando de frío, porque llevaba una chaqueta ligera, impropia para la época, que nunca le había visto puesta (después me dijo que le había gustado mucho al verla colgada junto a la suya en el perchero de una taberna y la había intercambiado). Le pregunté qué estaba haciendo allí y me confesó que había tenido una revelación y que quería explicármelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella noche nos besamos por primera vez y él no pudo apuntar mis pulsaciones en la libretilla que siempre llevaba, porque se la había dejado en el bolsillo de la chaqueta intercambiada. Me dio tanta ternura la melancolía con que recordaba su pequeño cuaderno que no pude resistirme a sus encantos, lo abracé y dejé que se quedara a dormir conmigo. “Sólo dormir”, le advertí. Y él, que además de ser príncipe era un caballero, me rodeó con sus brazos y así pasamos la noche los dos, calentitos y tranquilos, sin que ocurriera nada más hasta por la mañana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así pasamos el invierno y la primavera, dando paseos por las calles y parques de la ciudad. Yo no sabía qué noche él saltaría la valla y se presentaría en mi puerta, por eso tuve que comprarme varios pijamas para estar presentable en cualquiera de aquellas noches en las que él llegaba cansado, a veces tembloroso, en ocasiones radiante, a hacerme una visita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día llegó a mis oídos que &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Príncipe &lt;/span&gt;estaba perseguido debido a un altercado en el que se había visto involucrado y en el que un caballero resultó herido de gravedad. Estuve durante tres días y tres noches esperando que apareciera para explicarme lo ocurrido. Yo misma anoté mis pulsaciones en los momentos de más nerviosismo, ilusionada con la idea de darle una sorpresa cuando volviera. Al cuarto día conocí al herido. Llevaba las mandíbulas inmovilizadas, cosidas por los dientes. Para comer le habían tenido que quitar un colmillo, por donde introducía una pajita que le servía para absorber sopas y purés, lo único con lo que podía alimentarse. Además, llevaba los dos ojos morados como berenjenas y una rabia contenida que se reflejaba en su cuello rígido y sus puños apretados. Tuve que morderme la lengua al oírlo calumniar a mi amor, farfullando (pues lógicamente no hablaba con facilidad) que había sido abatido a golpes por él, envenenado por una acumulación de pastillas antisueño. Supe que &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Príncipe &lt;/span&gt;tardaría en volver, pues toda una corte de caballeros estaba dispuesta para vengar al herido con un magnicidio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No volví a ver a &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Príncipe &lt;/span&gt;ni he vuelto a saber de él, pero después de aquello, durante unos meses, hasta que llegó el verano, ese tiempo en el que se renuevan las ilusiones, los proyectos y los sueños y del que se vuelve siendo otra persona, todas las mañanas encontré una inmensa magnolia a los pies de mi puerta, una flor tan grande como el corazón de mi amado, quién de esa forma me recordaba que seguía pensando en mí. Ahora, después de tanto tiempo, todavía pienso en cómo le hubiera brillado la mirada azul y enrojecida por la falta de sueño si hubiera podido medir mis pulsaciones en el momento en que recogía la flor, símbolo del tiempo en el que fui princesa.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-4222904945864741526?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/4222904945864741526/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=4222904945864741526' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/4222904945864741526'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/4222904945864741526'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2010/05/principe.html' title='Príncipe'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/S-U5VJ4L0YI/AAAAAAAABLk/1AYOFihHRNg/s72-c/magnolia.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-170962726102526446</id><published>2009-07-29T19:37:00.006+01:00</published><updated>2011-07-13T11:45:42.856+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='injusticia'/><title type='text'>Infierno blanqueado</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SnCYD1qhS_I/AAAAAAAABHs/_mm4mpnp11U/s1600-h/Hospital.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 230px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SnCYD1qhS_I/AAAAAAAABHs/_mm4mpnp11U/s400/Hospital.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5363954347910712306" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;© &lt;a href="http://www.flickr.com/photos/informalismo_abstracto/2088703184/"&gt;yosoyjulito&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Para Eva, por esos infiernos que hemos compartido y aplacado a base de terapias de grupo.&lt;/span&gt; &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Igual después de este cuento necesitamos una las dos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Julia se desabrochó el cinturón de seguridad justo cuando llegamos al parking y la puerta empezaba a abrirse. Fue uno de esos instantes en los que no sólo te fijas en ese detalle, sino que te sorprendes a ti mismo cayendo en la cuenta de que lo estás observando de forma especial, como si no fueras a olvidarlo nunca. Quizás porque ella nunca lo hacía hasta que el coche estaba aparcado en la plaza, retrasando por unos segundos su salida del vehículo, de forma que yo a menudo tenía que esperar fuera a que ella cerrara la puerta antes de pulsar el cierre centralizado. Era una de esas pequeñas incomodidades de la vida en común que se te pasa por la cabeza cada vez que ocurre, pero que nunca verbalizas, por lo insignificante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Observé, por tanto, cómo ella recogía indiferente el cinturón antes de entrar al parking, algo que nunca hacía. O quizás debería decir algo que nunca la vi hacer, con la sorpresa que conlleva descubrir pequeños gestos insólitos en el comportamiento de la persona con la que convives. De pronto te parece que hay algo que no conoces de ella y que, por tanto, puede haber muchas más cosas que te son ajenas, una reflexión que, en ocasiones, yo dilataba durante mucho más tiempo del razonable, cuando, por ejemplo, me sorprendía en un restaurante pidiendo carne en vez de pescado o me hablaba de alguna compañera de colegio de quién yo no había oído hablar nunca.&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No fue así aquel día. En el momento en que me sorprendí mirando cómo se desabrochaba el cinturón recordé que ella me había dicho que la cena no le había sentado bien y pensé que la cinta la habría estado oprimiendo todo el camino, la media hora que tardamos en volver a casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Estás bien? –me había preguntado Julia al subirnos al coche, refiriéndose a si me encontraba en condiciones de conducir.&lt;br /&gt;- Estoy perfecto.&lt;br /&gt;- Si quieres puedo conducir yo, no he bebido nada – se ofreció ella.&lt;br /&gt;- No hace falta, estoy bien.&lt;br /&gt;- De acuerdo –respondió ella, sacando el móvil del bolso para ver si tenía alguna llamada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alguien le habría enviado un sms, vi cómo contestaba. No le pregunté quién era. Supuse que si me interesaba por el tema, ella me explicaría alguna historia del trabajo o de una amiga y yo no tenía ganas de entablar conversación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fuimos en silencio todo el camino y recuerdo que a la altura de La Atalaya me sentí un poco obligado a hacer algún comentario. No fue así exactamente. Lo que ocurrió en realidad es que sentí que el silencio como una pequeña amenaza. Julia no quería ir a la cena con mis compañeros de trabajo. “Me aburro, no sé de qué habláis y ellas se pasan la noche hablando de sus hijos”, me había dicho. Ellas eran las mujeres de Juan y Eugenio, mis amigos, y al coincidir con frecuencia en la salida del colegio había hecho que entablaran amistad. Julia se sentía, por tanto, ajena al grupo. Yo le insistí para que viniera: “Lo pasaremos bien, el sitio te gustará”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante la cena estuvo encantadora, participó en la conversación, comentó con ellas las gracias de sus sobrinos e incluso aconsejó a Juan, quién había tenido un problema con un cliente. Incluso pensé que se lo estaba pasando bien; pero después, al despedirnos, me dijo que tenía ganas de volver a casa. No me extrañó, no era la primera vez que se comportaba como si estuviera disfrutando del momento y me comentaba después, a solas, que se había aburrido o que hacía rato que tenía ganas de irse. Yo, en cambio, no sé disimular que algo me interesa cuando no es así; pero esa era una de esas cosas que yo conocía bien de ella, aunque en más de una ocasión habíamos discutido porque Julia consideraba que yo tendría que ser más suspicaz y darme cuenta de cómo se sentía ella, o al menos consultarle antes de alargar la velada suponiendo que estaba tan a gusto como yo. La última vez el enfado nos había durado varios días, hasta que llegamos a un acuerdo: yo no insistiría en quedarnos si ella decía que quería marcharse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Justo después de los postres ella dijo que estaba cansada; pero después continuó hablando con las chicas, así que yo accedí a tomarme el chupito que nos ofreció el camarero y la cena se alargó un rato más. Por eso, el silencio de vuelta a casa me pareció una amenaza, como si en cualquier momento ella fuera a recriminarme no haber respetado nuestro acuerdo . Así que me sentí un poco en deuda con ella y, aunque no me apetecía hablar, cuando ya estábamos llegando le pregunté qué le había parecido el restaurante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Está bien, pero algo me ha sentado mal -respondió Julia con tranquilidad, confirmándome que no había disfrutado de la cena y también que no tenía intención de discutir conmigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me quedé tranquilo y seguí conduciendo en silencio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando la puerta del parking terminó de abrirse, el cinturón de Julia ya estaba completamente recogido. Desde fuera no se ve el espacio interior, sino un túnel bifurcado. Por el camino de la izquierda se accede al segundo piso, el de la derecha va a parar al primero, donde tenemos nuestra plaza. Pisé el acelerador y el coche avanzó con lentitud. Julia empezó a bostezar justo cuando oí el estruendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me pregunto cómo no escuché nada antes de ese momento. Los coches habían recorrido unos cien metros a toda velocidad antes de encontrarse con nosotros. En cambio, no oímos nada hasta tenerlos encima, justo cuando Julia había empezado a bostezar.&lt;br /&gt;Dos pares de luces se abalanzaron sobre nuestro coche, uno por cada entrada al túnel. Yo pensé: “mierda, estoy cansado, quiero llegar  a casa”. ¿Cuánto tiempo tuve para pensar aquello? ¿Cuánto dura el inicio de un bostezo? En ese tiempo indefinido se puede concebir un hijo, se puede apagar la respiración de un viejo, alguien puede contagiarse de Malaria, una chispa puede prender fuego a una cortina. Se puede dejar un bostezo a la mitad y no volver a despertar en tres meses y cuatro días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero yo no pensé nada de todo eso. Sólo me imaginé, en ese insignificante espacio de tiempo, bajando del coche, gritándole a los chavales que aprovechaban las altas horas de la noche para hacer carreras en el parking a ver quién salía antes por el túnel de entrada, sacar los papeles del seguro y estarme un buen rato cabreado con ellos, antes de llegar a casa y, encima, llevarme la bronca de Julia por no haberle hecho caso y volver a una hora más decente. Eso fue lo que pensé en ese maldito instante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No se me ocurrió pensar, en cambio, que Julia acababa de desabrocharse el cinturón y que se estamparía contra el cristal. No pensé que el malnacido que venía por la izquierda, al ver que mi coche se deslizaba fuera de control hacia la derecha, daría marcha atrás y cogería impulso para intentar colarse por el hueco que quedaba entre éste y la pared de la izquierda, con tan mal cálculo que volvería a chocar contra la parte lateral del Ford Fiesta de Julia que yo conducía, empotrándolo contra la pared de la derecha. Por supuesto que no pensé que el cuello de Julia se quebraría como lo hizo cuando nos sorprendió el segundo impacto en pleno recorrido de inercia del primero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pensé en el papeleo y en la venganza: a esos gamberros se les iba a caer el pelo. No se me ocurrió que aquel instante se convertiría en más de tres meses de dolor, de papeleos, idas y venidas al juzgado, explicar cientos de veces lo que pasó, asegurar que yo no estaba bebido, recordar cada momento, cada palabra no dicha, revisar el sms que Julia respondió un rato antes, “No hace falta, está todo preparado, pero gracias” al mensaje que le había llegado antes, “¿Quieres que te ayude con lo del cumple de C.?”. Ha sido su último gesto insólito, siempre me había dicho que odiaba las fiestas sorpresas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ni por asomo en aquel momento me acordaba de que, al cabo de tres semanas, sería mi cumpleaños. Y por supuesto no pasaron por mi mente los abogados, médicos, denuncias, las visitas de la madre de Julia, de mis amigos, de las mujeres de mis amigos, “pensar que estuvimos con vosotros sólo un rato antes y lo encantadora que estuvo Julia”, sentencias de coma, de parálisis total, de incertidumbre indefinida.&lt;br /&gt;Que Dios me perdone si no pensé en todo eso. Yo sólo quería llegar a casa, darle las gracias a Julia por haberme acompañado y dormir abrazado a ella sintiendo su respiración.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso salí como un poseso del coche, ningún perito se explica cómo logré abrir la puerta, y grité a los chavales, ilesos pero asustados, qué coño estaban haciendo, sin pararme a mirar a mi derecha ni ver la cabeza de Julia ensangrentada y desplomada sobre su pecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En todo este tiempo en el hospital me he mantenido sereno. He atendido a los médicos, enfermeras, familiares, he estado cada noche que me han dejado junto a Julia, “por supuesto que me quedo, no es necesario que duermas aquí, Marisa, vete a casa a descansar” le he dicho a mi suegra un número incontable de veces, no he llorado, he estado en mi sitio porque es lo que sé hacer. Yo no sé desmoronarme y preguntar por qué yo, por qué a mí, por qué a Julia. Ni sé arrodillarme frente al médico y rogarle que por Dios la salve, que no sabría vivir sin ella, como he visto a hacer, sobrecogido, a algún vecino de pasillo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No he esperado el milagro. Tampoco la muerte. He hecho lo que sé hacer: quedarme horas contemplando las paredes blancas de este hospital, mirar las luces blancas, las puertas blancas, las sábanas blancas, la piel blanca de Julia, asimilando que este infierno blanqueado es el que me ha tocado vivir a mí, como a otros les toca la miseria o la guerra o la tortura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora vivo aquí, esto es lo que he ganado. Quizás de forma inconsciente, sin valorar lo que tenía, sin darle importancia al hecho de tener una mujer a la que no le gusta ir a cenar con mis colegas de trabajo, porque sus mujeres hablan toda la noche de los niños, quizás ella quería tener hijos, y nosotros somos incapaces de integrarla en la conversación o hablar de otra cosa que no sea trabajo. Sin saber que en un instante puedes verte condenado al infierno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No, nadie me ha oído quejarme por eso, ni gritar qué habré hecho yo. Mi abogado no ha escuchado de mi boca palabras de venganza hacia los inconscientes que jugaban a hacer carreras en el parking, podría haber sido yo con su edad. Mis padres no me han visto desesperado ni Julia me ha oído, si es que puede oír, decirle que cuando salga de esta todo va a ir bien y que estaré a su lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es necesario, ya estoy a su lado, es donde vivo toda la eternidad que dura este infierno, sin esperar más de lo que tengo, ni desear algo que podría no llegar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Julia le explico lo que vivo cada día, como hacía antes de que ella se desabrochara el cinturón de seguridad y yo me descubría observando ese detalle: que me he aprendido los horarios de los médicos y enfermeras, que despierto a la hora en que el fisioterapeuta viene a moverla para que su cuerpo no se llague, que mis comidas coinciden con el cambio de turno de celadores, que hago mis necesidades justo después de la llamada de mi madre, que a la hora en que viene la limpiadora hablo con mi jefe, quién insiste en que me vendría bien ir a trabajar, pero que no me preocupe, que no hay prisa, que sólo lo dice por mí porque piensa que podría despejarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi corazón late al ritmo con que gotea el suero que alimenta a Julia. Esta es mi vida. La que gané en un instante como otros se ganan vivir sin piernas por haber pisado una mina. Es lo que me ha tocado, lo asumo, no me verán llorar por eso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero que nadie me pida, nunca más, que renuncie a esta vida. Que nadie vuelva a venir a decirme, vestido con una bata blanca, que no hay nada que hacer y que otras personas podrían vivir con los órganos de Julia. Que nadie se atreva a entrar en mi vida, en mi sereno infierno blanqueado, y decirme que tengo la oportunidad de romper esta eternidad y, en un acto de supuesta generosidad, hacerlo de forma que todo esto haya merecido la pena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nadie me oirá quejarme por esta vida, es la que me tocó en el instante en que se inicia un bostezo, estoy conforme, que no vengan suplicándome compasión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(204, 0, 0);font-size:85%;" &gt;Nota: Pedí a mis amigos dos palabras, un sustantivo y un adjetivo. Para cada uno escribiría un cuento con su sustantivo y el adjetivo de la persona de la lista inmediatamente anterior. Eva me dió "infierno" y le tocó "blanqueado" de Pablo. Este es el cuento que ha salido, otras veces saldrán más alegres.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-170962726102526446?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/170962726102526446/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=170962726102526446' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/170962726102526446'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/170962726102526446'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2009/07/infierno-blanqueado.html' title='Infierno blanqueado'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SnCYD1qhS_I/AAAAAAAABHs/_mm4mpnp11U/s72-c/Hospital.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-3004074102051877870</id><published>2009-06-21T11:22:00.036+01:00</published><updated>2009-07-02T09:02:56.128+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='juego'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='microrrelato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='poesía'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='amor'/><title type='text'>Historia de amor con final triste en 6 planos</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: right;"&gt;Frigopoesía libre para Noelia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Plano 1: Seducción&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Sj4ZetRZ1GI/AAAAAAAABHI/WFvyiwb-rJU/s1600-h/Primera.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 256px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Sj4ZetRZ1GI/AAAAAAAABHI/WFvyiwb-rJU/s400/Primera.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5349741422702089314" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Sj4ZYtzQSeI/AAAAAAAABHA/wNMDzIP9wKI/s1600-h/Segunda.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 287px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Sj4ZYtzQSeI/AAAAAAAABHA/wNMDzIP9wKI/s400/Segunda.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5349741319764855266" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Plano 2: Vínculo&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Sj4ZUdIfodI/AAAAAAAABG4/nUO5Mily1Wk/s1600-h/Tercera.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 300px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Sj4ZUdIfodI/AAAAAAAABG4/nUO5Mily1Wk/s400/Tercera.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5349741246571061714" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Sj4ZPqiGAhI/AAAAAAAABGw/2lGwWmzFaeo/s1600-h/Cuarta.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 300px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Sj4ZPqiGAhI/AAAAAAAABGw/2lGwWmzFaeo/s400/Cuarta.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5349741164268749330" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Plano 3: Pasión&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Sj4ZJ4s6gAI/AAAAAAAABGo/4gOGZUYFZX0/s1600-h/Quinta.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 300px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Sj4ZJ4s6gAI/AAAAAAAABGo/4gOGZUYFZX0/s400/Quinta.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5349741064993013762" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Sj4ZFLg_0II/AAAAAAAABGg/SeTahNo0qIw/s1600-h/Sexta.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 292px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Sj4ZFLg_0II/AAAAAAAABGg/SeTahNo0qIw/s400/Sexta.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5349740984143958146" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Plano 4: Tedio&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Sj4Y9vwu_4I/AAAAAAAABGY/57qEPEWMrlE/s1600-h/Septima.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 294px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Sj4Y9vwu_4I/AAAAAAAABGY/57qEPEWMrlE/s400/Septima.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5349740856434687874" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Sj4Y2e6ImkI/AAAAAAAABGQ/YJfS5axivdA/s1600-h/Octava.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 288px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Sj4Y2e6ImkI/AAAAAAAABGQ/YJfS5axivdA/s400/Octava.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5349740731651627586" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Plano 5: Confusión&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Sj4YxNgfJ5I/AAAAAAAABGI/002kjVaZDfs/s1600-h/Novena.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 265px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Sj4YxNgfJ5I/AAAAAAAABGI/002kjVaZDfs/s400/Novena.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5349740641081304978" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Sj4YsLPz-CI/AAAAAAAABGA/qPPgA853Td4/s1600-h/Decima.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 334px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Sj4YsLPz-CI/AAAAAAAABGA/qPPgA853Td4/s400/Decima.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5349740554575149090" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Plano 6: Pérdida&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Sj4Ynd7x3RI/AAAAAAAABF4/KuswMQ_72D0/s1600-h/Decimoprimera.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 299px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Sj4Ynd7x3RI/AAAAAAAABF4/KuswMQ_72D0/s400/Decimoprimera.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5349740473692052754" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Sj4Yizko4nI/AAAAAAAABFw/jmU2PutU-B8/s1600-h/Decimosegunda.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 329px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Sj4Yizko4nI/AAAAAAAABFw/jmU2PutU-B8/s400/Decimosegunda.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5349740393601229426" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(204, 0, 0); font-family: georgia;font-size:85%;" &gt;Nota: Mis amigos me regalaron un libro, &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Todo sobre mi Gloria&lt;/span&gt;, donde cada uno de ellos escribió una historia para mí. Les prometí dedicarles un cuento a cada uno. Este es el primero de ellos. Para Noelia, porque ella entenderá lo de los imanes y sabrá perdonar estas fotos (o a lo mejor se anima ella a mejorarlas). Y por seguir apareciendo por sorpresa en mi bandeja de entrada y hacerme reír.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-3004074102051877870?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/3004074102051877870/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=3004074102051877870' title='10 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/3004074102051877870'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/3004074102051877870'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2009/06/historia-de-amor-con-final-triste-en-6.html' title='Historia de amor con final triste en 6 planos'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Sj4ZetRZ1GI/AAAAAAAABHI/WFvyiwb-rJU/s72-c/Primera.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-8628389726576167798</id><published>2009-06-08T19:53:00.004+01:00</published><updated>2011-07-13T11:46:10.685+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='injusticia'/><title type='text'>Al otro lado del canal de la Mona</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SjalEKSB2PI/AAAAAAAABDY/hJP_uLIQR1Q/s1600-h/canalmona.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 213px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SjalEKSB2PI/AAAAAAAABDY/hJP_uLIQR1Q/s320/canalmona.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5347643098447075570" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:78%;"&gt;© &lt;a href="http://www.flickr.com/photos/eiriknewth/1293933471/"&gt;Eirik Newth&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;A &lt;/span&gt;&lt;a style="font-style: italic;" href="http://www2.centrotampa.com/ap-espanol/2008/dec/05/dominicana-rescatan-nufragos-que-sobrevivieron-21/?paises-dominicana-noticias"&gt;todos ellos&lt;/a&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Tenía los pies fríos y húmedos. Habían vivido la tarde como una enfermedad terminal, lenta y despiadada, en la que la esperanza de ver algún punto en el horizonte se había ido disipando a medida que el sol descendía y amenazaba con dejarlos desolados ante otra noche más, la número doce desde que salieran de La Romana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tres días atrás, Leonel había mirado sus pies descalzos, arrugados por la humedad y abrasados por el sol. Durante largo rato observó las uñas largas y reblandecidas. La del dedo medio todavía conservaba un resto de suciedad encallecida tocando la piel en la parte interna del centro de la uña. Se preguntó si encontraría en la yola algún objeto con que sacarse aquella mugre. Matías y Reynaldo yacían en silencio en proa, a menos de dos metros de él. Matías ocultaba los brazos dentro de la camiseta, las mangas cortas colgaban como pellejos secos del cuerpo apoyado en el borde del bote. Por debajo de la prenda le asomaba una mano con la que sujetaba en alto uno de los remos, procurándose una minúscula sombra para resguardar su cara cubierta de ampollas provocadas por el sol. Tenía las piernas estiradas una sobre la otra e iba alternando su posición a ratitos, protegiéndolas de la radiación solar bajo la línea de sombra que dibujaba el lateral de la pequeña embarcación de madera. Leonel revisó con cuidado el atuendo de Matías, en busca de alguna punta con la que pudiera sacar la roña de su dedo, que le oprimía ahora como un pequeño tumor en expansión. Llevaba puesta una camiseta y un pantalón corto sin botones ni cremalleras: no le servían. Reynaldo estaba tumbado boca abajo, con la cabeza ladeada y la cara oculta bajo la sombra que proyectaba el costado de Matías. Sus brazos descansaban a los lados de su cuerpo, sus manos en tensión estiraban los bordes de las mangas de su jersey para evitar ser tocadas por los rayos del sol. Leonel examinó el pantalón largo que cubría las piernas extendidas de Reynaldo hasta comprobar que también estaba desprovisto de remates con que limpiar su uña sucia.&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Revisó sin éxito la yola en busca de esquinas, pinchos o puntas. Trató de recordar qué había pasado con el pequeño motor que ya no estaba en su lugar, quizás lo hubieran tirado cuando se volvió inservible, no se acordaba. Debió inspeccionar la ropa de Pedro y Nelson antes de arrojarlos por la borda, quizás ellos llevaran alguna medalla o cremallera. Pero en aquel momento no lo pensó. No pensó en nada. Simplemente empujó los cuerpos con todas sus fuerzas hasta que cayeron como plomo en medio del mar, mientras él se moría de fiebre y de sed, sin reparar en la mugre que, ahora estaba seguro, ya llevaba incrustada en su uña.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tres días habían pasado desde que se descubrió esa suciedad y no había podido dejar de pensar en ella. A ratos se quedaba dormido sin fuerzas y, al despertar, volvía a sentirla apretada contra su uña blanda y ya no le era posible librarse del problema que lo torturaba. Cuando se quedaba traspuesto por el cansancio, el hambre y la sed, lo asaltaban pesadillas en las que la mugre se incrustaba en su piel y crecía hacia adentro, formando un cáncer que se le extendía por el dedo, cubriéndole el pie, avanzando por la pierna hasta llenar por completo su cuerpo de suciedad encallecida. Entonces despertaba sobresaltado, volvía a mirar la uña y, por un instante, descansaba al comprobar que la inmundicia seguía sin expandirse, justo donde se unía la piel con la uña.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La noche anterior, antes de volverse loco, había preguntado a Matías y Reynaldo cómo podía limpiarse la porquería del dedo. No vio cómo lo miraban, pero al cabo de unos segundos sin respuesta advirtió la compasión con que se atiende a los viejos o a los locos, cuando Reynaldo le susurró como si le hablara a un niño: “Meta el pie en el agua, viejo, y se deshará”. Leonel no insistió, pero esperó con rencor la respuesta de Matías, rumiando en silencio un desprecio creciente hacia sus compañeros, ignorantes de que la única posibilidad para salir de allí era sacar la maldita inmundicia de su uña. Una vez liberado de aquella tortura, podría dedicarse a pensar en la forma de sobrevivir. Matías nunca contestó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Leonel seguía mirando sus pies, tres días después de descubrirse la suciedad en la uña, cuando el sol se ocultó tras unas nubes densas dibujadas en el horizonte, dando paso a la duodécima noche desde que vieran tierra por última vez. Notó cómo lo rendía el sueño mientras escuchaba delirar a Matías, que parecía haber dejado de luchar por mantenerse en equilibrio y se golpeaba la cabeza contra el borde de la barca al ritmo con el que las olas la agitaban. Empezó a sentir como si su cuerpo fuera perdiendo peso, haciéndose cada vez más liviano, a punto de echar a volar de un momento a otro como una cometa, bamboleado por el viento y sujeto únicamente por un lastre adherido al dedo central de su pie que lo mantenía aferrado al suelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo despertó el estruendo de una sirena. Lenonel no podía moverse ni abrir los párpados, como si estuvieran embadurnados de una cola viscosa a través de la cual se traslucía una luz insoportable que lo deslumbraba. Sintió unos brazos levantándolo por debajo de los suyos y el olor intenso a pescado y sudor añejos del cuerpo del que procedían. Otro par de brazos lo sujetó por los tobillos elevándolo con dificultad, tambaleándose por el vaivén de la frágil superficie de la yola. Leonel quería hablar pero no encontró la voz. Trataba de entender pero una bola de mugre en el dedo de su pie le impedía pensar con claridad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Están muertos? – oyó que alguien preguntaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pensó que quizás sí, que quizás había muerto y estaba padeciendo en el infierno una tortura que le oprimiría eternamente una uña de su pie. Una pesadilla infinita por haberse ido de Villa Riva sin despedirse de la vieja, después de haberle robado los ciento sesenta dólares que guardaba para la boda de Ilda, completando así los mil que le había cobrado el patrón por embarcarlo en la yola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Puede que aquel fuese el sufrimiento continuo que se había ganado por quedarse inmóvil cuando el patrón se tiró al mar con el único chaleco salvavidas que llevaban en la embarcación, en una de las embestidas de las olas que avanzaron como tanques poco después de perder de vista la isla, cuando se desató la tormenta. El padecimiento perpetuo que merecía por agarrarse al borde de la balsa temblando de miedo mientras escuchaba a Nelson gritar “De aquí no salimos, viejo”. Por mirar con extrañeza el cuerpo sin vida de Pedro, con sus quince años y aquel extravagante pelo rubio con que salió teñido de su último bochinche, y después tirarlo al mar pensando que el chico ni siquiera había caído en la cuenta de que nunca contaría aquella aventura a sus amigos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí, quizás estaba muerto y jamás se libraría del peso que aprisionaba el dedo de su pie, como jamás se salvaría del castigo por haber querido ser más de lo que era en un paraíso donde soñaba con hacerse rico al otro lado del canal de la Mona.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de perder el conocimiento oyó la voz de ultratumba de Reynaldo, que en un esfuerzo sobrehumano susurró: “Se murió Matías, viejo, se murió Matías”.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-8628389726576167798?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/8628389726576167798/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=8628389726576167798' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/8628389726576167798'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/8628389726576167798'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2009/06/al-otro-lado-del-canal-de-la-mona.html' title='Al otro lado del canal de la Mona'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SjalEKSB2PI/AAAAAAAABDY/hJP_uLIQR1Q/s72-c/canalmona.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-4769191144489171132</id><published>2009-06-06T19:17:00.004+01:00</published><updated>2009-07-02T09:04:50.533+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='microrrelato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='amor'/><title type='text'>Cortometraje en 6 palabras</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Siq0GOv2bRI/AAAAAAAABDQ/dDmAYoD5Qv0/s1600-h/adolescente.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 216px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Siq0GOv2bRI/AAAAAAAABDQ/dDmAYoD5Qv0/s320/adolescente.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5344281926959525138" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;© &lt;a href="http://www.morguefile.com/archive/display/192076"&gt;taliesin&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Su primer &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;amor&lt;/span&gt; fue una profesora de &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Literatura&lt;/span&gt;. Platónico, claro: A sus trece años sólo había conocido el &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;sexo&lt;/span&gt; a través del &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;cine&lt;/span&gt;. Y en aquel &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;viaje &lt;/span&gt;de fin de estudios, cuando la vio salir de su habitación abrazada al de Física, sufrió por primera vez en su &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;vida &lt;/span&gt;el desaliento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Nota: Este microrrelato responde al reto que me lanzó &lt;/span&gt;&lt;a style="font-style: italic;" href="http://chusdbs.blogspot.com/2009/05/cortometraje.html"&gt;Chus&lt;/a&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt; en su blog. Gracias, Chus, por el impulso.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-4769191144489171132?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/4769191144489171132/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=4769191144489171132' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/4769191144489171132'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/4769191144489171132'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2009/06/cortometraje-en-6-palabras.html' title='Cortometraje en 6 palabras'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Siq0GOv2bRI/AAAAAAAABDQ/dDmAYoD5Qv0/s72-c/adolescente.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-4099934590531617593</id><published>2009-02-01T07:54:00.002Z</published><updated>2011-07-13T11:46:46.248+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='personajes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='amor'/><title type='text'>Galbón</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SYVeLP3JfMI/AAAAAAAAAPo/ILYnJRxOHO8/s1600-h/galbon.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 234px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SYVeLP3JfMI/AAAAAAAAAPo/ILYnJRxOHO8/s320/galbon.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5297744084000668866" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;© &lt;a href="http://www.flickr.com/photos/tillwe/2195086007/"&gt;tillwe&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style=";font-family:georgia;font-size:100%;"  &gt;&lt;br /&gt;El autobús arrancó y expulsó una humareda negra de petróleo puro que se quedó flotando en el aire como un globo fláccido de helio debilitado después de una noche de fiesta. La nube negra se retorcía sobre sí misma y avanzaba con lentitud impulsada por la lánguida fuerza de la inercia que ejercía sobre ella el movimiento parsimonioso del vehículo, que empezó a desplazarse haciendo crujir sus ruedas agrietadas como de corcho reseco. Hipnotizada por su lenta rotación, fui engullida por la galaxia de hollín y CO2 y allí, envuelta en aquel aura contaminada, lejos todavía de sentir tu ausencia asfixiante, te dije adiós, ignorante de todo lo que de mí se iba contigo en aquel autobús.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegamos a Las Jaras avisados de que era el lugar más inerte de la Tierra. Nos lo advirtió Rafael Lepanto en aquella farmacia apolillada de Contradios, donde malvivía después de que el pueblo se hubiera quedado vacío, rodeado de cajas de medicamentos que olían a orín y a humedad y acumulaban tanto polvo como años. A la vuelta de Contradios, recuerdo que comentamos el sinsentido con el que Lepanto abría y cerraba la farmacia a la hora en punto cada día. Hacía años que nadie entraba en el establecimiento. Pero era imposible que entonces entendiéramos que esa era la forma que tenía el profesor de seguir huyendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- El Galbón no es más que una enfermedad, métanselo en la cabeza, olvídenlo ahora que pueden.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero ya no podíamos. El Galbón nos llenó de convicción y de fuerza para defender nuestro proyecto ante el tribunal que nos concedió una beca de tres años y, después, para convencer al doctor Segovia de que nuestro tema de investigación era tan válido como cualquiera de los que en el Departamento de Química Inorgánica nos pudieran proponer. Recuerdo ahora aquellos días, desde que encontraste los documentos que Lepanto había enviado hacía años a la Universidad y a los que nadie había dado credibilidad y te plantaste en mi mesa con esos ojos que ponías cuando tenías una idea loca, esa mirada que siempre me arrastraba hacia el punto en el que tú estabas, que siempre conseguía de mí lo que tú querías, como cuando me dijiste en el bar de la Facultad que, aunque no me lo creyera, yo terminaría saliendo contigo.&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No, no me lo creí, pero al cabo de unos meses ya estábamos viviendo juntos y, poco después, estaba más convencida que tú de que seríamos capaces de clasificar el Galbón. Recuerdo ahora aquellos días y te maldigo por haberme contagiado esa fiebre y haberme dejado, dos años después, mirando cómo abandonabas nuestro sueño y huías de Las Jaras subido en un autobús inmundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al cabo de tres meses de la visita a Lepanto nos fuimos a Las Jaras espoleados por aquel entusiasmo inútil de niños en busca del tesoro, sin querernos creer que no era más que un síntoma de que estábamos contagiados, como los toxicómanos, en sus primeros escarceos con la droga, jamás piensan que acabarán con la dentadura ennegrecida y pinchándose en un vertedero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las Jaras no nos resultó tan deprimente al principio. Sus pocas calles desiertas de casas encaladas nos parecieron pintorescas y el horizonte llano, desértico, infinito, como debieron de pensarse en la Edad Media que sería el fin del mundo, nos daba la sensación de estar en un lugar inexplorado lleno de magia, donde soñábamos que nos estaba esperando el éxito enterrado en sus tierras estériles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es que Las Jaras estuviera deshabitado, había gente, aunque era difícil de ver, porque vivían atrincherados en sus casas como si se tratara de refugios nucleares para guarecerse de los tres enemigos del pueblo: la luz, el calor y la calma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Las Jaras se vive el amanecer como si fuera el principio de una enfermedad grave, con una mezcla de rechazo, resignación y terror que te atenaza dejándote sin fuerzas para afrontar el día. Un rumor de persianas que se cierran recorre las calles como un lamento resentido y los temerarios a los que la mañana ha pillado fuera de sus casas corren a ponerse a salvo del fulgor criminal que campa por el pueblo a sus anchas, sin obstáculo alguno, como un hacendado cruel se pasea orgulloso por entre las casuchas donde malviven los jornaleros de su propiedad, haciéndose ver y oír, demostrando quién es el que manda. Todos los días se libra una batalla en Las Jaras contra la luz, una lucha inútil en la que uno se sabe perdedor desde el principio, de la que sólo espera salir lo menos malogrado posible. La mayor parte del día es una claridad sin contrastes, que tiñe la llanura de una incandescencia tan densa como la oscuridad total, ausente de matices y de formas, que obliga tragarse su propia sombra a los pocos elementos que sobresalen del plano de la llanura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nosotros combatíamos esa luz igual que el resto de la gente del pueblo, pero traíamos el ánimo lleno de colores y nos parecía verlos relucir acompañándonos en nuestra búsqueda, con el documento de Lepanto sirviéndonos de escudo y de biblia, la guía que nos descubrió el Galbón, el elemento químico que el profesor creía haber encontrado en la planicie, pero que nunca llegó a aislar ni a clasificar, del que sólo había anticipado su número atómico: 121. Sí, al principio incluso celebrábamos una luz tan pura, sin darnos cuenta de que, al amanecer, cerrábamos las persianas tan horrorizados como los otros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si la luz determinaba la vida en Las Jaras, el calor la exterminaba. Porque, al contrario que la luz, que por la noche nos brindaba un descanso, el calor no daba tregua a los cuerpos resecos ni ofrecía esperanza alguna de poder combatirlo. Era un calor perenne que parecía proceder de dentro de uno. La única forma de no sentir que las manos estaban calientes era pensar en lo calientes que estaban los pies o cualquier otra parte del cuerpo. Respirábamos ese fuego abrasador día y noche, estaba en las paredes de las casas, en los sacos de legumbres almacenados en las despensas, en los chorreones de grasa de los embutidos colgados en las ardientes cámaras de las casas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Las Jaras teníamos agua corriente traida hacía años de más allá de Contradios. A base de duchas tratábamos de defendernos del ambiente abrasador, pero uno se secaba casi de forma instantánea al cerrar el grifo e iba notando cómo se encogía la piel, como si las células se abrazaran sobre sí mismas para protegerse del calor, formando pequeñas escamas desecadas que resistían a las cremas y aceites con los que tratábamos de atajar la sequía que azotaba nuestro cuerpo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entender cómo había llegado a Las Jaras potencia suficiente de electricidad como para alimentar el rudimentario aparato de aire acondicionado instalado en nuestro improvisado laboratorio, era un misterio para nosotros que, por otro lado, tampoco tratamos de desentrañar. Al principio no nos pareció un privilegio, sino una herramienta esencial para llevar a cabo nuestras investigaciones, por lo que nos pareció natural que el aparato fuera subvencionado como parte de la aportación que recibíamos de nuestra beca. Al cabo de los días nos dimos cuenta de que éramos poseedores de un bien insólito en el lugar. Nadie más en Las Jaras tenía aire acondicionado. Quizás por eso, la gente nos miraba como si fuéramos seres de otro planeta, o esa era nuestra sensación, por lo que nunca conseguimos relacionarnos con ellos más allá de lo necesario. Ahora puedo decir que ese diabólico aparato fue el catalizador perfecto para desencadenar el avance de nuestra locura. Gracias a él no nos derrumbamos a los pocos días de nuestra llegada, lo que hizo que, al poco tiempo, ya estuviéramos tan afectados por la fiebre del Galbón que era imposible una deserción pacífica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de los primeros días, nos dimos cuenta de que era una insensatez pasarnos la mañana recogiendo muestras de materiales en las zonas donde el documento de Lepanto situaba el Galbón. Por eso, empezamos a levantarnos de noche para estar de vuelta antes del amanecer con las mochilas cargadas de minerales, líquenes y polvo de rocas. Entonces nos encerrábamos en el laboratorio durante todo el día, preparando reacciones y tomando notas de unos resultados tan estériles como la tierra donde habíamos ido a parar. Sin embargo, aunque el estado de nuestra investigación nos deprimiese, después de cada frustración, de cada espectro inútil en el que sólo aparecían los elementos de siempre o, quizás, alguno raro pero conocido por cualquier químico del mundo, enseguida surgía la euforia. “Seguro que mañana lo encontramos”, o, como decía Edison cuando su experimento fallaba, “ya hemos aprendido dónde o cómo no se encuentra el Galbón y eso nos acerca más a él”. Así, día tras día, seguíamos inmersos en aquel sueño, encerrados en el laboratorio donde nos resguardábamos del calor y de la luz de Las Jaras, mientras pasaban los días, las semanas, los meses abrasadores, en los que, poco a poco, empezamos a trasladar casi toda nuestra vida entre aquellas cuatro paredes que contaban con el privilegio del aire acondicionado, hasta terminar instalando dos catres donde, ahora no recuerdo cuánto tiempo después, empezamos también a dormir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ni todos los fracasos a los que nos llevó la búsqueda del Galbón, ni la luz perturbadora de Las Jaras ni el calor omnipresente, provocaron una sola de las palabras de angustia que nos convirtieron en seres lúgubres y resentidos. De lo que tú te quejabas, lo que nos aplastaba y deformaba nuestras personalidades, era la calma, ese abandono en el que Las Jaras estaba inmerso, en el que la única expectación era poder ver pasar una bandada de pájaros o si habría llegado alguna carta de la Universidad. Nunca llegó ninguna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que en un principio confundimos con tranquilidad, al cabo de los días se convirtió en un instrumento de tortura, que nos dejó sin conversaciones, sin ánimo, presas del aburrimiento y la dejadez, obligados a repetir cada día las mismas palabras, las mismas acciones, comer la misma comida, ver al mismo vecino a las ocho de la mañana que volvía de quién sabe dónde y se encerraba en su casa, decir “buenos días, ¿qué tal?” cuando íbamos a la tienda a comprar algo de comer, y escuchar “como siempre” por respuesta día tras día, dejando claro que ahí se había acabado la conversación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No era solo que en Las Jaras no hubiera nada que hacer, es que literalmente no se movía una mosca. Jamás corría el aire, la quietud era aterradora, nunca vimos agitarse una cortina por la brisa. Cuando se formaba una nube en el horizonte, se quedaba allí durante días con la misma forma hasta difuminarse con tanta lentitud que el cambio era inapreciable. Si preguntábamos a la tendera de dónde venían los alimentos, tardaba mil años en respondernos siempre lo mismo: “los trae el camión”. Pero nunca vimos al camión. Incluso el autobús que venía vacío cada miércoles y se quedaba parado durante quince minutos en la plaza, se volvía a ir sin nadie por la única carretera desolada que llevaba a Contradios, siempre con el mismo conductor cetrino que aprovechaba ese rato para fumar un cigarro, cuyo humo subía en línea recta hacia el cielo, perdiéndose como si se hubiera abierto un agujero invisible en la atmósfera justo en el lugar por donde se colaba para desaparecer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue la sucesión de minutos idénticos lo que pudo contigo, después de plantarles batalla a base de intentar cambiar la rutina, intentando sin éxito sacar conversación a los habitantes de Las Jaras, levantarnos a otra hora, ir a ver al autobús, fingir que éramos desconocidos que acabábamos de encontrarnos, inventar recetas nuevas con los pocos productos que podíamos comprar, escribir o leer. Al final, incluso los libros nos parecían idénticos y sólo conseguían recordarnos lo carentes de acontecimientos que estábamos. Sólo mantenía nuestra esperanza la posibilidad de encontrar el Galbón y esa circunstancia confirió al elemento un poder absoluto sobre nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquel martes, cuando volví al laboratorio con la compra de cada día, te encontré sentado en tu catre, como si hubieras estado esperando mi llegada para decirme:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Se me ha roto un matraz y me he cortado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me acerqué a ver la herida y traté de quitarle importancia. Era un pequeño corte en el dedo índice sin ninguna gravedad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Me ha salido sangre -dijiste, mirándome con un sucedáneo de aquella mirada que yo había olvidado, la que conseguía todo lo que se proponía, mucho más melancólica y desvalida que cuando te conocí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te dije que no te preocuparas, que no era nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Me ha salido sangre y he recordado que estoy vivo- insististe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te entendí, pero no quería entenderte. Al día siguiente cogiste el autobús.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Continué en Las Jaras durante unos meses más. Ya no quedaba rastro de nosotros, así que no traté de mantener el contacto contigo. Repetí con exactitud las mismas acciones que cuando tú estabas. Antes del amanecer me iba a recoger materiales, después me pasaba el día en el laboratorio poniendo reacciones y observando los resultados. Ya no trataba de hablar con la tendera, ni me planteaba si irme a dormir a casa o no. No sé por qué seguí allí, quizás porque el Galbón era todo lo que me quedaba de nosotros y de nuestro sueño; en realidad era todo lo que quedaba de mí además de tu ausencia, que yo sentía como la máquina que mantiene con vida a una persona en estado vegetativo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Varias semanas antes de que terminara el plazo de nuestra beca, conseguí aislar un material que nunca antes había observado en el espectroscopio, aparentemente su número atómico era 121. Como si hubiera presenciado la exhumación de los restos de un familiar perdido hacía años, lloré toda la emoción contenida sin preocuparme de si el elemento era estable o, por el contrario, podría evaporarse dejándome con las manos vacías y sin pruebas de lo que acababa de observar. Lloré al darme cuenta de que el único acontecimiento que valía la pena recordar de aquellos años era tu huida en el autobús de los miércoles. No traté de repetir el experimento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todavía tuve que esperar dos días para irme de Las Jaras. En ese tiempo, puse en orden los documentos donde reflejábamos todos los progresos que habíamos hecho en nuestra investigación, hasta llegar al espectro del elemento, y los metí en varias cajas que fueron mi único equipaje el día que me fui de aquel lugar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace dos años que trabajo en el equipo del doctor Segovia. Cuando volví, le pregunté si volvió a verte. Sólo sabía de ti que renunciaste a tu beca y nunca más apareciste por el Departamento. En este tiempo, hemos conseguido aislar el elemento dos veces, pero ambas se ha volatilizado, aunque hemos publicado varios artículos sobre el tema y varias Universidades del mundo están colaborando con nosotros en la búsqueda del Galbón, que resulta que ahora se llama Undictronio (por lo visto Galbón es otra sustancia). A pesar de que retomé la actividad, sigo padeciendo la calma que arruinó nuestras vidas. Incluso hay días en que me descubro huyendo del sol de la mañana y del calor inexistente. Y cuando me preguntan “¿qué tal?” yo sólo puedo responder “como siempre”, envuelta todavía en la nube negra y estática de petróleo puro desde la que te dije adiós. Todavía no he tenido la suerte de cortarme con el cristal de un matraz.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-4099934590531617593?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/4099934590531617593/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=4099934590531617593' title='15 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/4099934590531617593'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/4099934590531617593'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2009/02/galbon.html' title='Galbón'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SYVeLP3JfMI/AAAAAAAAAPo/ILYnJRxOHO8/s72-c/galbon.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>15</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-5241659424486035121</id><published>2008-12-10T08:31:00.010Z</published><updated>2011-07-13T11:48:06.755+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='familia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='amor'/><title type='text'>Así de sencillo</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SUU7FEGhRXI/AAAAAAAAAOE/uWiPfe7jIPU/s1600-h/tulipanes3.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 200px; height: 306px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SUU7FEGhRXI/AAAAAAAAAOE/uWiPfe7jIPU/s320/tulipanes3.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5279691096348247410" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;© &lt;a href="http://www.flickr.com/photos/dsevilla/117734288/"&gt;dsevilla&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Ya no te quiero. Lo he sabido hoy.  Estaba comprando flores en el kiosco de Marcial. He dudado unos diez minutos,  mientras él preparaba un ramo para una chica, entre los tulipanes naranjas o los  liliums blancos. Ha sido uno de esos momentos en los que el tiempo pasa y me  pongo nerviosa, porque sé que pronto tendré que tomar una decisión: tulipanes o  liliums. Marcial me hubiera ayudado a elegir. Siempre lo hace. Pero no quería  entretenerlo, había cola. Y durante ese tiempo me he mantenido inquieta por mi  indecisión. ¿Tulipanes o liliums? Los tulipanes son más baratos y más alegres.  Los liliums más caros pero también más elegantes. Marcial estaba acabando el  ramo para la chica. Me ha mirado y he dicho: “Unos tulipanes”. En ese mismo  momento he tenido como una revelación, una especie de evidencia que ha venido,  no sé de dónde, y se ha instalado en algún sitio, quizás en mi corazón, aunque  sea cursi decir algo así. Pero ha llegado y se ha quedado conmigo. No ha sido  ninguna falsa alarma. Ni como cuando me repetía a mí misma, tratando de  convencerme: “No puedo quererlo, tengo que olvidarlo después de todo lo que ha  pasado”. Ha sido un sentimiento independiente del rencor, de la angustia o de la  desazón con los que he vivido estos dos últimos años. Estaba ahí, claro como el  día soleado de otoño que hacía hoy, sin explicación y sin dudas, así de  sencillo. Eso es lo que hay: ya no te quiero.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt; &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Marcial me ha preguntado si me  preparaba las flores, porque ya sabes que casi siempre prefiero hacerlo yo. No  me gustan los ramos preparados, son como de cartón piedra, como esos peinados  llenos de laca, recién salidos de la peluquería. Prefiero llevarme las flores y  ponerlas yo a mi aire en un florero. Dirás que menuda tontería, que al final es  lo mismo que si lo hubiera hecho el floristero, que al fin y al cabo es un  profesional. Pero no es lo mismo. Nunca has entendido este tipo de cosas. Hay un  abismo entre un ramo preparado y poner tú mismo las flores en un jarrón. La  diferencia es tan grande como la que hay entre un sábado por la mañana, en el  que sabes que toca hacer el amor, y un miércoles por la tarde, en el que te  sorprende un beso apasionado fuera de horario. Pero tú no lo  entenderías.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Sí – le he dicho a Marcial -.  Prepáramelo, por favor.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Y se lo he dicho sólo porque  necesitaba esos minutos para comprobar que la evidencia seguía ahí. Te he  recordado sentado en el sillón verde, leyendo el periódico mientras yo terminaba  de vestir a Dani y arreglarme para ir a comer a la playa. Uno de esos fines de  semana que tú odiabas (pero esto lo supe luego) y que a mí me encantaban porque  habíamos hecho un plan para estar juntos los cuatro. Tú y yo con Dani y Mar. Yo  sabía que te daba un poco de pereza, pero siempre había pensado que después  agradecías haber estado un rato con tus hijos. Y, fíjate qué tontería, me sentía  responsable de hacer que encontraras esos huecos para pasar tiempo con  ellos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Marcial estaba montando el ramo. Por  un momento he pensado que estaba inquieto él también. No es común que le deje  prepararme unas flores. Me conoce. Por eso, me iba preguntando si le ponía unas  ramas de gipsophilia o lo adornaba con unos helechos. Mientras tanto, yo  examinaba esa sensación, ese vacío que acababa de experimentar, recordándote  sentado en el sillón verde, mientras leías el periódico. Mirándote en la  distancia como si te hubieras convertido en otra persona, alguien muy lejano que  me traía imágenes en blanco y negro, de otro mundo, de otra  vida.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;He llegado a casa, he tirado las  gipsophilia y los helechos y he puesto los tulipanes en ese jarrón de cristal  verde que nos regaló tu hermana y que te dejaste en casa cuando viniste a  recoger tus cosas, dos meses después de que me dijeras tú a mí: “ya no te  quiero”. Me he sentado en el sillón verde y me he puesto a llorar. Ni siquiera  estaba triste. Pero no siempre hay que estar triste para llorar. Creo que ha  sido por ese vacío repentino. ¿Qué voy a hacer ahora que no te quiero? Entonces  ha sonado el teléfono.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Hola, Clara, soy Pedro –he dicho con voz temblorosa. Estaba nervioso.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Hola –has respondido  tranquila.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- He pensado en ir a  recoger a los niños para llevarlos al cine hoy, si no tenéis pensado hacer otra  cosa -. No sé cómo me ha salido la voz, quizás porque esa ha sido la única frase  que me he preparado antes de llamar. Me he preguntado si habría sonado como un  autómata.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Ah, sí, me parece bien.  Creo que se pondrán contentos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;He tenido miedo al oirte. Estabas  tan tranquila, como si hablaras con un hermano. He pensado mil formas de alargar  la conversación mientras llamabas a Dani para que se pusiera al teléfono. Yo  sólo quería hablar contigo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Hola,  papá.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Dani, hijo, ¿quieres  que vayamos al cine juntos hoy?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- ¡Sí! Vamos a ver  Madagascar, ¿vale? –la voz de nuestro hijo casi me hace llorar. Esa alegría  ajena a todo lo que estaba pasando.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Bueno, a ver si a Mar le parece bien esa película...&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Jo, seguro que no –ha  contestado Dani–. ¡Mar! –ha gritado a continuación-, que dice papá que si  vamos al cine a ver Madagascar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Me ha hecho sonreir. Es listo  nuestro hijo. He quedado con ellos para recogerlos a la una, comer en el Burguer  King e ir al cine. Después de hablar con Mar le he pedido que te pasara el  teléfono.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Dime.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Nada, que iré a  recogerlos a la una, si te parece bien.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Sí,  vale.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- ¿No habrías pensado  hacer algo con ellos?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- No, tranquilo, estarán  contentos de pasar el día contigo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Si quieres puedes venir  con nosotros –te he soltado de sopetón, casi sin darme tiempo a mí mismo para  pensar lo que decía.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- No, tengo cosas que  hacer, gracias –has respondido serena, sin dudar, sin enfadarte, sin decirme  que mantuviera las distancias. Y de pronto me ha entrado un frío atroz, como si  me hubiera despertado solo esperando encontrarte al otro lado de la  cama.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Bueno, pues estaré allí  a la una.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;br /&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Lo primero que he pensado cuando has  colgado el teléfono es que por suerte he podido secarme las lágrimas antes de  que vinieran los niños. Creo que no se han dado cuenta de que he llorado. Después, he examinado esa sensación de lejanía mientras hablaba contigo. No, ya  no eres el hombre al que quise. El que me llamaba desde la Facultad al Estudio  para decirme que me escapara una hora porque no podía estar ni un minuto más sin verme. Ni el que apareció por sorpresa en casa de mis tíos en la sierra aquella  Semana Santa, ni el que se levantaba de madrugada a preparar el biberón de Mar,  mientras yo dormía, y después dormía cuando me levantaba yo a preparárselo a  Dani. No eras el que cambiaba de canal y respondía “ya veremos” cuando yo  proponía hacer algo el fin de semana, como queriendo aplazar esa decisión, lo  que, aprendí después, significaba “no me apetece”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Te rogué que me quisieras. “Quiéreme, quiéreme”, te decía. Y tú me respondías: “Pero si ya te quiero”. Y yo lo que quería decirte es que no soportaba verte todo el día enfadada, nerviosa, gritando a los niños que por qué no habían hecho los deberes o por qué se habían dejado en el colegio el libro de Matemáticas. Yo pensaba que, si me querías, si nos querías, se acabaría el malestar, te vería sonriente por la mañana, como los años que pasamos antes de que naciera Mar, en los que preparábamos el desayuno entre besos y llegábamos tarde los dos al trabajo. Y las pocas veces en que hablamos de cómo habíamos cambiado te llenabas de razones irrebatibles: que teníamos que educar a nuestros hijos, que su futuro  era nuestra responsabilidad, que debíamos estar con ellos porque, si no lo  hacíamos, nos arrepentiríamos. Llevabas razón. Pero con esa razón en la mano  estabas en la otra punta del mundo, lejos de mí. Por eso no entendí tu sorpresa  cuando te dije que ya no te quería, porque estaba seguro de que tú sentías lo  mismo desde hacía mil años.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Me acuerdo muy bien de aquel  momento. Tú estabas abriendo una botella de vino. Nunca bebías, pero aquella  noche te dio por abrir una. Estabas desenroscando el tapón del sacacorchos y yo  oí mis palabras como si estuviera en una catedral, resonando en toda la casa: “ya no te quiero”. El corcho cayó a tus pies y vi cómo rodaba por el suelo de la  cocina hasta desaparecer debajo del fregadero, mientras me preguntaba qué más  podía decir. Dejaste el vino sobre la encimera, despacio, apoyándote en él como  si estuvieras colgando de un precipicio y no tuvieras otro lugar donde  agarrarte. Vi cómo salías en silencio de la cocina, con aquel albornoz blanco  que te encantaba, no sé si lo seguirás teniendo. Y yo me quedé allí, pelando  patatas, como si no hubiera pasado nada, pensando qué debía hacer a  continuación.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- ¿Desde cuándo? –te pregunto, mientras recuerdo aquel día en que me hiciste esa misma pregunta, cuando después de poner las patatas a cocer fui al dormitorio y te encontré sentada sobre la cama, con el albornoz blanco y la cara entre las manos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- No sé, Pedro, supongo que ha sido  poco a poco – respondes mirándome a los ojos. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;He traído a los niños del cine y te  he encontrado sentada en el sillón verde, leyendo. Mar y Dani han ido a ponerse el pijama. Me he sentado en el sofá y te he dicho que te hemos echado de menos. Me has mirado y has disparado: “Ya no te quiero”. Y por la forma de decirlo, por  esa tranquilidad y ese abismo instalado entre nosotros, sé que es verdad. Ya no me quieres. Estás a millones de kilómetros de mí. Yo sólo quería abrazarte. Nada más, sólo quería abrazarte y rogarte que me quisieras, que por favor volvieras a quererme; pero te he hecho esa estúpida pregunta. ¿Qué más da desde  cuándo?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Yo siempre te querré –te digo. Y  me siento estúpido. Por dios, ¿dónde está ahora todo ese discurso que traía  preparado para explicarte que eres lo que más me importa del mundo?, ¿cómo se me  ocurre resumirlo con esa odiosa frase, “yo siempre te querré”, manoseada hasta  el infinito? Yo sólo quiero abrazarte.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- No pensaba decírtelo, pero creo  que así estaremos más tranquilos y podremos tener una relación civilizada –contestas, como si no hubieras oído lo que te digo. Quizás no lo hayas  escuchado, quizás yo no lo haya pronunciado. Dios, es como si me hablaras desde  Nueva Zelanda vestida de aborígen. Ya no eres la misma.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Ya no soy la misma. Lo he visto al  instante. Mi vida ha cambiado esta mañana en el kiosco de flores, mientras elegía entre tulipanes o liliums. Y lo he comprobado cuando he podido mirarte a los ojos mientras te decía que ya no te quería, quizás para confirmármelo a mí misma. Me ha extrañado tu serenidad, afirmando que siempre me querrías como si le estuvieras hablando a un cliente desde detrás de la mesa de tu despacho. Quédese tranquilo, déjelo en mis manos. Así es como me ha sonado. Por primera  vez le he hablado al hombre al que ya no quiero, a ese que no puedo explicarme de dónde salió, ni cuando; pero que ahí estaba, incómodo por la situación, intentando mantener el tipo mientras oía mis últimas palabras de amor, buscando la frase adecuada para hacer que la conversación suene civilizada y despojada de pasiones. Al fin ha sucedido, ya no hay rencor, ni culpa ni desazón. Ya no hay nada. Sólo vacío.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“¿Qué voy a hacer yo ahora con este  vacío?”, he pensado mientras nos despedíamos civilizadamente en la puerta, sin  rastro de emoción. He visto a los niños al fondo del pasillo, peleándose por  usar el ordenador, y he sentido unas ganas tremendas de abrazarte por última  vez.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-5241659424486035121?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/5241659424486035121/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=5241659424486035121' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/5241659424486035121'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/5241659424486035121'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2008/12/as-de-sencillo_10.html' title='Así de sencillo'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SUU7FEGhRXI/AAAAAAAAAOE/uWiPfe7jIPU/s72-c/tulipanes3.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-2141217614413212414</id><published>2008-11-30T18:37:00.008Z</published><updated>2009-07-02T09:02:56.130+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='juego'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='1 año en 1 post'/><title type='text'>2008, yes we can</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/STLeWhkzZNI/AAAAAAAAAN8/LHikSvPByBM/s1600-h/1anyo1post.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 163px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/STLeWhkzZNI/AAAAAAAAAN8/LHikSvPByBM/s320/1anyo1post.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5274522592155493586" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=";font-family:georgia;font-size:78%;"  &gt;© &lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:georgia;font-size:78%;"  &gt;Gloria&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Este 2008 recorrí los cinco continentes en una sola tarde. Estaban todos en un barrio de Badalona. Uno de esos en los que la abstención es superior a la media, en los que la mayoría de los vecinos no piensan quién les gobierna, sino quién puede echarlos del trabajo o del país. Un barrio que ha crecido a ritmo de asentamiento, como ese pueblo malagueño llamado Almargen por el que pasábamos cuando íbamos a Ronda para ver a mi abuela y que mi madre siempre decía que se llamaba así porque se había formado “al margen de la ley”. Todavía no sé si era una broma o lo decía de verdad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El caso es que, en mi viaje, conocí a tres niñas cuya edad no superaba los seis años, cada una de un continente. Todas se pusieron mis gafas, miraron mi cámara de fotos y, durante la merienda, contaron hasta veinte en inglés, saltándose el once y el dieciséis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También conocí a un voluntario maestro jubilado, cuya mayor aspiración era enseñar a leer a sus niños en las clases de refuerzo, porque en el cole ya los daban por perdidos. Y a cinco educadoras, que se dejan la piel en esa coeducación de la que se habla desde los micrófonos de los mítines, pero a la que tan poco caso hacen en los despachos desde donde se tienen que asignar las subvenciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y a una directora, que sonreía mirando al infinito mientras yo le aconsejaba que fueran a las instituciones públicas a pedir espacios para que los niños del barrio puedan jugar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ese viaje, gracias a esa directora, al maestro jubilado y, sobre todo, gracias a la niña que se llamaba a sí misma María Antonieta mientras el resto de niños la acusaban de embustera, me dí cuenta de que existen lugares en los que la ilusión y la esperanza de un futuro mejor valen más que el petróleo, que si hubiera una bolsa en la que cotizaran estos valores, la crisis sería literatura de ficción y que, a pesar de todo, compartir con ellos mi viaje, me hace comprobar la fuerza de la expresión de moda del año: &lt;span style="font-style: italic;"&gt;yes, we can&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(255, 102, 0);"&gt;Nota&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 102, 0);"&gt;: Este post está escrito para el concurso de &lt;/span&gt;&lt;a style="color: rgb(255, 102, 0); font-family: georgia;" href="http://www.atrapalo.com/promo/1year1post/info"&gt;1 año en 1 post&lt;/a&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 102, 0);"&gt; de Atrápalo. Aunque no puedo participar, me gustaría que lo votaras si te gusta. Gracias.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="position: relative;"&gt;&lt;br /&gt;      &lt;img src="http://www.atrapalo.com/images_new/mkt/microsite/promo/1any1post/boton_votar.gif" usemap="#Map" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;      &lt;img src="http://www.atrapalo.com/promo/1year1post/votaciones/330" style="position: absolute; left: 140px; bottom: 5px;" /&gt;&lt;br /&gt;      &lt;map name="Map" id="Map"&gt;&lt;br /&gt;         &lt;area shape="rect" coords="5,3,309,45" href="http://www.atrapalo.com/promo/1year1post/" alt="un año un post" title="un año un post"&gt;&lt;br /&gt;         &lt;area shape="rect" coords="4,49,100,83" href="http://www.atrapalo.com/promo/1year1post/votar/330" alt="Votar" title="Votar"&gt;&lt;br /&gt;         &lt;area shape="rect" coords="209,47,308,84" href="http://www.atrapalo.com/promo/1year1post/ranking" alt="Ver otros participantes" title="Ver otros participantes"&gt;&lt;br /&gt;      &lt;/map&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-2141217614413212414?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/2141217614413212414/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=2141217614413212414' title='13 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/2141217614413212414'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/2141217614413212414'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2008/11/2008-yes-we-can.html' title='2008, yes we can'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/STLeWhkzZNI/AAAAAAAAAN8/LHikSvPByBM/s72-c/1anyo1post.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>13</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-6442742878831823821</id><published>2008-11-24T20:27:00.004Z</published><updated>2009-07-02T09:02:56.131+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fantástico'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='personajes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><title type='text'>La comunicación</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SSsQEIQ_LeI/AAAAAAAAAN0/eYi3ZlajotU/s1600-h/gato2.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 220px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SSsQEIQ_LeI/AAAAAAAAAN0/eYi3ZlajotU/s320/gato2.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5272325451891551714" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;© &lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.flickr.com/photos/kevinsteele/"&gt;&lt;span style="text-decoration: underline;"&gt;Kevin Steele&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;Pensé que estaba soñando cuando oí hablar a mi gata:  “Hace un calor de mil demonios”, dijo mirándome como si le hubiera intentado  timar en la compra y estuviera a punto de pedirme el libro de  reclamaciones.&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;Sentí decepción y miedo a la vez, no sabría decir en  qué proporción cada uno. ¿Era esa forma de recibirme después de todo el día en  la oficina? Me preguntaba qué le habría hecho yo a Mildred para que ella se  dirigiera a mí en ese tono. Siempre la había tratado bien, jamás la dejaba sola  más de dos días seguidos, tenía los mejores canguros de gatos de toda la ciudad  y, si ellos no estaban disponibles, mi madre, amante de los animales, la cuidaba  con mucho gusto. Que conste que no me gusta molestar a mi madre. Ni a ella ni a  nadie, esa es la verdad. Siempre que le pido un favor, la pobre señora se  desvive por ayudarme; pero me da apuro que modifique sus planes por mí o que  dedique su tiempo a algo que no le apetezca hacer. No quiero ser una carga para  ella. Por eso, cuando la llamo o voy a visitarla jamás le digo que necesito  ayuda. Prefiero que sea ella quién me pregunte si me hace falta algo. Y nunca  accedo a la primera cuando se ofrece para hacerme un favor, así le doy tiempo  para pensárselo, que después no dude de haber sido ella la que se ofreció. No me  gusta ponerla en un compromiso, aunque sea mi madre. Una vez estuvo casi media  hora insistiéndome para quedarse con Mildred. Y yo venga a decirle que no hacía  falta, ya con los billetes de avión a Santander comprados y sin canguro para el  animal. Al final accedí casi con disgusto a que se quedara con ella, cuando me  suplicó: “Pura, hija, soy tu madre. Déjame a la gata, que estoy encantada de  tener compañía... y vamos a dejar ya este tira y afloja, que me vas a volver  loca”. Hay que tener cuidado en esos momentos de que la otra persona no llegue  al límite y se rinda. Si sobrepasas ese punto, el otro pensará que es cierto que  no lo necesitas, o que no quieres más pastel aunque te estés muriendo por otro  pedazo o que puedes seguir esperando un rato más en la puerta de un lavabo  público, cuando en realidad estás a punto de hacértelo encima. Hay que saber en  qué momento aceptar. Es como si estuvieras comprando alfombras en Estambul,  llega un punto en que el vendedor para de insistir y, si eso ocurre, ya no hay  nada que hacer.&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;El caso es que allí estaba yo, acababa de oír a mi  gata hablar y, aparte de estar muy disgustada por su comportamiento, estaba  asustada. Puede que resulte raro que alguien sienta miedo de su propia mascota;  pero era la primera vez que me hablaba y, la verdad, no fue una sorpresa  agradable. Me sentía decepcionada. Yo prefería a Mildred cuando era silenciosa,  como todas las gatas. Me preocupaba que, de pronto, se hubiera vuelto  parlanchina.&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;Pero aún así, no quise incomodarla. Por eso me mostré  lo más tranquila que pude, como si lo que acabara de suceder fuera lo más  natural del mundo. Lo último que deseaba era que se sintiera un bicho raro,  aunque lo fuera; pero tampoco quería mostrarme indiferente. No sabía muy bien a  qué atenerme, la verdad. En mi descargo diré que hice un esfuerzo sobrehumano  para no herirla.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;- Llevas razón – le dije. Es verdad que hoy es un día  muy caluroso. Quizás en un par de horas tenga que poner el aire acondicionado –  añadí, condescendiente, tratando de centrar la atención en su problema, en vez  de transmitirle mi preocupación y disgusto por el hecho de que ella se hubiera  decidido a hablarme como lo había hecho.&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;Cuál fue mi sorpresa cuando la vi subir de un salto a  mi sofá, donde se tumbó indolente, y, poniendo su cara sobre las patas  delanteras y entrecerrando los ojos a lo Bette Davis en &lt;i&gt;Eva al desnudo&lt;/i&gt;,  me soltó:&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;- Por el amor de dios, hace horas que debía estar  funcionando ese maldito cacharro. Vamos a morir abrasadas.&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;Si quiso herirme, lo consiguió. Me dejó sin habla,  durante unos segundos me quedé paralizada observando su gesto de desprecio, como  si hubiera perdido todo el interés por mí y quisiera estar en cualquier lugar  que no fuera mi salón. Pensé que no sería capaz de pronunciar palabra en toda mi  vida, pero lejos de hacérselo notar, intenté calmar mi respiración agitada,  contar hasta diez y pasar por alto su menosprecio.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;Quizás tuviera problemas que yo desconocía, aunque  por otro lado, ¿cómo los iba a conocer? Por muy pendiente de ella que hubiera  podido estar, nunca imaginé que pudiéramos tener una conversación. Mildred  debería de haber entendido que yo no estaba preparada, era la primera vez que me  hablaba. Es verdad que también se trataba de una situación nueva para ella; pero  después de todo no había sido yo quién había destapado la caja de los truenos. A  pesar de estos pensamientos que me pasaban por la cabeza a gran velocidad, pude  mantener cierta serenidad y darme cuenta de que era yo la responsable de ella, y  no al contrario, por lo que tendría que ser yo quien resolviera el conflicto.  Tenía que ganar tiempo para pensar qué hacer, así que decidí  responderle:&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;- Mildred, estás nerviosa y cansada. Relájate y verás  como se te pasa un poco el calor. Si dentro de un rato sigues igual, pondré el  aire acondicionado. Mientras tanto, voy a cambiarme y después podremos hablar  tranquilamente.&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;Antes de poder dar un paso hacia la habitación, me  replicó entre dientes con aquella voz grave a la que todavía no me había  acostumbrado:&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;- Eso, tú vete como siempre pensando que puedes  resolverlo todo a tu manera. Pura, la autosuficiente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;- ¿Qué quieres decir? – pregunté sin poder evitar  teñir mis palabras de cierto resentimiento.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;- ¿Qué sabrás tú de cómo me siento? Sólo tengo calor.  Soy una gata, por el amor de dios.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;Ahí ya no pude callarme ni serenarme, perdí los  nervios. Quizás ese fue mi error; pero aquello era demasiado para mí. Soy  humana, tengo sentimientos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;- ¿Quieres que ponga el aire acondicionado? ¿Es ese  tu problema? Pues lo pongo, Mildred, lo pongo. Pero no había necesidad de  hablarme de ese modo. Ya sé que eres una gata. ¿Y qué? ¿Eso te da derecho a  tratarme como si fuera basura?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;- Estás paranoica, Pura. Te has montado la película  tú solita, yo sólo he dicho que tenía calor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;- Ah, sí, en un tono de lo más dulce. Da gusto llegar  a casa y que tu propia gata te suelte una grosería tras otra. Y eso, claro,  después de todo el día trabajando, mientras ella ha estado tranquilamente  paseando por la casa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;- ¿Y qué quieres que haga? ¿Que mire las ofertas de  trabajo mientras tú no estás?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;- Por dios, Mildred, no pongas en mi boca palabras  que yo no he dicho. No sé si te das cuenta de que es la primera vez que me dices  que tienes calor. De hecho, es la primera vez que me  hablas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;- Joder, si no te hablo me derrito. Y ni con  esas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;- ¿No podemos tener una conversación tranquila  después de haberme cambiado? ¿Tiene que ser de esta manera, deprisa y  corriendo?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;- ¿Pero qué coño tenemos que hablar? Yo sólo tengo  calor – gritó, poniéndose en pie sobre el sofá.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;- No me hables en ese tono, te lo  advierto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;- Bueno, ya veo que no llegamos a ninguna parte tú y  yo. Moriré de calor antes de que comprendas lo que te estoy diciendo – dijo,  caminando hacia la cocina, de espaldas a mí.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;- Lo entiendo perfectamente. Estás de mal humor y la  pagas conmigo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;- ¿Sabes qué? – giró la cabeza y me miró desde la  encimera -. Me voy de esta casa –amenazó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;- ¿Y dónde vas a ir, Mildred, al tejado de la  vecina?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;- ¡Pues sí! Es mucho más fresquito que este jodido  apartamento.&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;Y dicho esto, antes de que pudiera darme cuenta de lo  que estaba pasando, la vi saltar hacia el marco de la ventana, desde donde se  volvió para mirarme orgullosa con esos ojos verde claros, casi amarillos y, tras  girar sobre sus patas, de un brinco desaparecer de mi  vida.&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;Por supuesto en aquel momento pensé que en un rato  volvería por donde se había ido. ¿Qué iba a hacer Mildred sin mí? Era incapaz de  cuidarse por sí misma. Todavía recuerdo el enfado que cogió aquella vez que la  dejé sola un fin de semana entero en casa. Estuvo una semana ignorándome. Y eso  que le dejé comida y agua suficiente como para pasar un mes sola. Desde  entonces, no me he atrevido nunca a irme sin dejarla con un canguro o con mi  madre.&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;Pero Mildred no volvió. Todavía no ha vuelto, y de  eso hace ya tres meses. Lo peor de todo es que ni siquiera puedo explicárselo a  nadie. ¿Quién me iba a entender? Incluso mi madre me miró como si me viera por  primera vez cuando le dije que la gata me había abandonado. “Se habrá perdido,  mujer, Pura, no seas dramática”. Desde entonces no ha parado de insistirme para  que me compre otra. Que me ve muy sola, me dice. No comprende que Mildred es  insustituible. Hasta me hubiera acostumbrado a esa voz grave que tenía. Si no le  hubiera podido la impaciencia, habríamos podido hablar y arreglar nuestras  diferencias. Pero, claro, ¿qué sabrá ella sobre la comunicación? Si era la  primera vez que hablaba.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-6442742878831823821?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/6442742878831823821/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=6442742878831823821' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/6442742878831823821'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/6442742878831823821'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2008/11/la-comunicacin.html' title='La comunicación'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SSsQEIQ_LeI/AAAAAAAAAN0/eYi3ZlajotU/s72-c/gato2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-7523685766288375290</id><published>2008-11-14T21:48:00.007Z</published><updated>2009-07-02T09:02:56.131+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='familia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='personajes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><title type='text'>Entrar en razón</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SR3yN6H7nfI/AAAAAAAAANk/LVpDsr5NiO4/s1600-h/mujer3.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 245px; height: 320px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SR3yN6H7nfI/AAAAAAAAANk/LVpDsr5NiO4/s320/mujer3.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5268633459848093170" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;©&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.flickr.com/photos/freeparking/2120750986/in/set-72157601781523502/"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;gustav klimt por freeparking&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Por favor, Dios mío, haz que me telefonee ahora. Oh, Dios, que me llame. No pediré nada más, te lo prometo. Me parece que no es pedir demasiado. Te costaría tan poco, Dios mío, concédeme esa pequeñez... Que me telefonee ahora mismo, nada más. Por favor, Dios mío, por favor, te lo ruego.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;¿Cómo iba a saber yo que se iba a poner así? Sólo por insinuarle que merece un trabajo mejor. Cómo se ha puesto. Que nunca llegará a ser lo que espero de él, eso me ha dicho. Después de tanto sacrificio, Señor, después de treintaiun años dedicada sólo a él, desde que murió Antonio, que lo tengas en tu Gloria, él se contenta con ese trabajillo de comercial en una empresa de pacotilla. No se da cuenta de que él vale para mucho más, que tiene que apuntar alto y no conformarse con ser uno más del montón. Para eso me he dejado yo la vida trabajando en el hospital, porque, si no fuera por él, anda que no me hubiera quedado yo en mi casa con mi pensión. Pero no, yo quería que se educara en los mejores colegios y que sus amigos no fueran chusma, sino gente de bien, a ver si algo se le pegaba. Pero claro, él se juntaba con lo peorcito del barrio. Y así ha salido.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Pero no me lo tengas en cuenta, Señor, esto que digo es porque estoy enfadada. Yo sé que él es un chico bueno y comprensivo y sé que si Tú me haces esa gracia, si Tú haces que me llame ahora mismo, me darás la sabiduría para hacerle recapacitar. Es la primera vez que se va así, dejándome con la palabra en la boca. Dios mío, haz que me llame, yo sabré cómo hacer que cambie de opinión.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Ya lo hice cuando, con diez años, venía con aquel niño, ¿cómo se llamaba el infeliz? Gerardo. El hijo del cosario, ni más ni menos. Tenía una cara de desdichado, delgadito, callado, muy poca cosa. Se ponían a jugar los dos en la sala y ni se les oía. El niño aquel estaba esperando nada más a que le diera la merienda, a saber qué le daban en su casa, porque cuando veía el jamón serrano dejaba los juguetes a un lado y se lanzaba a comerse el bocadillo como un desgraciado, con esas uñas negras que ganas me daban de restregarle las manos con el cepillo. No me gustaba nada que viniera a casa con él.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Pero entonces fue fácil. Alberto lo pasó mal el día de su cumpleaños cuando vio que su amigo Gerardo no vino a la fiesta, pero se le pasó enseguida. Los niños son así. Preguntó por él un par de veces y luego con los regalos, la tarta y todo lo demás se olvidó. Yo sólo quería que mi Alberto se relacionara con lo mejorcito del pueblo, para que desde pequeño supiera desenvolverse en ese mundo al que estaba destinado. Allí estaban los niños que le convenían, como Ricardito, el hijo de Don Ricardo, el dueño de Las Tablas, la finca más importante del pueblo. Nada menos que un reloj le trajo de regalo. Qué iba a saber yo de lo que pasaría después. Los llamé yo misma uno por uno, le dije a Alberto que esa era la forma elegante de invitarlos, no a gritos en el recreo del colegio. Puse la casa como un palacio, llena de globos y de guirnaldas. Y mi niño vestido con su rebeca azul hecha a mano que me costó un ojo de la cara, su camisita y sus bermudas corinto. Estaba precioso.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;No estarás castigándome por aquella mentira piadosa, ¿no, Dios mío? Ay, Señor, perdona que te hable así, no sé ni lo que me digo, es que estoy destrozada, el niño se ha ido y el teléfono sigue sin sonar. Es verdad, al día siguiente del cumpleaños, cuando Alberto me acusó de no haber invitado a Gerardo, le dije que aquel pobre niño no habría querido venir porque seguramente sus padres no tendrían dinero para comprar un regalo y que lo perdonara por haber mentido porque a los pobres no hay que tenerles en cuenta esas cosas. Dios mío, tú sabes que no estoy orgullosa de la forma en que lo hice, pero en aquel momento Alberto estaba embelesado con el niño mugriento ese, parecía que no hubiera otro en el mundo, y no se me ocurrió otra manera de apartarlo de ese peligro. Porque era un peligro. A saber dónde habrá acabado. Que no le deseo ningún mal, Señor; pero mi niño no era de esa clase y sólo le habría traido disgustos. Yo ya me confesé de ese pecadillo con Don Antonio. Dios mío, Tú sabes que todo lo que he hecho en esta vida ha sido por mi Alberto. Y míralo ahora, mira cómo me paga todos los sacrificios. Ni imaginarse puede todo lo que he tenido que luchar por él. Por favor, te ruego que lo hagas recapacitar y que me llame, que suene el teléfono ahora mismo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Perdóname Dios mío por esta rabia que tengo, pero entiéndeme, yo soy su madre. ¿Tú crees que tiene que pagarme con esta moneda después de todo lo que he hecho por él? El mejor colegio del pueblo, cumpleaños por todo lo alto, los meses en Inglaterra para que aprendiera inglés con el dichoso Ricardito, la profesora particular para que lo ayudara con las Matemáticas, porque todo lo demás ya me lo estudiaba yo con él hasta la hora que fuera. Todo sacado de mi trabajo y la pensión de Antonio, ahorrando peseta a peseta, privándome de vestidos o caprichos, que ni uno me he dado para que a él no le faltara de nada y pudiera estar al nivel de sus amigos, haciendo horas extra en el hospital, para poder irnos de vacaciones a la costa y que alternara con su pandilla. Allí donde iba estaba yo como una sombra, discreta pero atenta a todo lo que le ocurriera.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Que hasta los padres de sus amigos me lo reconocen. Me los encuentro por la calle y me dicen: “Hay que ver, Angustias, lo que tú has hecho por tu hijo”. “Nada que no corresponda a una madre”, contesto yo con modestia, porque no quiero echarme ni una flor, que todas se las lleve el niño, ese que se ha ido dando un portazo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Esto que te pido no es nada para ti, Dios mío, y yo sé que Tú lo puedes todo, porque me lo has demostrado más de una vez. Como cuando el verano antes de empezar a estudiar Empresariales en la ciudad me dijo que no quería irse a la costa porque prefería pasar las vacaciones en el pueblo con María. Me acuerdo y se me ponen los pelos de punta. Aquella lo que quería era enredar a mi Alberto, no hizo más que llamarlo durante todo el curso. Yo le preguntaba sin darle importancia si le gustaba, para poner freno a aquello en cuanto pudiera. Y él que no, que sólo eran amigos. Fue la única vez que me despisté, porque ella estaba en la pandilla, iban todos juntos, y yo pensaba que él había madurado y era consciente de que aquella niña no le convenía.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Me lo soltó de sopetón, con esa cara de inocente que casi me hace llorar. Porque lo vi, estaba dominado por la muchacha aquella, la hija del profesor de Ciencias, que era una espabilada. En cuanto llegó al pueblo hacía dos años me di cuenta de cómo se las gastaba la niña. No tenía vergüenza. Un domingo me los encontré por la calle, estaban con otros amigos, y cuando le recordé a Alberto que teníamos que ir a misa de siete, va la fresca y me suelta: “Angustias, que Alberto ya es mayorcito”. Le sonreí y, con toda la educación y tranquilidad posible, le dije: “Por eso, como ya es mayorcito puede llevar a su madre a misa y darle un capricho una vez a la semana, ¿verdad, cariño?” Alberto asintió y María se puso roja. Mejor una vez colorada que cien amarillas. Pero ni así se dió cuenta mi hijo de cómo era la desvergonzada y allí estaba diciéndome con toda su inocencia que prefería no ir a la playa. Y no fuimos, Señor, ya sabes todo lo que sufrí con aquello, que hasta te hice la promesa de salir en procesión el Jueves Santo si lo hacías entrar en razón. Un año estuvo estudiando en la ciudad y viniendo cada fin de semana a verla a ella. Y yo tragando como podía, porque ya él me había dejado claro que estaba enamorado y que yo no sabía cómo era María. Claro que lo sabía, mejor que él. Pero también sabía cómo son esas cosas y que aquella vez no sería tan fácil como con Gerardo. Así que durante aquel año tragué quina y tenía a María hasta en la sopa. Intentaba hacerle ver a Alberto cómo era ella, pero sin que se volviera en mi contra, con discrección. “María, hija, qué falda más bonita llevas; pero ¿no te queda un poco corta?” Y Alberto, aunque no lo dijera, pensaba lo mismo que yo, porque en el fondo él sabía distinguir la elegancia de la chabacanería. O les comentaba: “Me encontré a Laura, la hermana de Ricardito, que el año que viene empieza Derecho. Mira que es lista esa niña. Y educada. Cuando me ve me echa unos piropos... Y siempre me pregunta por ti, Alberto.” Los domingos, cuando lo acompañaba a la estación para que cogiera el tren de vuelta a la ciudad, le repetía que era el momento de centrarse en sus estudios y de conocer a gente, que las relaciones que hiciera entonces le iban a servir toda la vida y que ya no quedaban en el pueblo más que los viejos como yo y los jóvenes que no aspiraban a nada en la vida.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Dios mío, y así día tras día, semana tras semana, esperando hasta que llegó el momento en que Tú quisiste hacerme ese favor. El verano siguiente, en cuanto Alberto me dijo que se había enfadado con María, le tuve que decir que esa niña no era para él, que si no se daba cuenta de cómo me trataba, con esa distancia y ese descaro, ni una sola vez había venido a verme mientras él estaba estudiando. Él se merecía una chica como Laura, educada y cariñosa. Alberto me miró con esos ojos de cordero degollado, llenos de lágrimas. “No llores por ella, por Dios, hijo, ¿no ves que es una lagarta”. Y aún así él todavía me pidió que no dijera esas cosas de María, hasta que exploté y la que empezó a llorar fui yo, diciéndole: “¿No ves que no valora el sacrificio que haces por ella viniéndote todos los fines de semana? Con todo lo que podrías estar disfrutando en la ciudad y las chicas a la que podrías conocer” Mi hijo me abrazó, Dios mío, lo llené de besos, Tú te acordarás. Y ahí acabó todo el tema de María, toda mi preocupación.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Ay, Señor, pero así estamos otra vez. Cuánto sufrimiento para lo poco que te pido. Yo creía que me habías premiado mi sacrificio haciendo que Alberto y Laura se enamoraran. Y te lo agradezco, Dios mío, mil veces al día desde entonces, porque todo vino rodado y para mí era la recompensa a mis noches en vela, rezando para que todo le fuera bien al niño.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Sé que has hecho mucho por nosotros, desde que se casaron y Alberto empezó a trabajar con Don Ricardo en Las Tablas, llevándole la finca. Nunca me había sentido tan orgullosa de él, olvidé que esta vida es un valle de lágrimas. Ay, Señor, cuando entré en San Bartolomé del brazo de mi hijo, me parecía ir flotando de satisfacción. En ese momento no me dolían las manos de poner inyecciones, ni la espalda de asistir a las parturientas. Me sentía como una reina, del brazo de Alberto, vestido con su chaqué nuevo y yo con mi mantilla de Chantilly.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Mira que les he insistido para que tuvieran hijos, pero Tú no has querido dárselos. Yo te lo respeto, Señor, Tú sabes los planes que tienes para ellos. Pero no me dirás que eso no influyó para que, cuando murió Don Ricardo, que en tu Gloria lo tengas, el sinvergüenza de Ricardito le dijera a mi Alberto que tenía otros planes para Las Tablas y que se fuera buscando otro trabajo. Todo porque Don Ricardo, que era tan buena persona como infeliz, dejó en el testamento Las Tablas para su hijo y la casa palacio para Laura. ¿Me quieres decir qué hacemos nosotros con ese caserón si Alberto no tiene trabajo con el que mantenerlo?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Desde entonces, Dios mío, y de eso hace ya dos meses, te estoy pidiendo que el niño se decida a vender la casa palacio y comprar unas buenas tierras. Tú sabes que aquí si no tienes tierra no eres nadie. Y además, después de lo que ha pasado, tendría que montar su propia finca e ir con la cabeza bien alta por el pueblo, que nadie diga que Ricardito lo ha achantado.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Pues nada, ahora me viene con la sorpresa, otra vez con esa mirada inocente lleno de entusiasmo, a decirme que por fin ha encontrado un buen trabajo. ¿Buen trabajo? ¿Qué necesidad tiene de ponerse de comercial en una empresa que nadie conoce y trasladarse a vivir a la ciudad? Con lo bien que estaríamos aquí los tres.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Y todo esto, Señor, Tú lo has visto, se lo he explicado tranquila, sin alterarme. Que la casa no es de él, sino de Laura, me dice. ¿Y no es eso lo mismo? ¿No es ella su mujer? Y que siempre había querido trabajar en una empresa. Yo también he querido toda mi vida estar tranquila en mi casa sin trabajar; pero esa es la diferencia: mirar por los demás o mirar sólo por uno. Y este, Dios mío, sólo mira por él, ya ves cómo me agradece tanto sacrificio.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Pero no queda ahí la cosa, me trago mis palabras y le digo: “Hijo mío, si quieres trabajar en una empresa, tú sabrás por qué, que yo no lo entiendo; pero, si quieres, espérate a que te contraten de directivo en alguna importante. ¿Te vas a rebajar yendo de puerta en puerta de comercial? Alberto, tú no estás hecho para eso”.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;¿Es para tanto? ¿Acaso lo he insultado, Dios mío, para que se pusiera así? Te lo ruego, te lo pido de rodillas, Señor, haz que me llame. Sólo que me llame, Dios mío, que suene ahora mismo el teléfono, que yo sabré cómo hacerlo entrar en razón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(255, 102, 0);"&gt;Nota: &lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 102, 0);"&gt;Ejercicio del curso de Relato Avanzado del Curso de Escritura. La propuesta consistía en construir un relato a partir del primer párrafo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-7523685766288375290?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/7523685766288375290/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=7523685766288375290' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/7523685766288375290'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/7523685766288375290'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2008/11/entrar-en-razn.html' title='Entrar en razón'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SR3yN6H7nfI/AAAAAAAAANk/LVpDsr5NiO4/s72-c/mujer3.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-6536665917113248202</id><published>2008-09-16T20:12:00.010+01:00</published><updated>2009-07-02T09:02:56.132+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='infancia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='diario'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='amor'/><title type='text'>Tout s'arrangera</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SNAFUUEiI8I/AAAAAAAAALA/t_DBeoDDvzs/s1600-h/toutsarrengera.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SNAFUUEiI8I/AAAAAAAAALA/t_DBeoDDvzs/s320/toutsarrengera.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5246699412429874114" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;© &lt;a href="http://www.flickr.com/photos/batigolix/"&gt;batigolix&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Sábado, 21 de febrero de 1981&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hemos llegado a Bayeux a las 10 de la mañana. Más de un día después de salir de Osuna en el autobús. El viaje ha estado bien, hemos venido charlando. Rafa dice que se ha apuntado al intercambio para ligarse a una francesa. Rosario se metía con él, diciéndole que con lo bruto que es, las francesas saldrán huyendo, con lo finas que son. “En Francia son mucho más liberales”, ha dicho Luis. “Sí, claro, por eso van a estar esperando que lleguéis con los brazos abiertos, ¿no?”, ha contestado Marta, y he pensado que lleva razón; pero no lo he dicho. Al revés, he intentado apoyar a Rafa y a Luis y he gritado: “Todavía no nos hemos ligado a ninguna y ya estáis celosas”. Los chicos han aplaudido y las chicas me han llamado creído y salido. Y eso que no creo que me ligue a ninguna francesa. Llevo tres meses intentándolo con Sonia y todavía no me he atrevido a decírselo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el instituto nos estaba esperando Marie, la profesora de Español de los franceses. Nos ha hecho entrar en una clase para explicarnos todo lo que haremos durante la semana de intercambio. Después nos ha presentado a los alumnos que nos habían correspondido. A mí me ha tocado Pierre. Es moreno, alto y fuerte. Tiene dieciséis años, es uno de los mayores, ha repetido dos veces. Lo primero que me ha preguntado es si jugaba al fútbol. No lo he entendido hasta la tercera vez. Le he contestado que no y ya no ha vuelto a hablarme hasta por la tarde, para decirme que había venido su padre a recogernos. El padre se llama Antoine, me cae bien. Habla mucho. Aunque no lo entiendo, parece simpático. Pierre ha ido todo el viaje en silencio, escuchando música por los auriculares.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La casa está en medio del campo. Es muy grande, de piedra, con ventanas de madera. Jaqueline, la madre de Pierre, ha salido a recibirnos. Llevaba un delantal encima del chaquetón. Después he conseguido entender que se había estropeado la calefacción, por eso estaba cocinando con el abrigo puesto. Entonces me ha presentado a la hija, Sabine, que lleva los ojos tan pintados que parece que lleve un antifaz. Tiene el pelo negro con algunos mechones de rojo chillón. Y dos pendientes en cada oreja. Si la viera mi madre se llevaría un susto de muerte. También tienen un hermano pequeño, André. Se ha cambiado de habitación para que yo duerma en su cama, al lado de la de Pierre. Las paredes del dormitorio están llenas de pósters de futbolistas y cantantes sujetos con chinchetas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras ponía mi ropa en el armario ha venido la madre para darme una toalla y me ha dicho que cenaremos en un rato (¡son las seis y media!). Pierre se ha ido fuera a hacer footing. Yo le he dicho que estaba cansado y me he quedado solo en el cuarto. Como no sabía qué hacer me he puesto a escribir un diario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se me ha olvidado contar que esta mañana hemos visitado el instituto. Está muy bien. He visto que los franceses se pasan el día dándose besos. Cuatro cada vez que se ven. Creo que me llaman para cenar. Pepé, Pepé, con acento en la segunda e.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Domingo, 22 de febrero de 1981&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy hemos ido a Creully, que es en realidad el pueblo al que pertenece la familia de Pierre. Me han dicho que íbamos al mercado y que podía comprar regalos para mis padres. Los domingos ponen allí unas tiendas ambulantes, donde venden comida y licores. No tenía pensado comprarles nada, pero Jaqueline insistía tanto diciéndome que los quesos eran muy buenos que me he llevado dos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hemos ido Pierre, André y yo con los padres. André no paraba de dar saltos en el coche. Jaqueline le ha regañado para que se estuviera quieto, pero él ni caso. Me ha pisado varias veces. No le he dicho nada porque no quería parecer un chivato, así que he puesto los pies lo más lejos posible de él. Pierre estaba enfadado y ha ido todo el camino mirando por la ventanilla. En el desayuno ha discutido con Antoine. He entendido que Pierre quería que nos llevaran a casa de un tal Frederic (no sé si se escribe así), en Bayeux; pero el padre no ha querido. Entonces Pierre me ha preguntado “Qu'est-ce que tu préfères?” y yo he dicho “Je ne sais pas” y él me ha mirado con cara de fastidio. Luego he pensado que tendría que haberle dicho que prefería ir a Bayeux, pero en ese momento no he caído. Podría haberme avisado antes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sabine ha venido a desayunar con los pelos tiesos y los ojos con toda la pintura corrida. Parecía la niña del exorcista. No sé si la de la película, que no la he visto, pero sí la del Castillo del Terror que vino la última vez a la Feria. Ella se ha quedado en la casa porque mañana tiene un examen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creully es enano, pero hay un castillo muy guay, como de película. Lo hemos visto por fuera y luego nos hemos ido al mercadillo donde he comprado los quesos con la ayuda de Jaqueline. Ha empezado a llover y Antoine ha comprado cinco paquetitos que caben en un bolsillo y en realidad son bolsas con forma de chubasquero. Es una buena idea. Todos se han reido cuando he dicho que nunca los había visto antes. Nos los hemos puesto y hemos seguido paseando como si nada, aunque yo estaba chorreando de rodillas para abajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de comer he llamado a mi casa desde una cabina. Mi madre me dijo ayer que la llamara para explicarle si estaba bien en la casa que me había tocado. Le he dado el número de teléfono de Pierre y me ha dicho que, a partir de ahora, ella me llamará a la hora de cenar, un día sí y otro no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hemos comido una cosa que se llama Raclette. Se pone queso en una minisartén, la minisartén se mete en un aparato que sirve para calentar el queso. Mientras se calienta, te pones en el plato patatas y embutidos y luego echas el queso derretido encima. Está bueno. André ponía la boca abierta en el borde del plato y empujaba la comida hacia adentro con el tenedor. Si lo viera mi madre se pondría histérica y se daría cuenta de que poner los codos en la mesa mientras como no es para tanto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la tarde me he aburrido un poco. Pierre ha hecho un intento de hablar conmigo, me ha puesto música francesa y me ha preguntado si me gustaba. Le he dicho que sí por no molestarlo, pero en realidad no me gustaba. Le he preguntado si conocía alguna música española y me ha dicho Julio Iglesias. A Los Secretos no los conocía; pero sí a Dire Straits, aunque Pierre cree que son aburridos y prefiere a unos que se llaman The Police. Ha puesto una canción de ellos y está bien. Ya no hemos hablado más, se ha ido a ver la tele y yo me he quedado aquí escribiendo. ¡Son las 4 y ya es de noche! Menos mal que mañana hay instituto y veré a mis amigos allí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Lunes, 23 de febrero de 1981&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Son las 9 de la noche. Pierre está tumbado en la cama leyendo una revista y escuchando música. Yo estoy nervioso sin saber qué hacer, así que me he puesto a escribir. Hoy hemos visitado El tapiz de Bayeux, que es un tapiz de más de 60 metros de largo del siglo XI que cuenta la historia de una guerra entre Francia e Inglaterra. Es lo más famoso que tiene Bayeux, aparte de Anne Marie, la francesa que le ha tocado a Luis y está buenísima, a quien todos se quieren ligar. Yo ni lo intento, tendré suerte si me dirige la palabra en todo el intercambio. En todas partes hay carteles, postales y regalos con el tapiz de Bayeux. Tampoco es para tanto, cuando vayan los franceses a Osuna y vean los cuadros de Rivera de La Colegiata se darán cuenta de que los dibujos del tapiz no tienen comparación. Hemos estado por lo menos una hora viendo el tapiz, aunque los españoles mirábamos todo el rato a Anne Marie; las españolas a Bruno, el francés de Rafa, un tío con tupé que las iba sobando a todas; los franceses, que no son tontos, miraban a Carmen y, cómo no, las francesas a Quico, como hacen de costumbre las españolas cuando no hay francesas. Después hemos ido a dar una vuelta por el pueblo. Bueno, es casi una ciudad, porque es bastante grande. Los franceses han vuelto al Lycée porque tenían clases. Yo me he ido con Luis, Antonio, Rosario y Marta a tomar un café a un bar. Hemos pedido un café au lait y nos han puesto un tazón de medio litro con leche y dos gotas de café. Le hemos preguntado a un camarero si no había cafés más pequeños y nos ha hecho una clase tipo Barrio Sésamo, sacando tazas de detrás de la barra a la vez que decía “grand” o “petit”. Hemos vuelto al Lycée, teníamos que estar allí a la 1 para comer y después nos hemos ido a ver la catedral. Ha sido divertido explicarnos lo que habíamos hecho el domingo. A Antonio lo llevaron a cazar topos. Le ha tocado una francesa muy pava que se pasa el día estudiando, aunque para el caso Pierre es igual, aunque en vez de estudiar escuche música. Pero por lo menos a mí me llevaron al mercadillo de quesos. Que para qué habré dicho nada, porque Rosario ha empezado a decir que ya se notaba el tufillo y tonterías así. Han estado toda la tarde dando por saco con el tema. Pero, la verdad, ahora que estoy aquí escribiendo en el cuarto, me parece que huelo a queso... Hablando de olores, Rafa cuando llegó a su casa no encontraba el WC por ningún sitio, porque aquí la bañera y el WC están en cuartos separados, así que al final se lo hizo dentro de la bañera, pero por el lado por donde no estaba el grifo. Y como no había ducha, tuvo que poner el tapón y llenar un poco la bañera para que se fuera la meada. Entre unas cosas y otras estuvo un buen rato allí dentro y después Bruno le preguntó que qué hacía y se tuvo que inventar que había tenido que lavarse los piés. Entonces fue cuando el francés lo llevó al WC para explicarle que la próxima vez se los lavara en el bidé, que está en el mismo cuarto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de la catedral hemos vuelto al Lycée y cada uno a su casa. Luis y Marta tienen suerte, porque su casa está en el pueblo y pueden quedar; pero yo estoy en medio del campo y no hay nada que hacer. Cuando hemos llegado a la casa, Sabine me ha enseñado a jugar al solitario. Aunque sigue con las mismas pintas, ahora ya me parece más simpática, por lo menos me habla, no como Pierre. No he jugado mucho, porque ha venido André y ha empezado a preguntarme cosas, como si me gustaba más el fútbol o el baloncesto o si sabía jugar a nosequé. Hemos cenado oeufs en cocote, que son una especie de huevos al plato, ensalada y embutidos. Estaba recogiendo los platos con Pierre y Sabine, cuando ha sonado el teléfono. Jaqueline ha venido y me ha dicho que era mi madre. Me ha parecido raro, porque quedamos en que hablaríamos mañana. Me ha dicho que ha habido un golpe de estado en Madrid esta tarde. Yo la verdad es que no sabía muy bien lo que era un golpe de estado, me sonaba algo grave, cosas de guerra o algo así; pero ella me ha explicado más o menos que los políticos están en Las Cortes y los militares los han secuestrado. Entonces se ha puesto a llorar porque mi hermano Manolo está en la mili en Sevilla, y dice que en Valencia los que están en la mili han salido con tanques a la calle y que a ver si va a haber una guerra y no voy a poder volver. Mi padre le ha quitado el teléfono y me ha dicho que no me preocupe, que ellos están bien y que no pasará nada. Yo oía a mi madre por detrás decir en voz baja: ”¿Cómo puedes decir que no pasará nada?” y echarse a llorar. Mi padre me ha preguntado qué habíamos hecho y le he contestado que habíamos visto el tapiz y la catedral y él me ha dicho que qué bien y que si estoy aprendiendo francés, pero en realidad lo que quería era aparentar que no estaba preocupado, que es lo que hace cuando lo está y la cosa es grave. Al final se ha puesto mi madre más tranquila y me ha dicho que había hablado con Manolo y que, de momento, estaba en el cuartel y estaba bien. Me llamará mañana otra vez. He colgado y cuando he ido a la sala Jaqueline y Antoine ya sabían lo que pasaba en España, porque estaban viendo la tele. Jaqueline me ha preguntado cómo está mi familia. No le he explicado lo de Manolo, porque tampoco sé cómo explicárselo en francés, así que le he dicho que bien y ella me ha abrazado. Me ha dado un poco de corte y no sabía dónde poner las manos. Después he jugado un rato con Sabine al solitario y me he venido al cuarto. Me han entrado ganas de llamar a Sonia, que no ha venido porque ella es de inglés, y seguro que cuando volvamos a Osuna ya estará saliendo con alguno; pero aquí ¿desde dónde voy a llamar? También me he acordado de Manolo. Espero que no tenga que salir con los tanques ni nada de eso. Está de administrativo, así que no creo. Es un cachondo y parece muy valiente, pero en el fondo es un cagao, sólo se fue a la mili porque no sabía qué estudiar y decía que así se la quitaba de encima. ¡Qué mala suerte, joder! Me he puesto nervioso pensando en eso y he decidido escribir, porque tampoco sabía muy bien qué hacer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Martes 24 de febrero de 1981&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy nos han reunido a todos los españoles en el Salón de Actos del Lycée. Nuestros profesores de francés, Rafael y Lourdes, nos han explicado lo que está pasando en España. Estaban muy serios y con cara de no haber dormido mucho. Enseguida me he dado cuenta de que Luis y Marta se daban la mano. Después se han soltado, pero cuando Rafael ha dicho que ayer por la noche el Rey salió por la tele y dijo que él no estaba de acuerdo con los militares ni con el golpe de estado, Marta ha soltado “¡Bien!” y le ha vuelto a dar la mano a Luis. Me he preguntado qué habría pasado con estos dos y la verdad es que estaba más pendiente de ellos de lo que decían los profesores. Lo del Rey parece que es muy bueno, porque como es el jefe de las Fuerzas Armadas, los militares tienen que hacerle caso y dejar libres a los políticos. El peor es Tejero, porque no ha obedecido al Rey y sigue encerrado en Las Cortes sin dejar salir a nadie. Rafael y Lourdes nos han dicho que vamos a esperar a ver qué pasa y que de momento cancelábamos la visita al Cementerio Americano, a donde teníamos que ir hoy. En vez de eso, nos han dicho que acompañemos a los franceses a las clases. No me ha dado tiempo de hablar con Luis ni con Marta, porque después de la reunión han venido los profesores franceses, que también tenían cara de no haber dormido, y nos han dicho a qué aula teníamos que ir cada uno. Yo he sido de los primeros en salir y con toda la bulla no he podido preguntarle a Luis. Ahora estoy en 1ºE, sentado al fondo de la clase de Pierre. Están dando Física y no hay ningún otro español aquí. Como me aburría, me he puesto a escribir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Miércoles 25 de febrero de 1981&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tengo un montón de cosas que escribir y no sé si me dará tiempo, porque dentro de un rato Antoine nos llevará a Pierre y a mí a Bayeux a cenar a casa de Silvie junto con otros españoles y franceses del intercambio. Silvie es la fracesa a la que me he ligado. Yo todavía no me lo creo, aunque es verdad. Es delgada, un poco más baja que yo y pelirroja. Lo que menos me gusta es que lleva unas gafas rojas redondas y parece una azafata del Un, dos, tres, pero no está tan buena, claro. Lo que más me gusta son sus besos, tiene los labios suaves y esponjosos y no puedo parar de besarla. Ella tampoco puede parar. Por eso casi no he hablado con ella, aparte de todo lo que le conté del Golpe de Estado justo antes de enrollarnos ayer por la tarde. Ella también me decía Pepé, con acento en la segunda e; pero cuando empecé a decirle Sílvi, con acento en la primera i, aprendió a pronunciar mi nombre como es.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ayer, después de la clase de Física, antes de que llegara el profesor de Ciencias, Silvie vino a preguntarme qué era lo que escribía. Ella está en la clase de Pierre y no se ha apuntado al intercambio. Le expliqué que escribía cosas del intercambio y que como estábamos en un Golpe de Estado a lo mejor servía por si había una guerra y no podíamos volver a España en mucho tiempo y después yo tenía que encontrar a mi familia. No sé de dónde me saqué eso, nadie nos había dicho que podría pasar algo así. A lo mejor fue porque el verano pasado leí &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Por quién doblan las campanas&lt;/span&gt;, en el que Jordan, el protagonista, se liga a María en medio de la guerra. Me dí cuenta de que Silvie se emocionaba y empezamos a hablar del golpe de estado. Yo no sabía muy bien qué explicarle, porque por la mañana no había prestado atención a los profesores, estaba distraido viendo cómo Luis y Marta se daban la mano. Exageré un poco la situación, porque veía que ella intentaba consolarme y eso me gustaba. También le expliqué que mi hermano estaba haciendo la mili y que seguramente le habrían obligado a salir con los tanques por Sevilla. Ella puso los ojos como platos, me cogió la mano y la apretó durante unos segundos. Bueno, todo esto se lo expliqué como pude, porque en francés es un poco difícil de decirlo. Supongo que ella me entendía más o menos. Después llegó el de Ciencias y tuve que volver a sentarme al fondo de la clase. Durante toda la hora Silvie estuvo enviándome papelitos que decían cosas como “Ne t'inquìète pas, tout s'arrangera” o “Je resterai toujours ton amie”. Yo le contestaba con otros papelitos que decían “Je l'espère” o “Merçi, moi aussi je serai toujours là pour toi”. Casi al final de la clase, vino una de las secretarias del Lycée a decirle una cosa al profesor. Entonces él me señaló y me dijo que tenía que ir al Salón de Actos a reunirme con el resto de profesores y alumnos españoles. De pronto, Silvie se levantó y preguntó si podía acompañarme; pero él no la dejó venir conmigo. Cuando llegué al Salón de Actos la mayoría de mis compañeros estaban allí, incluidos Luis y Marta sentados juntos en la última fila y cogidos de la mano. Me senté al lado de Luis y le pregunté en voz baja: “Tío, ¿te has enrollado con Marta?” Él sonrió y, antes de que pudiera responder, Marta se giró hacia mí y dijo: “Estamos saliendo desde ayer”. Y le dio un beso a Luis. Entonces llegaron los profes, Rafael y Lourdes. Enseguida me dí cuenta de que tenían buenas noticias, porque estaban sonrientes, no como por la mañana. Nos explicaron que el golpe de estado se había acabado, que los militares golpistas se habían rendido y habían dejado salir a los políticos. Todos nosotros empezamos a aplaudir y a pegar saltos. “Esta tarde iremos al Cementerio Americano”, dijo Rafael. Y nosotros seguimos gritando de alegría. En aquel momento pensé que en realidad ninguno de nosotros había entendido muy bien lo que estaba pasando, aunque todos habíamos tenido miedo de que algo horrible pudiera ocurrir, sin saber exactamente qué podría ser. Salimos del Salón de Actos y Luis aprovechó un momento para explicarme cómo se había ligado a Marta, mientras ella iba al cuarto de baño. Ya decía yo que tenían suerte viviendo los dos en Bayeux. Salieron con sus franceses por la noche y se habían enrollado. Luis me lo estaba contando, cuando vi a Silvie, buscándome. Nada más verme me preguntó qué había pasado. Le respondí que se había acabado el golpe de estado y ella me echó los brazos al cuello y me abrazó fuerte. Yo estaba como mareado y en un segundo pensé: “Ahora o nunca”. Le dí un beso en la boca, allí en medio del pasillo. Ella se despegó un poco, tuve miedo de que no le hubiera sentado bien lo del beso; estaba esperando a que me diera un empujón o algo así. Pero no, se acercó y me dio otro beso, más largo que el de antes. Desde entonces no hemos parado de enrollarnos. Luis se quedó de piedra, porque lo vió todo. Lo que no sabía es que la noticia era tan nueva para mí como para él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bueno, lo escribo rápido porque en un rato me voy, el caso es que comí con Silvie en el comedor y ella me presentó a tres amigas. Una de ellas era Béatrice, la francesa que le ha tocado a Carmen. Yo ya la conocía del día del tapiz. Entre todas decidieron que hoy iríamos juntos a cenar. Silvie pudo apuntarse a la excursión al Cementerio Americano, a la que fuimos todos, franceses y españoles. Es un campo enorme lleno de cesped y de cruces blancas. Los muertos judíos no tienen cruz, sino una estrella de David. Y está justo en la playa donde se produjo el desembarco de Normandía. Silvie y yo fuimos todo el rato de la mano. De vez en cuando, nos quedábamos atrás y aprovechábamos para besarnos. En el autobús de vuelta, Pierre me dijo que convencería a su padre para que hoy nos llevara a Bayeux a cenar a casa de Silvie. Y me guiñó un ojo. Creo que desde ese momento empecé a caerle mejor y él también a mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta mañana hemos ido a Caen, que es una ciudad grande cerca de Bayeux. Hemos estado viendo el Ayuntamiento, que en realidad se llama Abbaye aux Hommes, la abadía de los hombres. Y después, sobre todo las chicas, han estado comprando regalos y postales. Los chicos se dedicaban a mangar cosas en las tiendas. Es increible lo fácil que es, nadie vigila nada. Yo he estado explicando a Luis lo de Silvie y no he robado nada porque me pongo nervioso y se me nota, aunque sí he distraído varias veces al dependiente para que Rafa pudiera llevarse algo. Lo he hecho porque el tío es un pesado y no paraba de insistir. Luis tampoco tenía mucho interés por mangar nada, pero sí por saber cómo había empezado a salir con Silvie y por explicarme cómo se había enrollado con Marta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hemos llegado al Lycée después de comer. Silvie me ha dicho que me ha echado mucho de menos, pero enseguida ha llegado Antoine a recogernos a Pierre y a mí para ir a casa y dentro de un rato nos vuelve a llevar a Bayeux. Pierre ha convencido a su padre para que nos deje quedarnos a dormir en Bayeux, en casa de Frédéric, que es el francés de Quico. Mañana hacemos una excursión al Mont Saint-Michel. He hablado con mi madre y me ha dicho que Manolo está muy bien y que le dan permiso el fin de semana para ir a Osuna. Estaba contentísima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Jueves, 26 de febrero de 1981&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Frédéric vive en una casa grande con una casita pequeña en el jardín, que es en realidad su habitación y cuarto de estudio. Como es independiente de la casa de sus padres, puede hacer lo que le dé la gana allí. Fuimos a la cena nueve personas. Los franceses: Pierre, Frédéric, Béatrice, Silvie y dos amigas suyas que no se han apuntado al intercambio. Los españoles: Carmen, Quico y yo. La madre de Silvie es muy simpática y muy joven. Yo estaba muy cortado, porque Silvie ya le había explicado que salimos juntos. Es increible, la madre estaba tan contenta y no paraba de preguntarme cosas. Y Silvie no se cortaba dándome la mano y cosas así. Aquí los franceses son muy liberales. Después de la cena, más o menos a las diez de la noche, Pierre le dijo a la madre de Silvie que si podíamos ir a casa de Frédéric a escuchar música. Al principio no quería dejarla salir, porque era muy tarde y al día siguiente había que ir a clase; pero al final entre todos la convencimos. En el cuarto de estudio de Frédéric estuvimos escuchando música. Entonces me dí cuenta de que no era el único que había ligado. Quico estaba con Béatrice, enseguida se fueron a la habitación. Y Frédéric estuvo intentando enrollarse con Carmen, diciéndole que podrían intercambiarse las casas cuando a ellos les tocara ir a Osuna: Béatrice en la de Quico y él en la de Carmen. Ahora sé que consiguió ligársela, pero la verdad es que yo no los vi, porque a las doce Silvie dijo que tenía que irse, que era demasiado tarde, y la acompañé a su casa. Antes de entrar, nos enrollamos junto a una tapia que hay delante de su jardín y esa ha sido la mejor vez porque estábamos solos y la acaricié por todo el cuerpo. No quería que se fuera, pero ella decía que su madre le regañaría por llegar tan tarde. Me prometió que intentaría venir hoy al Mont Saint-Michel y entró en su casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al final Silvie no ha podido venir a la excursión. Como no está apuntada al intercambio, no la han dejado. Estaba casi llorando cuando me lo ha dicho. Al principio, en el autobús, yo estaba serio, no me apetecía nada pasar todo el día por ahí, estaba cabreado porque Silvie se había quedado en Bayeux. Rosario se ha sentado a mi lado y ha empezado a canturrear: “Pepe se ha enamorado, Pepe se ha enamorado”. Yo hacía como que no la oía, pero le hubiera tapado la boca con mucho gusto. Rafa, que es un bruto pero es buena gente, ha gritado: “Pepe es el más listo de este autobús, coño”. Nos hemos reído y se me ha pasado el cabreo. Además, luego se han empezado a meter con Quico, Carmen, Béatrice y Frédéric. “Esto no es un intercambio, ¡es un doble intercambio!”, gritaba Rafa. Carmen se ponía roja como un tomate y no dejaba a Frédéric ni darle la mano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Mont Saint-Michel es un monte en medio de una playa gigantesca. Cuando sube la marea se convierte en isla. La marea sube a la velocidad de unos caballos galopando. Eso no lo hemos visto. Por lo menos no me he dado cuenta. Encima del monte hay un monasterio como de película y todo el pueblo está lleno de museos, de iglesias, murallas, restaurantes y tiendas. Le he comprado a Silvie una colonia. Rosario me ha ayudado a elegirla. A Luis y Marta casi no los he visto. Se han pasado el día dándose besos por las esquinas. Casi todo el rato he estado con Pierre, Antonio, Rosario, Rafa y sus franceses. Rafa no paraba de robar cosas a escondidas de los franceses, a quienes les molesta que vayamos mangando por las tiendas. Rafa dice que lo que se lleva ya se lo cobran por otro lado. Puede que lleve razón, porque nos hemos comido un bocadillo en un bar que nos ha costado un ojo de la cara. Aquí en Francia todo es mucho más caro que en España, pero en el Moint Saint-Michel mucho más. Mientras comíamos, Antonio ha estado hablando de la que podría haberse armado con el golpe de estado. Decía que ahora podíamos estar en guerra y que gracias al Rey todo se había solucionado. Antonio piensa que la culpa de todo la tienen los franquistas, que no se han acostumbrado a que en España ahora hay una democracia. “Si viviera Franco, anda que íbamos a estar nosotros de intercambio en Francia”, ha dicho. “Pues mi padre dice que con Franco vivíamos mucho mejor, sin tantas huelgas ni terrorismo ni nada”, ha soltado Rosario. “Ni libertad”, ha añadido Antonio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después hemos cogido el autobús de vuelta y Antoine nos esperaba en el Lycée. No he podido ver a Silvie. Hace un rato que hemos cenado. Sabine no está, creo que se ha ido a estudiar a casa de una amiga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Viernes, 27 de febrero de 1981&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta mañana he vuelto a ver a Silvie. Le he dado la colonia. Le ha encantado. Nos hemos visto en todos los descansos entre clase y clase. Ella está triste porque mañana nos vamos, pero yo le digo que no lo piense. Ahora estamos en el Salón de Actos, vamos a ver una película del desembarco de Normandía. A las doce hay un partido de fútbol entre españoles y franceses. Yo no juego, no me gusta el fútbol, pero iré con Silvie a animar. Esta noche hay una fiesta de despedida en el Lycée. Rafa dice que es su última oportunidad. Yo tengo ganas de ir, pero por otro lado me da pena que se acabe la semana de intercambio. No sé cuándo volveré a ver a Silvie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Sábado, 28 de febrero de 1981&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estoy en el autobús. He dormido un rato, pero me ha despertado Rafa, dándose cabezazos contra mi hombro. Vamos todos en silencio porque estamos muertos entre la fiesta de ayer y el viaje de hoy, la mayoría va durmiendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ayer fuimos al partido. Ganamos los españoles. Silvie me dijo que intentaría apuntarse al intercambio para venir a Osuna con el resto de franceses. Me hizo prometerle que le escribiría todos los días. La fiesta estuvo muy bien. Fue en el gimnasio del Lycée. Ponían una canción francesa y una española. A Silvie le gustaron Los Secretos. Bailamos un montón de lentos. Me daba un poco de corte enrollarme con ella delante de todo el mundo, así que salíamos de vez en cuando al patio para estar solos, aunque siempre había parejas fuera, pero eso ya no me importaba. Rafa al final se ligó a la francesa pava de Antonio. Nos hemos estado riendo de él un buen rato por eso. A él le da igual, también se reía. A la una vino Antoine a recogernos a Pierre y a mí para llevarnos a su casa. Más o menos todo el mundo se fue a esa hora, porque se acababa la fiesta en el Lycée. Bueno, menos los que viven en Bayeux, que estuvieron por lo menos hasta las tres en casa de Frédéric y Quico. Esta mañana hemos salido a las nueve. Me he tenido que levantar muy temprano, porque ni siquiera había hecho la maleta. Los quesos huelen un montón, seguro que apestan toda mi ropa. Silvie ha venido a despedirse. Lloraba todo el rato. Yo intentaba consolarla y le decía que nos veríamos cuando viniera a Osuna, aunque no es seguro que pueda venir. Ojalá la dejen. Me ha regalado un cassette de música francesa, la mayoría de canciones que pusieron en la fiesta. No es que me guste mucho, pero es un detalle. “Je t’aime” ponía en la carátula. Me lo ha dicho varias veces antes de que subiéramos al autobús. Yo también se lo he dicho a ella, claro. Por supuesto no he llorado, pero tenía un nudo en la garganta. Pierre me ha dado la mano al despedirse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todavía nos queda mucho viaje, aunque tengo ganas de llegar. Sobre todo para ver a Manolo y explicarle que al final he ligado. Él siempre se mete conmigo por eso. También quiero que me cuente si tuvo que salir con los tanques a la calle durante el golpe de estado. Menos mal que al final se arregló todo. Si no, cualquiera sabe qué hubiera pasado, igual hubiéramos tenido que volvernos y los franceses no podrían venir a Osuna en mayo, durante la feria. Me alegra saber que cuando lleguemos a España todo estará igual que antes. Acabo de encontrarme en el bolsillo del pantalón la notita que Silvie me envió: “Ne t'inquìète pas, tout s'arrangera”&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-6536665917113248202?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/6536665917113248202/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=6536665917113248202' title='13 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/6536665917113248202'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/6536665917113248202'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2008/09/tout-sarrangera.html' title='Tout s&apos;arrangera'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SNAFUUEiI8I/AAAAAAAAALA/t_DBeoDDvzs/s72-c/toutsarrengera.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>13</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-3863177357697645299</id><published>2008-08-07T18:14:00.004+01:00</published><updated>2009-07-02T09:02:56.132+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='diálogo'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='amor'/><title type='text'>La estantería</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SJszGgpxmNI/AAAAAAAAAJw/oVIcydMWDKk/s1600-h/piso.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SJszGgpxmNI/AAAAAAAAAJw/oVIcydMWDKk/s320/piso.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5231831579058346194" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;© &lt;/span&gt;&lt;a style="font-family: georgia;" href="http://www.martapueyo.com/"&gt;Marta Pueyo&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style=";font-family:georgia;font-size:100%;"  &gt;&lt;br /&gt;- Como sigas apretando así vas a terminar pasando de rosca el tornillo y luego será imposible sacarlo.&lt;br /&gt;- ¡Ah! ¿Y cómo se supone que tengo que hacerlo, le pido por favor que se enrosque hasta el final?&lt;br /&gt;- Oye, no me contestes así, te lo he dicho de buena manera. Haz lo que quieras.&lt;br /&gt;- Haz lo que quieras... No es hacer lo que yo quiera, sino hacer lo que hay que hacer. Como tú no me informas, y se supone que eres el experto, pues no sé hacerlo. Lo hago lo mejor que puedo, pero claro, el señorito sólo se digna dirigirme la palabra cuando ve que hago algo mal.&lt;br /&gt;- Te he informado de que si seguías apretando se pasaría de rosca. Pero tú te cabreas con cada cosa que te digo porque piensas que sabes hacerlo y te molesta que te diga cómo se hace. ¡Ah! Ahora te vas, ¿eh? Pues nada, que te vaya bien.&lt;br /&gt;- Te estoy escuchando.&lt;br /&gt;- Te has puesto el abrigo, eso quiere decir que te vas, ¿o es que tienes frío?&lt;br /&gt;- Me he puesto el abrigo porque está claro que no tengo nada que hacer aquí contigo. Me voy a la calle y cuando vuelva sabré perfectamente hacer mi trabajo: recoger todo lo que hayas dejado por el suelo.&lt;br /&gt;-  Sí, será mejor que te vayas.&lt;br /&gt;- Eso es: ``vete, vete´´. ¡Hablar contigo es imposible!. Pues ahora no me voy, esta es mi casa. No soy yo la que tiene que irse.&lt;br /&gt;- El que tiene que irse soy yo, ¿no? Pues nada, cargo otra vez todas las herramientas y me voy. Para qué habré tenido que venir a ayudarte a montar esto...&lt;br /&gt;- ¿Qué haces?&lt;br /&gt;- Estoy recogiendo. Me voy.&lt;br /&gt;- No te he dicho que te vayas. Sólo quiero que hablemos de lo que ha pasado.&lt;br /&gt;- ¿Qué ha pasado? Te he dicho que ibas a pasar de rosca un tornillo y me has echado de tu casa.&lt;br /&gt;- No. Lo que pasa es que tú no hablas, tú vas haciendo y piensas que has dicho las cosas y en realidad no las has dicho. Y luego quieres que todo se haga como tú has pensado que se hiciera, pero sin que lo hayas comentado. Y me vas a volver loca.&lt;br /&gt;- Joder, no llores. No entiendo qué te pasa... estábamos tan a gusto montándote la estantería y es que todavía no sé lo que ha pasado&lt;br /&gt;- Ante cualquier discusión tú sales corriendo, así cómo quieres que te conozca, así cómo quieres que no me enfade y que sepa lo que quieres. ¿Cómo quieres que sepa si de verdad quieres que vaya a vivir contigo?&lt;br /&gt;- Te he pedido que te vinieras a vivir conmigo... Si te lo he pedido es porque quiero, si no, no te lo hubiera dicho. Pero tú me has dicho que no estabas segura, pues yo lo respeto. Y, por favor, deja de llorar. Toma, un pañuelo.&lt;br /&gt;- Pero es que no estoy segura porque no sé si tú quieres de verdad o te vas a cansar de mí a la media hora de estar juntos.&lt;br /&gt;- No me voy a cansar. Pero si nos cansamos, pues qué le vamos a hacer. No hacer las cosas por miedo a que se estropeen... No llores, ¿cómo me voy a cansar? Si estoy loco por ti... Ven, dame un abrazo.&lt;br /&gt;- ¿De verdad, de verdad que quieres que viva contigo?&lt;br /&gt;- De verdad.&lt;br /&gt;- ¿Y qué hago ahora con la estantería?&lt;br /&gt;- ¡Qué tonta eres! Ven aquí...&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-3863177357697645299?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/3863177357697645299/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=3863177357697645299' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/3863177357697645299'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/3863177357697645299'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2008/08/la-estantera.html' title='La estantería'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SJszGgpxmNI/AAAAAAAAAJw/oVIcydMWDKk/s72-c/piso.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-7480691134452731987</id><published>2008-07-27T00:32:00.003+01:00</published><updated>2009-07-02T09:04:50.534+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='mi fiesta'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='libro'/><title type='text'>El sueño del gato</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SIxKerbZENI/AAAAAAAAAJI/yiF-DKPFIg8/s1600-h/suenogato.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SIxKerbZENI/AAAAAAAAAJI/yiF-DKPFIg8/s320/suenogato.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5227635158384447698" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Estaba a punto de meterme en la ducha cuando sonó el interfono. Fui a ver quién era. Una voz desconocida preguntó por mí. Era el cartero, me traía un paquete. No sabía que los carteros trabajaban los sábados por la mañana. Mientras el hombre subía a casa en el ascensor y me ponía un vestido de verano, me he preguntado qué era lo que vendría a entregarme. De pronto me he acordado. &lt;span style="font-style: italic;"&gt;El sueño del gato&lt;/span&gt;. El libro que ha editado la &lt;a href="http://www.escueladeescritores.com/article1780.html"&gt;Escuela de Escritores&lt;/a&gt; con cuentos de los alumnos. En ese libro hay un cuento mío, &lt;span style="font-style: italic;"&gt;La huida&lt;/span&gt;. Lo pedí hace unos días y lo había olvidado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He sonreído al cartero que me ha hecho firmar un resguardo y, en cuanto se ha ido, he abierto el paquete con cuidado para no estropear el libro. Calculo que debe haber unos trescientos cuentos en él. He tenido la sensación de abrir una caja llena de cartas escritas por algún desconocido con la emoción de poder leerlas. Entonces he empezado a buscar entre los autores a mis compañeros de la Escuela. He encontrado cuentos de Emilia, Begoña, Javier... Aquí sigo desde entonces, leyendo historias diferentes con una cosa en común: la ilusión de formar parte de un libro hecho de sueños, un libro que lleva en su título esa declaración de intenciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Esta fiesta tiene hoy otro motivo para brindar, que el gato no deje de soñar nunca.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-7480691134452731987?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/7480691134452731987/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=7480691134452731987' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/7480691134452731987'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/7480691134452731987'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2008/07/el-sueo-del-gato.html' title='El sueño del gato'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SIxKerbZENI/AAAAAAAAAJI/yiF-DKPFIg8/s72-c/suenogato.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-6214965931020432429</id><published>2008-06-20T00:04:00.006+01:00</published><updated>2009-07-02T09:04:50.534+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='mi fiesta'/><title type='text'>Dúplex de blogs</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SFrrzrbjlAI/AAAAAAAAAIM/KPTvZRX7ITg/s1600-h/marta.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SFrrzrbjlAI/AAAAAAAAAIM/KPTvZRX7ITg/s320/marta.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5213738791698928642" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;© &lt;a href="http://www.martapueyo.com/"&gt;Marta Pueyo&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Hay gente con la que te cruzas y que te hubiera gustado conocer mejor. Me ha pasado eso con Marta. Hemos compartido oficina durante varios años, hasta que un día ella se planteó dejar el trabajo para poder estudiar y dedicarse a lo que más le gusta: hacer fotos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Parece sencillo apostar por lo que más feliz te hace pero, en cambio, tenemos tanto miedo a lo desconocido que a veces hacemos imposibles los cambios, aunque sean para mejor. Por eso, admiro a Marta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un par de días antes de irse, me envió una invitación para ir a una exposición de fotografías suyas. Y entonces fue cuando se nos ocurrió hacer un dúplex de blogs. Ya que están tan de moda las comunidades, nosotras empezamos hoy con esta primera piedra de nuestro dúplex. Yo me inspiraré en sus fotos para escribir mis cuentos y ella se inspirará en mis cuentos para hacer sus fotos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy estamos más de fiesta porque he colgado su primera foto en mi cuento anterior. Un reloj que no marca las horas. No me digáis que no es bonita. Gracias, Marta, y suerte en tus exámenes.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-6214965931020432429?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/6214965931020432429/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=6214965931020432429' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/6214965931020432429'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/6214965931020432429'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2008/06/dplex-de-blogs.html' title='Dúplex de blogs'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SFrrzrbjlAI/AAAAAAAAAIM/KPTvZRX7ITg/s72-c/marta.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-8658500322241366342</id><published>2008-06-03T19:47:00.013+01:00</published><updated>2009-07-02T09:02:56.133+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='familia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='personajes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><title type='text'>Reloj, no marques las horas</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SFrkjcRyINI/AAAAAAAAAH8/8bZbzkM49LE/s1600-h/rellotge.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SFrkjcRyINI/AAAAAAAAAH8/8bZbzkM49LE/s320/rellotge.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5213730816172105938" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=";font-family:georgia;font-size:78%;"  &gt;© &lt;a href="http://www.martapueyo.com/"&gt;Marta Pueyo&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p&gt;Cuando mi hermano Hugo fue de campamento la primera vez yo tenía seis años y los sábados por la mañana papá y mamá hablaban bajito en la cama y a veces decían: “Ay, madre, ay, madre”.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Yo no sabía qué les pasaba aunque pensaba que debía ser algo divertido porque mamá se levantaba contenta y preparaba pan frito para desayunar, y a mí me encantaban los sábados que desayunábamos pan frito todos juntos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Aquel día nos levantamos muy temprano para llevar a Hugo al campamento. Papá le había comprado una mochila enorme con diez bolsillos por lo menos y mi hermano estaba deseando llevarla a la espalda porque mamá le decía que era como la de un explorador.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Paramos en todas las fuentes de la carretera, mamá nos hizo fotos en cada una y Hugo usaba el cacillo de lata del campamento para beber. Después, teníamos que parar porque nos hacíamos pis y papá apuraba hasta el último momento. Mamá se ponía nerviosa y decía: “aquí mismo, para aquí”, mientras nosotros gritábamos: “para ya, papá, que me lo hago”.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Antes de llegar al campamento tuvimos que pasar por un camino de tierra. Mamá llevaba un mapa que le habían dado a Hugo los boyscouts; pero creo que no estaba muy bien dibujado porque mamá dijo: “nos hemos perdido, hay que preguntar”.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Papá estaba enfadado porque no le gustaba perderse y menos que mamá le dijera cada dos por tres: “pregunta, Antonio, hay que preguntar”.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Llevábamos ya un buen rato perdidos en medio del campo y mamá venga a decirle a papá que preguntase, hasta que él bajó la ventanilla y dijo: “eh, amigo, ¿por dónde se va al campamento de los boyscouts?”. Mamá, Hugo y yo nos asomamos por la ventanilla; pero no vimos a nadie. Yo pensé que debía de haber algún hombre escondido detrás de un árbol o algo así, hasta que mamá dijo: “¿a quién preguntas?” Y papá respondió: “a nadie, pero ya he preguntado, ¿no?”. Entonces, mamá y Hugo empezaron a reírse, y yo me reí también, aunque no sabía muy bien por qué; pero a papá no le hizo ninguna gracia.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Por fin llegamos al campamento, nos despedimos de Hugo y nos quedamos mirándolo cuando se cargó la mochila y caminaba hacia su tienda. Sólo se le veían las piernas blancas y escuchimizadas por debajo. Parecía una mochila con patas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;A la vuelta, le pregunté a mamá cuándo me tocaba a mí ir de campamento y ella me respondió: “cuando tengas diez años”.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Después, papá puso la cinta de Antonio Machín, que era la que más nos gustaba, y todos cantamos &lt;i&gt;Reloj, no marques las horas&lt;/i&gt;. A mamá le encantaba esa canción, decía que era romántica; pero a mí me ponía un poco triste, como cuando los domingos volvíamos de comer en casa de los abuelos y yo todavía tenía que hacer divisiones antes de cenar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Hugo volvió al cabo de una semana lleno de picaduras de mosquito, y aunque contaba que la comida era asquerosa y que no paraban de andar y correr y trabajar todo el día, a mí no se me quitaron las ganas de tener diez años e ir de campamento con una mochila llena de bolsillos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Hoy mamá ha puesto el despertador a las ocho de la mañana. Papá vendrá a recogerme. Ya se ha puesto bueno y no está tan triste como cuando dejó de trabajar porque tenía la enfermedad de la depresión y, como ya puede conducir, me llevará al campamento. Hugo vendrá con nosotros, aunque le fastidia y está enfadado. Dice que prefiere quedarse para jugar al fútbol con sus amigos y ya quiere saber si volverán antes de las ocho, porque ha quedado con su amiga Clara (en realidad es su novia, pero a él le da rabia que la llamemos así) para ir al parque. Seguro que se pasa todo el viaje con los cascos puestos, escuchando música y sin hablar. Mamá dice que es porque está en la edad del pavo; pero él dice que nadie lo entiende. Y la verdad es que yo no lo entiendo, siempre está peleándose con mamá porque nunca le hace caso a la primera. Entonces, mamá se enfada y dice: “se acabó la tele”. Así que al final me quedo sin tele sin haber hecho nada malo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Mamá no vendrá con nosotros al campamento, porque como ahora están separados ya no vamos juntos a ningún sitio. Pero ayer me prometió que haría pan frito para desayunar, aunque a mí me ha dado un poco de pena recordar los sábados por la mañana en los que hablaban bajito en la cama y decían: “ay, madre; ay, madre”, que ahora ya sé que es hacer el amor, porque ya tengo diez años.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 102, 0);font-size:85%;" &gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;(*) Tengo que poner título a este cuento y tengo dos opciones: "Una mochila con diez bolsillos" o "Reloj, no marques las horas". Como no me decido, te pido ayuda: ¿Qué título te gusta más? Escribe tu respuesta en los comentarios. ¡Gracias!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 102, 0);font-size:85%;" &gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;ACTUALIZACIÓN 18/06: Título fijado definitivamente como "Reloj, no marques las horas" gracias a la aportación de los usuarios y a la de mi amiga &lt;a href="http://www.martapueyo.com/"&gt;Marta Pueyo&lt;/a&gt;, que me ha regalado una foto preciosa para ilustrar este post.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-8658500322241366342?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/8658500322241366342/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=8658500322241366342' title='19 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/8658500322241366342'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/8658500322241366342'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2008/06/reloj-no-marques-las-horas.html' title='Reloj, no marques las horas'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SFrkjcRyINI/AAAAAAAAAH8/8bZbzkM49LE/s72-c/rellotge.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>19</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-6075826147499388242</id><published>2008-04-19T19:24:00.006+01:00</published><updated>2009-07-02T09:04:50.534+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='mi fiesta'/><title type='text'>Rosas contra el olvido</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SAo8ai3G2sI/AAAAAAAAAHU/jJccVg4yw-Y/s1600-h/rosas.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SAo8ai3G2sI/AAAAAAAAAHU/jJccVg4yw-Y/s320/rosas.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5191027947230124738" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;© &lt;a href="http://www.rosescontraloblit.com/index_es.html"&gt;&lt;span style="text-decoration: underline;"&gt;Roses contra l'oblit&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;El próximo miércoles se celebra una de las fiestas que más me gustan de Barcelona: el día de &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Sant Jordi&lt;/span&gt;. Los enamorados se regalan libros y rosas. Según la tradición, ella compra un libro para él, y él una rosa para ella. Por fortuna, la mayoría hemos adaptado un poco la tradición a estos tiempos y regalamos rosa y libro, independientemente del sexo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las calles de Barcelona se llenan de tenderetes y de gente que pasea cargada de libros y de rosas. Es una fiesta en la que todos participan, un día en el que merece la pena salir a darse una vuelta y disfrutar del ambiente. Me encanta la combinación de libros, rosas y amor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Supe el otro día de una iniciativa, &lt;a href="http://www.rosescontraloblit.com/index_es.html"&gt;Rosas contra el olvido&lt;/a&gt;, que invita a la gente a regalar rosas a personas mayores que sufren las consecuencias de la soledad y la vejez. El objetivo, llegar a las 1001 rosas. No son muchas, ¿los ayudamos?&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-6075826147499388242?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/6075826147499388242/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=6075826147499388242' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/6075826147499388242'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/6075826147499388242'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2008/04/rosas-contra-el-olvido.html' title='Rosas contra el olvido'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SAo8ai3G2sI/AAAAAAAAAHU/jJccVg4yw-Y/s72-c/rosas.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-1280785454748432946</id><published>2008-04-19T12:08:00.003+01:00</published><updated>2009-07-02T09:04:50.535+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='mi fiesta'/><title type='text'>Cumpleaños desapercibido</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SAnWdS3G2rI/AAAAAAAAAHM/OvR1CY4suOQ/s1600-h/copas.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SAnWdS3G2rI/AAAAAAAAAHM/OvR1CY4suOQ/s320/copas.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5190915844288731826" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;© &lt;a href="http://www.flickr.com/photos/saulgm/332993997/"&gt;Saul GM&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;El lunes pasado esta fiesta cumplió un año. Me he dado cuenta hace unos minutos. He estado tan liada que olvidé descorchar una botella y brindar con vosotros, los que pasáis por aquí y los que dáis vida a este baile, lanzándoos a la pista con las primeras notas de cualquier canción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gracias, gracias, gracias mil por no dejar de sorprenderme, por hacer que ese adjetivo que titula este blog siga teniendo sentido, por manteneros atentos a pesar de los cambios de ritmo. Estoy aprendiendo, gracias por la paciencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es un placer veros por aquí. Coged una copa y brindad conmigo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-1280785454748432946?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/1280785454748432946/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=1280785454748432946' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/1280785454748432946'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/1280785454748432946'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2008/04/cumpleaos-desapercibido.html' title='Cumpleaños desapercibido'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SAnWdS3G2rI/AAAAAAAAAHM/OvR1CY4suOQ/s72-c/copas.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-5441971654082504744</id><published>2008-04-19T11:08:00.002+01:00</published><updated>2009-07-02T09:02:56.135+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fantástico'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='personajes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><title type='text'>El baño</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SAnIFi3G2qI/AAAAAAAAAHE/zuJGHLuLZfY/s1600-h/piscina.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SAnIFi3G2qI/AAAAAAAAAHE/zuJGHLuLZfY/s320/piscina.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5190900043104049826" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;p style="text-align: center;font-family:georgia;"  class="MsoNormal"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;© &lt;a href="http://www.flickr.com/photos/minuano12/2246727277/"&gt;minuano12&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Amaneció un día espléndido de primavera tardía. Cálido, soleado, claro. Yo había estado esperando durante todo el invierno que llegara un día así. Cada vez que me asomaba al balcón, observaba la piscina reluciente, con sus pequeños azulejos de gresite que teñían el agua de un azul intenso, casi irreal. Me sentía fascinada por su quietud, sólo interrumpida a veces por las ondas que dejaba a su paso algún gorrión que sobrevolaba el agua, apenas rozándola para beber. Los días de lluvia, se me pasaban las horas mirando embelesada las diminutas salpicaduras que agitaban la superficie, componiendo una coreografía hipnótica como las interferencias de una televisión no sintonizada, en la que las oscilaciones provocadas por cada gota de lluvia se entrecruzaban como las notas improvisadas de una jam session.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;La piscina está situada en medio del patio trasero de nuestra casa, orientado al sur. La rodea una franja de césped que termina en los muros altos de piedra que delimitan el jardín. Muy pocas veces sopla el viento y siempre viene del norte, pasando por encima de la casa sin alterar la placidez del agua.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Cuando desperté aquel sábado de primavera, me asomé al balcón y comprobé que no había ni una sola hoja flotando sobre la superficie de la piscina, parecía como si toda el agua fuese un solo bloque inamovible de cristal azul. Durante unos segundos me sentí como parte de una fotografía, detenida en el tiempo. Un instante sólo alterado por el deseo de sumergirme en el agua después de un rato de sol.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Entré en la habitación. Mi marido todavía dormía en nuestra cama. Había llegado tarde la noche anterior y no quise despertarlo. Además, me apetecía disfrutar sola de ese momento que había estado esperando durante todo el invierno.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Unos días antes me había comprado un bikini nuevo. Decidí estrenarlo, pero mientras me desnudaba sólo podía pensar en el placer del baño que iba a darme, el primero de la temporada de calor, y entonces el bikini me pareció una prenda incómoda e innecesaria. Yo no solía bajar desnuda. Mi marido siempre insistía en que los muros del jardín eran lo suficientemente altos como para que nadie pudiera vernos desde otras casas; pero me incomodaba estar sin ropa al aire libre, siempre pensaba que alguien podría llegar a la casa de forma inesperada, aunque sabía que era un temor infundado, porque la única persona que tenía llaves era la asistenta, quién siempre llamaba antes de entrar. Sin embargo, aquel día bajé las escaleras desnuda y me tumbé sin pudor en una de las hamacas del jardín.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Estuve durante un buen rato acumulando rayos de sol y calor, alargando la espera del baño como un niño que deja la mejor golosina para el final, hasta que sentí unas gotas de sudor recorrer mi costado y me incorporé, dispuesta a sumergirme en el agua. Noté que estaba agitada, nerviosa, como cuando se acerca el momento de un primer beso. Quizás por eso mi recuerdo de aquel instante sea un poco difuso, como si en mi memoria no hubiera quedado sitio más que para la excitación y el deseo de estar dentro de la piscina.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Bajé despacio por la escalerilla, sintiendo cómo se me erizaba la piel al contacto con el agua fría, cómo mi respiración se aceleraba y perdía el compás a medida que mi cuerpo se empapaba. Me sumergí por completo y me repuse de la impresión inicial con un par de brazadas suaves. Podía ver cómo al nadar iba dibujando en la superficie una pequeña ola que me precedía sólo unos centímetros y me sentí hipnotizada por la suavidad con que el agua mansa se iba transformando en onda hasta llegar al borde de la piscina.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Nadé con suavidad durante un tiempo indeterminado, gozando de una especie de ingravidez que me iba transformando. De pronto reparé en que no estaba cansada, era como si los brazos y las piernas se movieran sin esfuerzo, flotando al son del agua sin que nada los impulsara, como si no tuviera huesos y mis músculos se hubieran vuelto fluidos. Mi baño sólo se interrumpía de forma desagradable cuando sacaba la cabeza para respirar. Justo entonces, sentía que me ahogaba. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Seguí nadando y buceando, abstraída por completo de pensamientos y cada vez alargaba más el momento de salir a respirar. No sé cuánto rato estuve así, de un lado a otro de la piscina, pero recuerdo que varias veces descarté la intención de terminar el baño e ir a preparar el desayuno. Tendría que secarme un poco al sol y subir a casa. Pero me sentía tan relajada que en el mismo instante que pensaba eso, decidía pasar un rato más en la piscina.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;En un momento dado me dí cuenta de que, de una zambullida, había dado dos vueltas buceando a la piscina. Me maravillé por mi recién descubierto aguante. Aunque no tenía necesidad, por inercia, saqué la cabeza del agua para respirar. En un segundo vi a mi marido asomado al balcón. Me pareció que estaba buscándome; pero antes de poder gritarle que estaba dándome un baño, sentí una angustiosa opresión en los pulmones y una asfixia insoportable. En un movimiento reflejo volví a sumergirme hasta que pude recuperarme y sentirme un poco mejor. Desde debajo del agua podía ver a mi marido entrar y salir de la habitación, buscándome con la mirada desde el balcón. Pensé que tendría que advertirle de que estaba en la piscina, pero cuando intenté llamarlo, otra vez con la cabeza fuera del agua, volvió la opresión y la asfixia y me zambullí de nuevo, sin apenas tiempo para emitir un gemido que él no pudo escuchar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Asumí que en algún momento él me encontraría y me abandoné a la ingravidez del agua, resistiéndome a realizar ningún esfuerzo por nadar, meciéndome en el propio movimiento ondulatorio que yo había creado. Poco a poco me invadió la sensación de que ocupaba toda las piscina, notaba el roce de los pequeños azulejos de gresite en mis caderas, en la espalda, en las plantas de los pies. Y esa percepción me fascinaba, nunca había sentido tanto bienestar, una armonía que no tenía comparación con ningún momento que yo hubiera vivido. No estaba sumergida en el agua. Era el agua misma. Me sobrevino esa certeza como cuando alguien sabe que tiene hambre, de una forma natural, sin razonamiento ni preocupación. Miré mi cuerpo desnudo y no me sorprendió no verlo, porque yo estaba dentro de mi cuerpo, que había ocupado el volumen de toda la piscina.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  class="MsoNormal" style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Desde entonces, paso unos inviernos apacibles, a veces mecida por la cadencia de las gotas de lluvia que se funden en mi superficie, y unos veranos agitados por los baños de la familia que vino a vivir a la casa el otoño siguiente, cuando mi marido se trasladó, después de un verano extraño, lluvioso y frío.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style=";font-family:georgia;font-size:100%;"  &gt;He sido feliz todo este tiempo, pero ahora me asalta una preocupación. He oído decir que van a hacer obras en el patio. ¿Y si tuvieran que vaciar la piscina?&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-5441971654082504744?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/5441971654082504744/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=5441971654082504744' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/5441971654082504744'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/5441971654082504744'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2008/04/el-bao.html' title='El baño'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/SAnIFi3G2qI/AAAAAAAAAHE/zuJGHLuLZfY/s72-c/piscina.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-8508916429456495021</id><published>2008-03-11T19:02:00.003Z</published><updated>2009-07-02T09:02:56.135+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='amor'/><title type='text'>La cena</title><content type='html'>Julia se había quedado sentada en el sofá leyendo una revista, mientras Manuel, en la cocina, batallaba con unos rábanos que se resistían a ser pelados. Se le escurrían de las manos, como se le estaba escurriendo desde hacía meses el momento adecuado para hablar con Julia.&lt;br /&gt;- ¿Te ayudo? - le había preguntado ella.&lt;br /&gt;- No hace falta - había respondido él, ansioso por desaparecer de su vista y repasar a solas, una vez más, la conversación que tenía pendiente con ella.&lt;br /&gt;Se había ofrecido a hacer la cena. "Julia, tenemos que hablar", le diría después. Una ensalada y algo de fruta. "¿Qué pasa?", respondería ella. Una cena sencilla, sosa, sin riesgo de que a ella le gustase especialmente. "Ya no te quiero", continuaría él. De esos platos cotidianos que pasan desapercibidos. "¿Qué? ¿Qué quieres decir con que ya no me quieres?", preguntaría ella de forma retórica clavando sus ojos en él. Una comida rápida hecha sin amor, una más de una noche más. "Ya no siento lo mismo por ti", trataría de explicarse él. Lechuga, tomate, zanahoria, espárragos, maíz y rábanos. "¿Has conocido a alguien?", preguntaría ella tratando de justificar el desamor. Nada elaborado ni delicioso. "No, no es culpa de nadie", él le diría la verdad. Una cena anodina que, sin embargo, los dos recordarían siempre.&lt;br /&gt;- ¿Quieres que fría un poco de beicon y se lo echamos a la ensalada? - Julia apareció en la cocina por sorpresa.&lt;br /&gt;- Por mí no, pero si tú quieres - ya estaba, ya se había liado, ya no sería la cena aséptica que necesitaba. Ahora ella, como siempre hacía, se afanaría en compartir con él aquel momento. Querría resucitar su ensalada muerta, dar vida a una cena marchita, combatir el silencio con una de esas discusiones circulares en los que ambos se abandonaban a la decisión del otro, "como tú&lt;br /&gt;quieras, a mi me da igual".&lt;br /&gt;- Venga sí, y abrimos una botellita de vino - afirmó Julia, sorprendiendo a Manuel con su determinación.&lt;br /&gt;- No - cortó él. - Bueno, yo no quiero, que mañana me tengo que levantar temprano - añadió, tratando de suavizar la frialdad de su negación anterior.&lt;br /&gt;- ¿Qué te pasa? ¿Estás de mal humor? - preguntó ella y él se sintió culpable.&lt;br /&gt;- No me pasa nada - respondió Manuel, alargando la primera sílaba de la palabra "nada", como si fuera la tercera vez que pronunciaba aquella frase.&lt;br /&gt;- Bueno, pues yo sí beberé un poco de vino - dijo Julia fingiendo no haber oído el tono con que él le había contestado.&lt;br /&gt;Se hizo un silencio incómodo mientras ella descorchaba una botella. Manuel observó las piernas de Julia a las que había dedicado su mirada tantas horas hacía tantos años. Las seguía teniendo bonitas. Incluso cuando asomaban por debajo del camisón, luciendo aquellos calcetines para llevar sin zapatos con topitos plastificados en la suela y que le llegaban a la altura de la&lt;br /&gt;pantorrilla. Parecía una niña. Ese pensamiento le dió ganas de llorar. ¿Cómo explicar algo que uno mismo no entiende? Ya no la quería. No había nada más. Y a la vez sentía la necesidad de abrazarla. Quizás para dejar de sentirse culpable. O para dejar de sentirse tan solo.&lt;br /&gt;Ella abrió la botella sin esfuerzo, aunque con aquella mueca que siempre hacía cuando estaba concentrada, asomando la punta de la lengua por el lateral de la boca.&lt;br /&gt;- ¿Seguro que no te apetece? - preguntó ella levantando la botella.&lt;br /&gt;- Ya no te quiero - dijo Manuel, mirándola. Y se le ocurrió que, como en el cine, un zoom alejaba el fondo y acercaba la imagen de ella que resaltaba nítida sobre la cocina desenfocada.&lt;br /&gt;Julia puso despacio la botella sobre la encimera; pero no la soltó. Se agarró a ella como si fuera un punto de apoyo. "¿Desde cuándo?", preguntó como si se hubiera perdido en medio de una ciudad desconocida.&lt;br /&gt;- Ya no me acuerdo - respondió él.&lt;br /&gt;Ella retiró despacio la mano con que sujetaba la botella. El corcho rodó por la encimera y cayó al suelo. Los dos se concentraron en seguir su recorrido, hasta detenerse a los pies de Julia. Manuel vio salir de la cocina a los calcetines de topos plastificados antes de preguntarse cuántas ensaladas resucitadas habían compartido desde que la conoció.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-8508916429456495021?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/8508916429456495021/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=8508916429456495021' title='11 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/8508916429456495021'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/8508916429456495021'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2008/03/la-cena.html' title='La cena'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-156553651291815429</id><published>2008-02-23T17:15:00.007Z</published><updated>2009-07-02T09:02:56.136+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='familia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='personajes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><title type='text'>El mejor momento del día</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/R8BVZMjOH9I/AAAAAAAAAFc/ZhAzatQqSFI/s1600-h/elmejormomento.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/R8BVZMjOH9I/AAAAAAAAAFc/ZhAzatQqSFI/s320/elmejormomento.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5170226263575371730" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;© &lt;a href="http://www.morguefile.com/forum/profile.php?username=click"&gt;click&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;Cuando llega la hora de comer, Pilar prefiere salir del hospital y sentarse en un banco del parque a tomar un bocadillo. Es un momento para respirar, un momento de sosiego, al que se abandona con placer, el mejor momento del día. A veces camina un rato y da vueltas a la manzana. Mira con un poco de envidia a los transeuntes. Ellos son libres. Tienen una vida normal, van a trabajar, llevan a los niños al colegio, leen una novela en el autobús, están preocupados por la subida de los precios, por el cambio climático o por el paso del AVE por el centro de la ciudad. Esperan el fin de semana para descansar, o quizás, con un poco de suerte, salir de la ciudad con algún plan que los sacará de la monotonía de cada día.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Pilar dedica su tiempo de la comida a fantasear que es una persona normal, que sale de su trabajo estresante y se relaja un rato antes de volver a la oficina. A veces, incluso proyecta un fin de semana en la playa o mira escaparates a ver si encuentra un bonito vestido para el verano.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Los días de lluvia se va a la estación y pregunta los horarios de los trenes que van a Tarragona. Y se sienta frente a los paneles de información de salidas como si estuviera esperando que anunciaran el andén al que se tiene que dirigir para coger su tren. Observa con curiosidad a los viajeros, tratando de adivinar a dónde van y si compartirán vagón con ella.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Pilar saborea despacio el bocadillo y disfruta de ese momento, el mejor del día, un rato que ella ha decidido inconscientemente que será suyo, donde no quepa el dolor, ni la preocupación, ni la angustia, ni la culpa. Y en ese rato, sin darse cuenta ni proponérselo, acumula energía y fuerza, a base de pensar que es una persona como las demás, con una vida normal, medianamente feliz, medianamente tranquila.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Después, vuelve al hospital sin rencor, sin nostalgia porque el mejor momento del día se acabe. Vuelve al hospital gozando de esos últimos minutos de libertad, de aire, de normalidad. Y cuando entra en la habitación donde su hijo Andrés lleva ingresado seis meses, Pilar ya no se acuerda de su otra vida, de la vida normal que sueña cada día a la hora de comer. Se acaban las preocupaciones normales por la subida de los precios, por el cambio climático o por el paso del AVE por el centro de la ciudad, y se instala otra preocupación mucho más honda, más hiriente, más culpable, una preocupación que no tiene vacaciones ni fines de semana, una preocupación contraria a lo normal, extraña, enfermiza, dolorosa, la que la mantiene alerta ante cada respiración de su hijo, el niño que, según dicen, ya ha vivido más de la cuenta y que, sin embargo, quiere ser médico de mayor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-156553651291815429?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/156553651291815429/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=156553651291815429' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/156553651291815429'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/156553651291815429'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2008/02/el-mejor-momento-del-da.html' title='El mejor momento del día'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/R8BVZMjOH9I/AAAAAAAAAFc/ZhAzatQqSFI/s72-c/elmejormomento.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-4475514821928650546</id><published>2008-02-22T08:03:00.003Z</published><updated>2009-07-02T09:02:56.136+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='personajes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><title type='text'>Taller de Cine y Vídeo</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/R7_knsjOH8I/AAAAAAAAAFU/DZ_Q5SJw4CA/s1600-h/tallercineyvideo.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/R7_knsjOH8I/AAAAAAAAAFU/DZ_Q5SJw4CA/s320/tallercineyvideo.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5170102267869536194" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:-1;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;© Charles Chaplin&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“Taller de Cine y Vídeo”. Enseguida me llamó la atención el pequeño cartel colgado en el tablón de corcho de la Casa de &lt;st1:personname productid="la Cultura. En Las" st="on"&gt;la Cultura. En Las&lt;/st1:personname&gt; Tablas no había mucho que hacer, era un pueblo perdido en medio de una gran llanura casi desierta, a más de tres horas de la ciudad más cercana, en un punto estratégico sobre una colina que emergía como una isla en medio de un mar plano de tierra estéril y pedregosa. Yo llevaba dos años allí trabajando. Había sido una suerte encontrar una plaza en la biblioteca cartográfica más desconocida del país, donde me dedicaba a recuperar, catalogar y digitalizar mapas. Un sueño para cualquier documentalista. El único inconveniente era que Las Tablas no tenía mucho que ofrecer aparte del trabajo, así que yo acogía con entusiasmo cualquier actividad que me sacara de la rutina.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Tenía algunos amigos allí, como Víctor Pineda, el alcalde, un chico de mi edad que se metió en política más por aburrimiento que por vocación, y que, de vez en cuando, conseguía subvenciones para organizar cursos o conciertos en la Casa de la Cultura del pueblo. Entre Víctor y yo convencimos a Elena, la de la mercería, para que se apuntara al taller. Además, se inscribieron otros tres compañeros que yo sólo conocía de vista. Julián, quién estudiaba a distancia Filosofía mientras ayudaba en el bar que regentaba su padre en el Casino; Ana, la peluquera y Serafín, un carpintero por vocación que construía maquetas de edificios famosos con palillos de dientes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;El primer día del taller nos estábamos presentando cuando aparecieron nuestros profesores, Daniel y Gema, cargados con una cámara y un maletín lleno de vídeos y documentos. Eran una pareja joven que dedicaban sus fines de semana a ir de pueblo en pueblo impartiendo aquel curso, contratados por Ayuntamientos o Colegios, compaginando esa actividad con su trabajo en una tienda de telas que el padre de Daniel tenía en la ciudad. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Gema nos explicó el programa del taller y nos aseguró que la cuarta semana seríamos capaces de montar un cortometraje en sólo dos días.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;A medida que transcurría la mañana e íbamos enfrascándonos en la Historia del Cine, desde los hermanos Lumière hasta la llegada del sonido, Gema y Daniel se fueron transformando en divos en blanco y negro, transmitiéndonos su pasión por aquellas películas como si fuéramos los productores de los que dependía su rodaje. Gema adquiría la pose de &lt;st1:personname productid="la vampiresa Theda Bara" st="on"&gt;la vampiresa Theda Bara&lt;/st1:personname&gt; mientras veíamos escenas de &lt;i&gt;Cleopatra&lt;/i&gt;, Daniel parecía la reencarnación de Griffith hablándonos de los decorados y los planos de &lt;i&gt;Intolerancia&lt;/i&gt;. Ambos se quedaban mudos como si fueran parte del decorado de la escena final de &lt;i&gt;La quimera del oro&lt;/i&gt; y a nosotros seis nos atrapaba la melancolía que invadía a nuestros profesores al volver a ver la escena final de &lt;i&gt;Candilejas&lt;/i&gt;.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Creo que fue aquel día en el que Julián empezó a pensar en el argumento de nuestro corto, basándose en un poema del checo Vladimir Holan, &lt;i&gt;Toscana&lt;/i&gt;. Aunque estuvimos encontrándonos en el Casino cada tarde desde ese fin de semana, intercambiándonos las películas que Daniel y Gema nos había prestado, hablando de cine y de posibles argumentos para el cortometraje, Julián no comentó que estaba escribiendo un guión hasta varios días después.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;El sábado siguiente reanudamos el taller dispuestos a pasarnos otras seis horas viendo películas, pero Daniel y Gema lo dedicaron a explicarnos la parte técnica del cine, los tipos de planos, la iluminación, la construcción de las escenas, el enfoque. Estuvimos haciendo pruebas con la cámara y descubriendo trucos que se empleaban para dar efectos de miedo, de persecución o de lejanía. A partir de ese día, y durante mucho tiempo, no pude ver una película sin contar el número de veces que cambiaba el plano.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Antes de que acabara el fin de semana, Víctor ya nos anunció que había pedido una subvención para montar un cine fórum al cabo de unos meses, Elena comparaba a sus clientas de la mercería con actrices famosas, Ana quería hacer un curso de maquillaje para cine y teatro, Serafín soñaba con montar un taller de decorados en la ciudad y yo con organizar sesiones de cine con los vídeos que se pudrían en la biblioteca en la que trabajaba. Sólo Julián permanecía callado escuchándonos, aunque, de vez en cuando,  preguntaba a Daniel y Gema sobre los tipos de plano más convenientes para escenas que le venían a la cabeza.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Entonces llegó la sesión de guión. Estuvimos esbozando algunas ideas que comentábamos con los profesores, la dificultad de rodarlas, los escenarios donde podrían transcurrir y otras dudas que iban surgiendo sobre &lt;st1:personname productid="la marcha. Julián" st="on"&gt;la  marcha. Julián&lt;/st1:personname&gt; miraba unos papeles ensimismado, mientras íbamos charlando, hasta que Gema le preguntó en qué estaba pensando.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Bueno, yo he escrito un guión –dijo él mirándonos a todos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Ah, ¿sí? Venga, pues léenoslo –le animó Daniel.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Julián empezó a leer su guión, después de decirnos con timidez que estaba basado en un poema. Había pensado en todo. Las escenas, los planos, el entorno, el vestuario. Los siete oyentes escuchamos hipnotizados la historia a medida que Julián nos explicaba cómo había imaginado cada escena, qué música acompañaría cada momento, qué sensación quería reflejar con cada plano.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Un escritor vive en un pueblo de &lt;st1:personname productid="la Toscana. Suele" st="on"&gt;la Toscana. Suele&lt;/st1:personname&gt; escribir en alguna taberna, siempre acompañado de un vaso de vino. Dedica algunas palabras a los ancianos que se sientan en mesas cercanas a la suya, pero se le ve enfrascado en una historia que no acaba de redondear. El poema que escribe tiene que ver con una mujer. Lo sabemos porque mientras está sentado en la mesa, con la pluma en la mano, garabateando unos papeles, hay fundidos que trasladan al espectador a escenas irreales, como de sueño, en las que aparece la mujer con un vestido blanco de gasa que oscila con la brisa. Él corre hacia ella hasta darse cuenta de que ha desaparecido. Entonces se desespera mirando hacia todas partes sin verla. Volvemos a la relidad y vemos al escritor abatido, con la cabeza entre las manos, como si no supiera por dónde seguir. En otro de sus sueños se los ve de frente a la cámara en un plano medio, desnudos de cintura para arriba. Entonces el plano se rompe en mil pedazos y nos damos cuenta de que estaban ante un espejo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Un día, de pronto, recibe una carta de manos de una niña. La lee y la imagen se pierde entre las letras que se van difuminando hasta llenar &lt;st1:personname productid="la imagen. Sabemos" st="on"&gt;la  imagen. Sabemos&lt;/st1:personname&gt; que ha pasado algún tiempo porque el escritor lleva otra ropa. Camina al encuentro de &lt;st1:personname productid="la mujer. Es" st="on"&gt;la mujer. Es&lt;/st1:personname&gt; irreal porque ella es la protagonista de su historia; pero es real porque donde se encuentran son escenarios por los que ya lo hemos visto moverse cuando la película transcurría en el plano de &lt;st1:personname productid="la realidad. Se" st="on"&gt;la realidad. Se&lt;/st1:personname&gt; encuentran y pasean por el pueblo. Un travelling circular marca un momento álgido, en el que están cara a cara, mirándose al fin, en medio de una estancia enorme y vacía con grandes ventanales en forma de arco, donde la luz es tan intensa que el espectador apenas puede ver sus figuras. Ellos permanecen allí mirándose mientras el travelling nos transporta a otro escenario similar, lleno de luz, pero ahora está en ellos, porque están al aire libre, y lo que se vuelve oscuro es lo que enmarcan los arcos, las tumbas de un cementerio. El travelling acaba y la cámara se centra en los ojos del escritor, que está mirando fijamente a la mujer, como si se perdiera dentro de ella. En la escena final, los dos están sobre una cama dormidos, envueltos en sábanas blancas, en una postura que parece el símbolo del ying y el yang, cada uno con la cabeza frente a las piernas del otro. Encogidos, pero relajados. Entonces una lluvia de pétalos de rosas rojas cae sobre ellos y el plano se funde con otro en el que vemos unos escritos en el suelo salpicados de miles de gotas de sangre, que en un principio confundimos con las flores, y una mano muerta colgando sobre ellos. Un travelling recorre la imagen de la mano, sube por el brazo y vemos el rostro muerto del escritor sobre una cama.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Nos quedamos boquiabiertos, sin saber qué decir.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Ella era la muerte – explicó Julián, sin necesidad, antes de que pudiéramos expresar nuestra admiración.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Al cabo de unos segundos de silencio, Gema dijo:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Chicos, vamos a rodar ese corto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Y entonces nos pusimos a trabajar. Daniel empezó a pensar en el vestido de la protagonista, que coseríamos con telas de su tienda. Serafín iba dándole vueltas al mecanismo con el que haríamos el travelling circular. Julián, que había pensado en todo, nos llevó a ver los escenarios que había imaginado. Ana dijo que tenía un espejo que podíamos romper, claro que sólo podríamos hacer una toma de esa escena. Gema y yo estuvimos de acuerdo en que Víctor debía ser el escritor, porque era alto y delgado, con pinta de intelectual. Al fin, Julián se atrevió a sugerir que había pensado en Elena para representar el papel de la protagonista y a partir de ese momento todos empezamos a llamarla &lt;i&gt;la musa&lt;/i&gt;. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Nos pasamos toda la semana organizando el momento del rodaje, revolucionamos a medio pueblo y en aquellos días ninguno de nosotros echó de menos estar en otro lugar o pensar en otra cosa que no fuera nuestro corto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;De todas las escenas, sólo tuvimos que renunciar al espejo roto en mil pedazos, porque a la hora de la verdad no conseguimos que se partiera más que en tres; pero incluso estuvimos tan orgullosos del travelling circular, que manteamos a Serafín por haber sido capaz de construir aquellos raíles artesanos con los que lo hicimos. Cada uno de nosotros fue cámara en los planos que más nos gustaban e incluso se nos unieron algunos amigos que sujetaban cartulinas blancas alrededor de Víctor y Elena para dar más luz a la escena.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;El día del montaje, habíamos hablado tanto con Julián, con Daniel y Gema, que en unas horas lo tuvimos acabado y terminamos el taller brindando por nuestro trabajo con unas cervezas a las que nos invitó el padre de Julián en el Casino.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Los vecinos de Las Tablas fueron al estreno de &lt;i&gt;Toscana&lt;/i&gt; en la Casa de la Cultura y todos nos sentimos como si estuviéramos pisando la alfombra roja del Teatro Kodak de Los Ángeles.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;El Taller de Cine y Vídeo había acabado, pero cada uno de nosotros tenía dentro una inquietud que mantendríamos ya para siempre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Seguimos encontrándonos con frecuencia, para ver películas o planear otro corto que había escrito Julián, &lt;i&gt;Veinte de febrero&lt;/i&gt;, y que nunca llegamos a grabar. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Poco después, volvimos a coincidir con Daniel y Gema en la ciudad, porque habían presentado la cinta en una muestra de cine joven y había sido seleccionada para una proyección. Resultó un poco decepcionante después del estreno en Las Tablas, porque en la sala enorme sólo estábamos nosotros y otro grupo de gente que esperaban para ver su película que se proyectaba a continuación.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Vivimos aquel invierno como si fuéramos los protagonistas de un cuento de Éric Rohmer, llenos de sueños y de proyectos que aparecían en todos los encuentros por la calle, en los cafés que compartimos e incluso en las siguientes elecciones que Víctor volvió a ganar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Un tiempo después me fui de Las Tablas. Era complicado mantener en buenas condiciones los mapas de la biblioteca, así que los trasladaron a una de la ciudad, más grande y con mejores instalaciones, por lo que mi trabajo allí se esfumó junto con los mapas. Desde entonces, hablé con algunos de mis compañeros del taller un par de veces por teléfono, en algún cumpleaños y también cuando supe que Ana y Serafín se casaban. Ellos me explicaron que hacía tiempo que Julián se había ido a vivir a Londres, cuando terminó la carrera de Filosofía, pero que no sabían nada más.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:georgia;font-size:100%;"  &gt;Hoy he tenido noticias de él, cuando he buscado en el periódico en la sección de cine una película para ir a ver mañana y he descubierto que en una sala pequeña, en la hora golfa del jueves, ponen &lt;i&gt;Veinte de febrero&lt;/i&gt;, dirigida por Julián García.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Garamond;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-4475514821928650546?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/4475514821928650546/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=4475514821928650546' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/4475514821928650546'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/4475514821928650546'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2008/02/taller-de-cine-y-vdeo.html' title='Taller de Cine y Vídeo'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/R7_knsjOH8I/AAAAAAAAAFU/DZ_Q5SJw4CA/s72-c/tallercineyvideo.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-66563847944589033</id><published>2008-02-11T22:45:00.004Z</published><updated>2009-07-02T09:02:56.136+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='personajes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='amor'/><title type='text'>Toscana</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/R7IXicjOH7I/AAAAAAAAAFM/M7bfsOD6Axg/s1600-h/veleta2.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/R7IXicjOH7I/AAAAAAAAAFM/M7bfsOD6Axg/s320/veleta2.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5166217603094290354" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;© &lt;a href="http://flickr.com/photos/erio/52551550/"&gt;ERIO&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;Hay días que transcurren vacíos, que no aportan nada. Días que podrían no haber pasado o en los que me siento como si estuviera en una sala de espera, en la que no hay nada más que hacer que aguardar el momento en el que a uno le toca el turno de actuar. Mientras tanto, voy sirviendo cafés, cruzando unas palabras con los clientes, escuchando las quejas continuas de Eduardo porque su equipo ha perdido el último partido o porque el Ayuntamiento ha convertido en zona azul las calles de su barrio.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Hace tres años que llevo el bar de mi padre, llegué a un acuerdo con él cuando decidió retirarse y volverse al pueblo, con la idea de estudiar en los ratos libres hasta sacarme las Oposiciones de Geografía e Historia y después traspasar el local. Desde entonces, mis apuntes descansan en un cajón que hay detrás de la barra, sólo el primero de estos tres años me tomé en serio el estudio y logré dedicarle tiempo. Después, apareció Clara.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;El bar estaba vacío, era una de esas horas muertas entre el desayuno y el aperitivo que yo solía dedicar a estudiar. Estaba sentado frente a la puerta, con la Civilización Grecolatina sobre la mesa, cuando la vi entrar y sentarse en un taburete. Yo me levanté para atenderla y, mientras recorría el pequeño espacio hasta llegar a la barra, la observé rebuscando algo en el bolso. Llevaba una falda larga negra, un jersey de cuello vuelto de muchos colores y el pelo rubio recogido con una pinza a la altura de la nuca que le daba un aire desaliñado.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- ¿Qué te pongo? – le pregunté.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- Un café con leche muy caliente, que hace mucho frío – pidió ella, mientras seguía buscando algo en su bolso. - Oye, perdona, ¿no tendrás un cigarro? Es que me los he dejado en casa – añadió.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- Sí, toma – respondí yo, poniendo mi paquete de tabaco sobre la barra –, coge.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- ¿Estabas estudiando? – preguntó ella encendiendo uno.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- Sí, intentándolo. Quiero sacarme las Oposiciones de Geografía e Historia – le expliqué, adelantando una respuesta a una pregunta probable.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- Ah, muy bien, pues mucho ánimo. Yo a veces me planteo volver a estudiar, pero se me pasa enseguida – dijo. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Y nos reimos los dos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- ¿Y a qué te dedicas? – dije, y me sorprendí a mí mismo, ya que no solía preguntar a los clientes desconocidos algo que quizás a ellos no les apetecía explicarme. Para romper el hielo ya estaba el tema del tiempo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- Soy pintora – respondió ella sonriendo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Entonces entró Eduardo, más pronto que de costumbre, a tomarse la cerveza de todos los días, vestido con su mono blanco de pintor, cubierto de manchitas multicolores que se iban acumulando a pesar de los lavados. Yo me sentí decepcionado, casi rabioso, porque con su aparición acabó la conversación tranquila que estaba teniendo con aquella chica tan agradable y porque me había quedado con ganas de saber algo más de ella.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- Hay que ver cómo está el tráfico hoy, caen cuatro gotas y todos a conducir como berracos. Me quedan dos días para volverme al pueblo, Fidel, te lo juro, dos días. En cuanto mi chico acabe el colegio, me lío la manta a la cabeza y me voy – empezó a relatar Eduardo sentándose en un taburete -. Ponme una caña, anda.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- Hoy vienes más temprano – le dije todavía rencoroso por su irrupción repentina.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- Sí, tenía que pintar un patio, pero con la lluvia de esta mañana he tenido que dejarlo para otro día. Me cago en la mar, a ver cuándo voy a encontrar tiempo para hacer ese trabajo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- Te cojo otro cigarro, Fidel – dijo de pronto Clara.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- Claro, coge los que quieras – respondí yo, observando cómo Eduardo miraba a la chica de arriba abajo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- Hombre Fidel, pues ya que estás hoy generoso dame otro a mi – dijo Eduardo, acercándose a la chica para coger el paquete de tabaco. - Claro que yo soy más feo que esta señorita – añadió giñándome. Y a mí me molestó la forma en la que dijo aquellas palabras que me sonaron a intromisión. - ¿Ha visto cómo está el tráfico? – preguntó Eduardo a la chica mientras encendía uno de mis cigarrillos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- No, la verdad, porque vivo aquí al lado y he venido andando – respondió ella.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- Ah, ¿sí? Pues no te he visto nunca por aquí, y eso que vengo todas las mañanas – dijo Eduardo, curioso.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- Sí, me mudé hace dos días – respondió Clara, a quién parecía que no le molestaban las preguntas del pintor. Desde luego no tanto como a mí.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Fue así, gracias a Eduardo, como me enteré de que se llamaba Clara, que había estudiado Bellas Artes y que se acababa de instalar en casa de una amiga, también pintora, quien tenía un puesto callejero de cuadros en la Plaça del Pi, que ahora compartían.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Desde aquel día, Clara pasaba por el bar cada mañana cargada con un carrito de llevar maletas, donde trasladaba sus pinturas desde su casa hasta la Plaça del Pi. Uno de aquellos cuadros era su favorito, &lt;/span&gt;&lt;i style="font-family: georgia;"&gt;Toscana&lt;/i&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;, lo llamaba, unos tejados rojos entre los que sobresalía una torre cuadrada con una veleta y al fondo un paisaje de montes bajos con árboles pequeños y caminitos que se perdían en un horizonte que esperaba la llegada de la noche, una tarde ya sin sol. Y decía que cuando lo vendiera su vida cambiaría. Lo había pintado después de pasar unos días en Florencia. Me contó que había recorrido Italia con unos amigos en una furgoneta, después de acabar la carrera. No tenían apenas dinero, pero en cada lugar donde paraban montaban un tenderete de pinturas, pulseras, collares y bolsos que ellos mismos confeccionaban. Y que así iban tirando y alargando el recorrido lo más que podían.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Cada vez que me hablaba de aquel viaje, era como si se trasladara toda ella a aquellos lugares, su vista se perdía en la máquina de café del bar y hablaba sin mirarme, como si tuviera delante una pantalla en la que contemplara la película que me estaba narrando, una película que no tenía final, porque Clara evitaba explicármelo o porque quizás no quería recordarlo, aunque yo percibía que el desenlace de aquella historia era precisamente lo que teñía su voz de melancolía y nublaba sus ojos azules, habitualmente vivos y brillantes.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Tanto me habló de su &lt;/span&gt;&lt;i style="font-family: georgia;"&gt;Toscana&lt;/i&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt; y de los días que pasó en Italia, que me convenció de que cuando lo vendiera su vida cambiaría. Y yo tenía miedo de que llegara aquel día, porque sabía que, entonces, yo volvería a mi sala de espera particular, en la que sólo tenía unos apuntes de Geografía e Historia con los que entretener el tiempo vacío en el que ella ya no estaría. Así que cuando aparecía por el bar cargada con su carrito, a menudo sola, otras veces acompañada por su amiga y compañera de piso, buscaba entre todos los lienzos y láminas el &lt;/span&gt;&lt;i style="font-family: georgia;"&gt;Toscana&lt;/i&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;, y suspiraba de alivio al verlo todavía allí, el más grande de todos, con los bordes gastados y dos vidas pendientes de su destino.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Clara me preguntaba a menudo por mis estudios y me animaba a no dejarlo, porque yo le había contado que nunca había tenido claro qué quería hacer con mi vida, aunque sí estaba seguro de que no quería pasármela detrás de la barra de aquel bar que había acabado con los pulmones de mi madre, quién murió de cáncer hacía años, y con la espalda y la ilusión de mi padre por volver al pueblo con su mujer, después de treinta años de trabajo juntos. Así que Clara se empeñó en hacerme estudiar, y yo a veces me sentaba en una mesa, después de cerrar, y me aprendía un par de temas, sólo para poder decirle a ella al día siguiente que estaba adelantando con el temario.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- Fidel, imagínate que tú apruebas las Oposiciones y yo vendo el &lt;/span&gt;&lt;i style="font-family: georgia;"&gt;Toscana&lt;/i&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt; el mismo día- me decía ella con frecuencia.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Y así empezaba una conversación más, a menudo interrumpida por las peticiones de los clientes, a las que ya nos habíamos acostumbrado, y conseguía atenderlos sin abandonar la conversación con ella, dejando que otras charlas aplazaran de forma momentánea la nuestra, que quedaba pendiente para el próximo ratito de tranquilidad.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Casi desde que llegó Clara, Eduardo cada día insistía en que yo estaba coladito por la chica. Yo lo negaba. Me molestaba esa expresión, “coladito”, porque trasladaba a un terreno superficial y simplón lo que yo sentía por ella. “Pero qué dices, si sólo es una cliente como tú, hombre”, le decía. Y él dale que dale, siempre con la misma cantinela, que yo no lo engañaba, que se me veía de lejos, que a ver cuándo me lanzaba. Pero para mí Clara era mucho más que alguien sobre quién “lanzarse”, era como una noche de Reyes, en la que la espera está llena de sentido, de emoción y de misterio. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Yo nunca había entendido en las películas o novelas el papel del chico que no se decide a explicarle a la protagonista que está enamorado de ella. Siempre había afirmado que, en esos casos, lo mejor es afrontar el momento lo antes posible y quitarse el peso de encima, pasara lo que pasara. Y, de hecho, esa había sido mi actitud con las mujeres que me habían atraído hasta entonces. Pero con Clara era distinto, porque yo presentía que ella sólo esperaba de mí lo que ya tenía. Yo era su tabla de salvación, aunque no supiera de qué la estaba protegiendo, a la que ella acudía siempre de buen humor, para sentirse acompañada, con ganas de verme, quizás, pero con aquella melancolía perenne que la llevaba hasta el final de su viaje por Italia, en el que pintó su cuadro favorito, haciendo imposible que pudiera verme como alguien a quién amar. Y además, aunque ella nunca me había hablado del tema, yo sabía que uno de sus compañeros de viaje, un tal Lucas, tenía mucho que ver con esa añoranza que parecía mantenerla y destruirla a la vez.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;A pesar de todas nuestras conversaciones, ella nunca me explicó casi nada sobre su familia o sus amigos. Yo sólo sabía que sus padres y un hermano vivían en Cuenca y sólo conocía la existencia de una amiga, Neus, su compañera de piso, una chica alta y desgarbada, que hablaba por los codos a un ritmo frenético, a menudo para regañar a Clara por cualquier ocurrencia. Muchas tardes nos reímos a gusto los tres, por la forma en que Neus explicaba anécdotas con su acento catalán muy marcado, indicando el esfuerzo que hacía por hablar en castellano y que a Clara y a mí nos hacía mucha gracia.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- Fidel, hoy viene una mujer, se pone a mirar una marina y le dice a Clara: “¿Esto es un Sitges?”. ¡Un Sitges! Como quién dice un &lt;/span&gt;&lt;i style="font-family: georgia;"&gt;Gaugin&lt;/i&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;, Fidel Yo me meaba. Y la Clara: “No señora, es un mar inventado”- Neus se reía ya sola, contagiándonos a nosotros la risa. - Es que es más tonta... Clara, eres más inocente. Así no se puede ir por la vida. Si la mujer quiere “un Sitges” – dijo, con retintín -, coño, Clara, le dices que sí, que es un Sitges, y la tía se lo lleva tan contenta al precio que le digas –. Pues no, Fidel, la Clara le tiene que decir la verdad, que se lo ha inventado. Y la mujer, la burra aquella, pone cara de decepción y se va diciéndole al marido: “No, Pep, que no es un Sitges”. Fidel, díselo tú, que tiene que mirar por ella y no ir tanto de buena, de tonta, porque eso ya es de tonta – me rogaba Neus, señalando a Clara.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- Llevas razón, Neus, pero es que me sorprendió la pregunta, no vi venir la intención – trataba de excusarse, entre risas, Clara.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- Mírala, mírala, Fidel, ¡le da igual! Treinta o cuarenta euros menos y aquí está muerta de risa – gritaba Neus, divertida, aunque sin entender que su amiga se riera en vez de lamentarse. Y al ver como yo también reía, añadía: - Ay, pero es que tú eres igual, Fidel, le hubieras dicho lo mismo, un empanao, eres un empanao igual que ella – y cogía una bolsa de patatas de un lado de la barra y se ponía a comer fingiéndose desesperada.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;A veces Neus y Clara se sentaban en una mesa por la tarde, cuando yo tenía el bar de bote en bote. Las veía charlar hasta que, de pronto, aparecía en Clara aquella mirada perdida, al tiempo que Neus gesticulaba e inclinaba su cuerpo sobre los codos apoyados en la mesa, para acercarse a su amiga, a quién a veces acariciaba en el hombro, como intentando animarla, y al final acababa llamándome para pedirme un gin tonic. Me llegaba parte de la conversación que mantenían y que yo me esforzaba por oír. “Tú vales mucho, Clara, lo que pasa es que no te lo crees”. “Ha pasado mucho tiempo, olvídalo ya”. “Lucas siempre fue un niñato que no sabía lo que quería”.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Una noche en la que yo tenía ya la persiana del bar medio echada, entró Clara. Llevaba dos días sin verla, lo que no era extraño, ya que a veces se iba a vender sus cuadros a alguna feria artesana de algún pueblo o ciudad cercanos. Aparecía después y me explicaba dónde había estado, lo que había vendido y cómo era la gente que se había llevado sus láminas y pinturas. Esa noche venía sola. Se había puesto una falda de punto de rayas de colores y un jersey azul claro que le sentaba muy bien.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- Fidel, ¿puedo pasar? Tengo que contarte una cosa – dijo, colándose por debajo de la persiana.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- Claro, bonita. ¿Qué ha pasado? – pregunté, tratando de aparentar tranquilidad, pero con el corazón encogido, temiéndome la noticia que empezaba a intuir.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- ¡He vendido el &lt;/span&gt;&lt;i style="font-family: georgia;"&gt;Toscana&lt;/i&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;! – gritó. Y se lanzó sobre mi para darme un abrazo, el primer abrazo que me daba y que yo, como un tonto, no supe devolverle. Me quedé allí parado, dejando que ella me rodeara con sus brazos, con los míos caídos a los lados, sosteniendo en las manos el spontex y el trapo con el que estaba limpiando las mesas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Ella, quizás porque notó la frialdad con que recibí la noticia, se separó de mí y añadió:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- Ay, que estás a punto de cerrar, estarás muerto, Fidel, ya te lo cuento mañana.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;A mi se me hizo un nudo en la garganta y me costó un mundo decirle que no, que se quedara y me lo contara todo, que había que celebrarlo, que me había pillado por sorpresa. Y mientras decía estas palabras, trataba de convencerme a mí mismo de que la noticia no tenía por qué cambiar nada y que, de hecho, aquel cuadro sólo había sido un lastre para ella, que quizás ahora había llegado mi oportunidad.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Puse dos gin tonics y nos sentamos en su mesa de siempre. Yo sonreía intentando contener una angustia que me apretaba el estómago, confundido por dos sentimientos simultáneos: el miedo a perderla y el nerviosismo de saber que había llegado el momento de explicarle lo que sentía por ella. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Mientras tanto, ella me contaba que había llegado una pareja joven al puesto y que la chica se había enamorado del &lt;/span&gt;&lt;i style="font-family: georgia;"&gt;Toscana&lt;/i&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;, pero que él no lo tenía claro, porque era muy grande y pensaba que se “comería” la sala. Neus empezó a venderle el cuadro al chico, diciéndole que cuando lo viera colgado, con aquellos colores, le daría un ambiente acogedor a la sala, el hecho de que fuera grande no significaba nada, porque lo importante eran los tonos. Y el marco, claro, que debía ser mínimo para no robarle protagonismo a la pintura. El muchacho se iba convenciendo poco a poco, atento a las explicaciones de Neus y conmovido por la ilusión con que su novia le pedía que lo compraran, hasta que finalmente accedió. Clara asistió a la escena casi sin intervenir, escuchando cómo Neus afirmaba que su amiga era una verdadera artista y que mucha gente conocida tenía cuadros suyos en sus casas. Eso fue lo que acabó de convencer al chico, quién terminó pagando nada menos que cien euros por encima del precio aproximado que le había puesto la autora.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Nos reimos un buen rato los dos, Clara imitando el acento cerrado de Neus, la expresión de su cara, y el desparpajo con el que era capaz de inventar una historia sobre la marcha y yo imaginándome la escena.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Entonces se hizo un silencio espeso como el que precede al diagnóstico de un médico y yo traté de romperlo proponiendo un brindis.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- Por el &lt;/span&gt;&lt;i style="font-family: georgia;"&gt;Toscana&lt;/i&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;, para que siga teniendo para sus dueños tanto significado como el que tenía para ti – dije, sorprendiéndome a mí mismo por el tono abatido con que pronuncié aquellas palabras que sonaron tristes como una despedida.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Clara brindó conmigo y enseguida ví que se llenaba de melancolía como tantas otras veces. Suspiró y dijo:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- El &lt;/span&gt;&lt;i style="font-family: georgia;"&gt;Toscana&lt;/i&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt; era yo. Bueno, la veleta, ¿te acuerdas? Esa era yo. No era consciente cuando lo pinté, pero después me dí cuenta, porque Lucas siempre me decía que yo era como una veleta.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- Lucas era tu novio, ¿no?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- Sí, me dejó cuando volvimos de Italia. Fuimos a Colliure, ¿has estado? Es un pueblo precioso – continuó sin esperar mi respuesta-, donde murió Machado, su tumba está allí. Yo estaba triste porque acabábamos el viaje y entonces Lucas me dijo que se volvía a Madrid, a trabajar en la empresa de su padre. Nunca supe cómo ni cuándo había tomado esa decisión, porque él siempre me había dicho que quería tener una vida diferente a la de su familia, que no quería tener empleados, ni juntas directivas, ni objetivos anuales diferentes a ilusiones como la de viajar a Honduras o recorrer Holanda en bicicleta. Nosotros siempre decíamos que viviríamos de otra manera. Yo lo pensaba de verdad. Ahora ya no sé si se puede vivir como soñábamos entonces.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Yo tampoco lo sabía, ni se me ocurría nada que decir, algo que sacara a Clara de su ensimismamiento o que calmara mi ansiedad, que iba creciendo con sus palabras de derrota, como si hubiera abandonado algo en lo que creyó durante mucho tiempo. Mi nudo en el estómago crecía con el paso de los segundos que tenía de plazo para explicarle lo importante que había sido y que era para mí tenerla cerca, que al fin había dejado de tener días vacíos como antes, horas muertas de sala de espera, de esas que transcurren sin aportar nada.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;La melancolía se disipó de pronto y los ojos de Clara volvieron a ser vivos y brillantes, porque ella recordó algo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- Al final me ha dado hasta pena vender el &lt;/span&gt;&lt;i style="font-family: georgia;"&gt;Toscana&lt;/i&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt; –dijo-, aunque yo estaba convencida de que cuando lo vendiera cambiaría todo; pero ha sido al revés. Cuando mi vida ha cambiado, lo he vendido.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Me miró sonriendo, como guardándose una sorpresa final. Y yo interpreté sus palabras como si las hubiera pronunciado yo mismo, como si yo fuera el protagonista del cambio del que hablaba ella. Así que le sonreí y estaba dispuesto a decirle que ella también había transformado mi vida, cuando oí, hipnotizado por la intensidad de mi respiración, las palabras que me trasladaron, de nuevo, a la sala de espera.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- El sábado me traslado a Málaga. Una amiga me ha conseguido un trabajo precioso, Fidel, para pintar murales en bares y locales y sitios así modernos. Dice que por lo menos tengo para dos años. Y además puedo seguir vendiendo mis cuadros, porque allí hay mucho mercado tanto en verano como en invierno – explicó ella fijando sus ojos brillantes en mí, dejándose llevar por una ilusión que emanaba de su cuerpo, recorría el espacio que nos separaba y se transformaba en añoranza al entrar en contacto con mi atmósfera.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Hace ya siete meses que Clara se fue. Neus pasa por el bar de vez en cuando y me explica que le va muy bien, que está contenta, y que siempre le dice que me cuide y que me anime a estudiar mucho. Yo empecé a calmar la angustia de mis horas vacías estudiando y, desde entonces, no he dejado de hacerlo hasta hace unos días, cuando supe que había aprobado las Oposiciones. Ayer hice un trato con Eduardo. Se queda con el bar, porque dice que al menos así se ahorra el tráfico de cada día. Además, quiere empezar cuanto antes. Así que he decidido tomarme unas vacaciones, dejar de esperar y empezar a actuar. Me voy a Málaga, siguiendo la estela de una veleta.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-66563847944589033?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/66563847944589033/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=66563847944589033' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/66563847944589033'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/66563847944589033'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2008/02/toscana.html' title='Toscana'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/R7IXicjOH7I/AAAAAAAAAFM/M7bfsOD6Axg/s72-c/veleta2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-5462941381623663123</id><published>2008-01-26T19:27:00.000Z</published><updated>2009-07-02T09:04:50.535+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='familia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='juego'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='mi fiesta'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Curso'/><title type='text'>Me cuesta hablar de lo que no me gusta, prefiero pensar en todo lo que me gusta</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/R5u49oUMcqI/AAAAAAAAAFE/aroGI6rhXuc/s1600-h/huellas.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/R5u49oUMcqI/AAAAAAAAAFE/aroGI6rhXuc/s320/huellas.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5159921167016686242" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family: georgia;font-size:78%;" &gt;© &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;a style="font-family: georgia;" href="http://www.morguefile.com/forum/profile.php?username=Beachgranny"&gt;Beachgranny&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;No me  gustan las motos que tienen el tubo de escape a la altura de la cara del de  atrás, que suelo ser yo, las uñas largas, las digestiones pesadas, especialmente  si luego tengo que trabajar, las patatas que han sido congeladas, aprovechar  hasta el límite las bolsas de basura, darme cuenta de que voy contando los pasos  que doy sobre una misma baldosa de la calle, tararear horas seguidas la música  de &lt;i&gt;Los chicos del coro&lt;/i&gt;, que no se me va de la cabeza, los niños que  parecen adultos, las muñecas Barbie, las peras rasposas, el pan chicloso, el  tacto de los periódicos, las bolsas que no pueden arrugarse, poner en los  ceniceros la capucha de plástico que recubre los paquetes de tabaco, salir de un  bar oliendo a fritura, el vino blanco cuando no está frío, los días que parece  que va a llover y al final no llueve, pensar que estoy malgastando el agua  cuando me doy una ducha larga, la ropa de fibra que me hace sudar, ponerme crema  protectora cuando voy a la playa, que me empiecen a hablar antes de darme dos  besos, tener que utilizar otra palabra porque no recuerdo la exacta, llegar  tarde, recordar que mañana es lunes el atardecer de los domingos, ir a comprarme  ropa para las bodas y celebraciones similares, los pollos colgados de las  carnicerías, las pilas usadas que voy acumulando en el cenicero antes de ir a  tirarlas, los charcos malolientes de la calle de al lado, las palomas, el  zumbido de un mosquito cuando estoy a punto de dormirme y pensar en las cosas  que no me gustan.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal"  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Prefiero  hablar de todo lo que me gusta, como el atardecer de los viernes previos a un  fin de semana en el que todavía no tengo planes, llegar a casa pensando en el  último libro que me está cautivando, el deseo de sentarme a leer calentita en  invierno, las siestas de los sábados de otoño, la cerveza de los mediodías  soleados de invierno, sentada en la terraza del bar que hay detrás del antiguo  edificio de la Bolsa, las duchas largas con agua muy caliente cuando hace frío,  las camisas de hilo blanco, la canción &lt;i&gt;Yellow&lt;/i&gt; de Coldplay, descubrir un  disco bonito de un grupo desconocido como el último de Madee. Me gusta, cuando  pongo orden en mis papeles, releer antiguas cartas de mi amiga Bea y cuentos que  escribí cuando era más joven, darme cuenta de que hoy me siento bien, que estoy  cómoda y no me duele nada, hablar con mis sobrinos por teléfono y verlos correr  hacia mí, calle abajo, cuando voy a verlos, abrazar a mi hermana Viky, las manos  suaves y grandes de mi hermano Ramón, la mirada tranquila y castaña de mi  hermano Lolo, besar a mi padre recién afeitado y sentir el aroma de su colonia  de niño, reirme a carcajadas con mi madre recordando el viaje que hicimos cuando  llevamos a Ramón de campamento, que mi abuela Antonia me cuente cosas de su  juventud, los besos cortos y seguidos de mi abuela Pilar, las películas que me  hacen llorar una y otra vez como &lt;i&gt;Cinema Paradiso&lt;/i&gt; y las que me provocan la  risa con sólo pensarlo como &lt;i&gt;Misterioso Asesinato en Manhattan&lt;/i&gt;, meterme en  la cama con pijama limpio cuando he cambiado las sábanas, dormir profundamente  cinco minutos más después de parar el despertador, pillar en verde el semáforo  de Dr. Ferrán con Diagonal cuando voy al trabajo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal"  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Cuando  era pequeña y veía a mi hermano Lolo comiendo albóndigas, deseaba que me  gustasen tanto como a él. Recuerdo su cara de satisfacción mientras las mojaba  en la salsa, las empujaba con un trozo de pan para cargarlas en el tenedor y se  metía en la boca una buena cantidad. Después, viéndolo masticar al tiempo que  preparaba otro bocado, yo pensaba que aquel manjar que él saboreaba con tanto  placer tenía que resultarme exquisito, dados los aspavientos con los que él lo  engullía. Pero no. A mi lo que en realidad me gustaba era verlo comer. Después,  cuando yo cataba una de aquellas bolas de carne, su sabor me resultaba tan  decepcionante que no podía explicarme cómo una comida que despertaba en mi  hermano tal entusiasmo a mi me provocaba tanto desagrado.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal"  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Me pasó  algo parecido con las alcachofas, pero esa fue una historia que terminó bien. Yo  tendría unos siete años cuando mi madre retomó sus estudios de Farmacia, así que  durante un tiempo la recuerdo liada con apuntes, libros y exámenes. Había  semanas en las que se pasaba el día encerrada, porque quería acabar la carrera  cuanto antes. Recuerdo que me gustaba presumir en el colegio de tener una madre  estudiante. Celebraba sus aprobados y explicaba a mis amigas de entonces lo que  ella me contaba de los profesores que la suspendían y de las asignaturas que  eran “un hueso”. Por aquella época, mi madre estuvo unos días en la cama con  gripe. Yo lo viví como unas vacaciones, porque cuando llegaba de clase, podía  pasarme la tarde con ella en su cuarto, en vez de irme a jugar para que ella  estudiara en silencio. Una noche que ya se encontraba mejor, mi padre le llevó a  la cama una bandeja con la cena. Un plato de alcachofas calentitas, que ella  empezó a comer con verdadero deleite. Yo pensaba que a mi no me gustaba esa  verdura, pero ella me ofreció un poco y me dijo que, después, si bebía agua, el  trago me sabría a regaliz. Lo probé y descubrí un sabor delicado que, desde  entonces, me sigue encantando y siempre me recuerda a aquel momento. Por eso, el  año pasado, cuando una de mis compañeras de un curso de escritura describió el  color celeste como el sabor del agua después de comer alcachofas, celebré  aquella descripción tan bella y acertada como si hubiera resuelto un  acertijo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal"  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Me gusta  encontrar en los libros que leo detalles sorprendentes de cosas que jamás  hubiera pensado que podrían expresarse con tal exactitud, como la descripción  que me sorprendió un día, leyendo no recuerdo qué novela, de la rugosidad de la  piel de las piernas justo debajo del trasero. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal"  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;De mi  cuerpo me gustan mis manos y mi cuello y me encantan los besos tanto en unas  como en otro. Un día besé en la nuca a mi sobrino Luis de 4 años y me encantó  cómo él, de forma espontánea, dijo:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal"  style="margin: 0cm 0cm 0pt 18pt; text-indent: -18pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; line-height: normal; font-size-adjust: none; font-stretch: normal;font-size:7;" &gt;&lt;/span&gt;- Cuando me das  un beso aquí –señalando la nuca –, se me pone el corazón aquí –llevándose la mano a la garganta.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-5462941381623663123?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/5462941381623663123/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=5462941381623663123' title='14 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/5462941381623663123'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/5462941381623663123'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2008/01/me-cuesta-hablar-de-lo-que-no-me-gusta.html' title='Me cuesta hablar de lo que no me gusta, prefiero pensar en todo lo que me gusta'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/R5u49oUMcqI/AAAAAAAAAFE/aroGI6rhXuc/s72-c/huellas.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>14</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-7040043491478765005</id><published>2007-12-16T15:21:00.000Z</published><updated>2009-07-02T09:02:56.137+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='juego'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='1 año en 1 post'/><title type='text'>1 post en 1 año</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/R2VGocbAzBI/AAAAAAAAAE8/3TP-kIWcNtk/s1600-h/barcelona.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/R2VGocbAzBI/AAAAAAAAAE8/3TP-kIWcNtk/s320/barcelona.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5144595809978862610" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;© &lt;a href="http://www.morguefile.com/forum/profile.php?username=imelenchon"&gt;i melenchon&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Mar ha vuelto hoy después de un año en Anantapur. Está mucho más delgada que cuando se fue, aunque sus ojos se han agrandado y se han llenado de historias y de colores.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Había un millón de personas en la puerta de salida del aeropuerto; todas borrosas. Yo sólo la veía a ella, caminando despacio, como a cámara lenta, de rojo y amarillo y verde, con el pelo desordenado recogido en un moño bajo, arrastrando una maleta no muy grande a su derecha y un bolso enorme colgándole del hombro izquierdo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Estaba guapa. Y enseguida me he dado cuenta de que también estaba cambiada.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Me ha sonreído, ha soltado el equipaje en el suelo y ha reclamado un abrazo mientras la primera lágrima me empezaba a resbalar por las mejillas. Mar es mi amiga del alma. La he echado mucho de menos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Durante todo este tiempo no he dejado de escribirle, como le prometí. Ella sólo me envió un email hace quince días para pedirme que fuera a recogerla al aeropuerto. Un par de líneas en las que decía que tenía ganas de verme y que ya no tenía miedo de volver a Barcelona.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Mar huyó de su vida en diciembre de 2006, cuando ya no sabía ni quién era, después de dos años casada con el hombre que la hizo creer que no valía nada, hasta el punto de oscurecer su mirada luminosa y teñir de gris toda su ropa.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Hemos ido a desayunar junto a la playa. Allí, ha abierto su bolso, lleno de libretas, y juntas hemos empezado a leer un diario que ella ha ido escribiendo a lo largo del año. Notas de las cartas que le mandaba desde Santiago su hermano Javier, su única familia, mezcladas con historias sobre Aditya, su ángel de la guarda y compañera del hospital de Bathalapalli, o con noticias y mensajes que le hemos ido enviando amigos y algunos compañeros del Clínico que la esperaban a su vuelta tras la excedencia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;El 3 de diciembre el diario acababa con una única frase: “Me ha escrito Sonia. Domingo ha muerto en un accidente de tráfico. He llorado por los días felices que pasamos juntos”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;font-size:85%;" &gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;Esta era otra idea para &lt;a href="http://www.atrapalo.com/micrositess/concurso_posts"&gt;1 año en 1 post&lt;/a&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-7040043491478765005?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/7040043491478765005/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=7040043491478765005' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/7040043491478765005'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/7040043491478765005'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2007/12/1-post-en-1-ao.html' title='1 post en 1 año'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/R2VGocbAzBI/AAAAAAAAAE8/3TP-kIWcNtk/s72-c/barcelona.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-5203184051310695245</id><published>2007-12-16T10:33:00.001Z</published><updated>2009-07-02T09:02:56.138+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='juego'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='mi fiesta'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='1 año en 1 post'/><title type='text'>Anónimos del año</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/R2UCYMbAzAI/AAAAAAAAAE0/FVpcNSntpBI/s1600-h/anonimos.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/R2UCYMbAzAI/AAAAAAAAAE0/FVpcNSntpBI/s320/anonimos.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5144520764015299586" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;© &lt;a href="http://www.morguefile.com/forum/profile.php?username=nasirkhan"&gt;nasirkhan&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;A mediados de diciembre de 2006, mientras la revista Time me declaraba “&lt;a href="http://genews.k-gigas.com/blogs/files/2007/12/examword-1eva.pdf"&gt;personaje del año&lt;/a&gt;” en su portada, yo estaba celebrando con mi familia que al fin había conseguido mi primer empleo como periodista: redactora de teletipos en el Alcobendas Express. No estaba mal para alguien a quién Time había considerado más influyente que Benedicto XVI, George Bush o Donald Rumsfeld.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Mi primer día de trabajo, el 2 de enero de 2007, llegué a la oficina con el mismo entusiasmo que había empleado en ponerme el traje gris nuevo, después de estrenar el brillo de labios que compré para la ocasión.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Desde entonces hasta ahora no sé cuánta información ha pasado por mis manos. Al principio me sentía como el cerebro del mundo, acumulando noticias que intentaba asimilar como si mis neuronas fuesen una cadena de montaje, capaces de digerir todos los datos al ritmo de los latidos del mundo. Mi estado de ánimo pasaba de la tristeza al enterarme de que había habido “&lt;a href="http://www.periodismo.com/modules/news/article.php?storyid=1496"&gt;al menos veinte muertos en el último atentado de Irak&lt;/a&gt;”, a la hilaridad porque “&lt;a href="http://noticias.ya.com/insolito/29/04/2007/hachis-ceuta-juzgado.html"&gt;el hachís atasca los baños del juzgado de Ceuta&lt;/a&gt;”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;A medida que pasaban las semanas, mis camisetas sustituían a los trajes y el brillo de labios quedaba relegado para la noche del sábado. No sé cuándo ocurrió que mis sentidos se rebelaron contra mi empeño en convertirme en una máquina de teletipos, acosándome día y noche con la idea de que la vida no son los sucesos que leemos, que está mucho más cerca del asombro que provoca el atardecer o del estremecimiento que acompaña a los besos y que hay gente que no sale en los medios de comunicación, que parece no existir, pero sin cuya energía no seríamos quienes somos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Desde entonces, cada día, procuro colar alguna noticia de ese mundo olvidado entre las páginas de mi diario. Sé que no es mucho, pero es mi forma de reivindicar la existencia de quienes nunca serán declarados “personaje del año” por ninguna revista, ni siquiera compartiendo tal distinción con millones de personas de todo el mundo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Esta es mi participación en el concurso "&lt;/span&gt;&lt;a style="font-style: italic;" href="http://www.atrapalo.com/micrositess/concurso_posts"&gt;1 año en 1 post&lt;/a&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;" organizado por &lt;/span&gt;&lt;a style="font-style: italic;" href="http://www.atrapalo.com/"&gt;Atrápalo&lt;/a&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;, la empresa donde trabajo. Vota el cuento si te gusta. Como trabajadora de Atrápalo no puedo optar al premio, que es un Viaje a Nueva York y un curso de la &lt;/span&gt;&lt;a style="font-style: italic;" href="http://www.escueladeescritores.com/article1559.html"&gt;Escuela de Escritores&lt;/a&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;, pero para mi ya ha sido un regalo participar tanto organizando este concurso con mis compañeros como escribiendo un cuento.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://www.atrapalo.com/micrositess/concurso_posts"&gt;&lt;img src="http://www.atrapalo.com/images_new/promo/promo_navidad.png" alt="Promocion Navidad" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.atrapalo.com/promo/findea%C3%B1o/"&gt;&lt;img src="http://www.atrapalo.com/promo/imagen_concurso" alt="Fin de año" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="http://atrapalopuntoblog.com/category/1-ano-1-post/"&gt; &lt;img src="http://www.atrapalo.com/images_new/promo/ver_otros.png" alt="Ver otros participantes" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-5203184051310695245?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/5203184051310695245/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=5203184051310695245' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/5203184051310695245'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/5203184051310695245'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2007/12/annimos-del-ao_16.html' title='Anónimos del año'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/R2UCYMbAzAI/AAAAAAAAAE0/FVpcNSntpBI/s72-c/anonimos.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-8060867151026910546</id><published>2007-11-27T20:40:00.000Z</published><updated>2009-07-02T09:04:50.535+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='mi fiesta'/><title type='text'>Por qué escribo</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/R0yGSG8M9bI/AAAAAAAAAEs/VSoYC-JyOjQ/s1600-h/maquinadeescribir.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/R0yGSG8M9bI/AAAAAAAAAEs/VSoYC-JyOjQ/s320/maquinadeescribir.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5137628920581780914" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:-1;"&gt;&lt;span style="font-family: georgia;font-size:78%;" &gt;© &lt;a href="http://www.diegomanuel.com.ar/index.html"&gt;Diego Manuel&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: left; font-family: georgia;"&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;"&gt;Me recuerdo de niña leyendo. En casa de mi madre todavía se apilan en un mueble los cuentos de mi infancia, que hoy contemplan y desordenan mis sobrinos, quienes no están aún en la edad de leer; pero sí de observar los dibujos y hacernos a todos explicarles las historias una y otra vez. A veces me quedo observándolos y me veo a mí misma, hace ya muchos años, transportada por los mismos relatos que ellos sostienen ahora entre sus manos, viajando a través del tiempo y del espacio hacia escenarios maravillosos donde personajes fantásticos emprendían aventuras que yo quería vivir de mayor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;"&gt;En mi Colegio había una biblioteca. Cada viernes se abría a partir de las cinco y podíamos escoger un libro para leer durante la semana. Yo miraba las estanterías, indecisa, encandilada por la multitud de historias que me esperaban. A veces me sentía atraída por el título, otras por el dibujo de la portada, me inclinaba por una novela recomendada por alguna compañera o, por temporadas, leía todos los libros de una misma colección, historias de niños detectives que descubrían secretos, atravesaban cuevas y merendaban pasteles de arándanos, una fruta que yo jamás había visto en el mercado de mi pueblo, pero que me moría de ganas de probar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;"&gt;Tuve una profesora que solía incluir redacciones en los deberes. A veces le ponía título (la primavera, la Navidad, el día de la madre) y en ocasiones pedía a dos niñas que dijeran cada una una palabra y nos encargaba escribir algo relacionado con aquellos dos términos que en la mayoría de los casos no tenían nada que ver (gafas y patio, bocadillo y crucifijo). A mi, más que trabajo para casa, me parecían un juego emocionante. Mi imaginación se activaba justo en el momento de conocer el tema de la redacción y me iba a casa barajando escenarios y personajes que empezaban a dar forma a la idea para un cuento.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;"&gt;Toda mi adolescencia está relacionada con los libros. Historias que, como canciones, vienen a mi memoria a la par que los recuerdos. Leí algunas novelas que ahora pienso que era incapaz de entender por aquel entonces, obras maestras de la Literatura Universal que descansaban en mi mesita de noche en la misma medida que los Superhumor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;"&gt;Por eso creo que yo amé la escritura desde siempre gracias a la lectura. Me gustaba cómo hablaban los personajes, cómo se relacionaban y emprendían viajes o aventuras, cómo se enamoraban y sentían, cómo se enfrentaban a la muerte o a los malos. Y cómo los malos podían ser un poco buenos; los buenos, traviesos, o los desgraciados encontraban motivos para la esperanza. Asistía deslumbrada a esos espectáculos, lloraba, me reía y casi siempre entendía mucho mejor las historias que pasaban en los libros que lo que transcurría en la realidad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;"&gt;Yo soñaba que hablaba como aquellos personajes, utilizando la palabra exacta en el momento adecuado, anhelaba expresarme de la misma forma, tener su ingenio o su valentía, pasear por los mismos escenarios y ser capaz de cambiar lo que no me gustaba con su misma habilidad. Y al mismo tiempo, me daba cuenta de lo complicado que podía resultar a veces manejarse en situaciones reales que no comprendía o que no tenía la capacidad de cambiar. Quizás por eso un día que ahora no recuerdo escribí un primer cuento que tampoco recuerdo, el primero que no fue un encargo de la profesora. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;"&gt;Desde entonces, universos y personajes me asaltan en medio de situaciones o lugares insospechados, seres que se comunican como a mi me gustaría hablar, que son capaces de expresar su miedo, su soledad, su alegría, que muestran sin pudor sus emociones, espacios en los que se confunden la realidad y la imaginación hasta el punto de parecer casi lo mismo. A veces, también por sorpresa, me descubro observando una cosa, un gesto, una conversación, como si fueran objeto de estudio, preguntándome qué pasaría si dejara a esos elementos expresarse en medio de un folio en blanco, si los manipulara hasta convertirlos en protagonistas de un mundo creado para ellos o por ellos. Cuando me pasa esto, no corro a dibujar, ni me asaltan las ganas de disertar sobre el tema, ni siquiera, la mayor parte de las veces, sería capaz de comentarlo con un amigo. A mi lo que me provocan es el deseo de escribir una historia, no sé por qué, quizás porque así dejo constancia de mi paso por el mundo, de mi forma de verlo, de imaginarlo o de evitarlo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt;"&gt;Aunque la mayoría de esas imágenes quedaron olvidadas justo en el momento en que nacieron y nunca fueron trasladadas al papel; cuando escribo, incluso cuando mis palabras terminan arrugadas en el fondo de la papelera, me siento bien. Digo bien en un sentido global que nada tiene que ver con los momentos de bloqueo, en los que pienso que esto no está hecho para mí, que necesitaría mil vidas para llegar a la suela de los zapatos a cualquiera de los escritores que admiro, e incluso de los que no admiro, que mis ideas son tontas y que me aburren hasta a mí misma. Me siento bien en el sentido de que estoy haciendo lo que incesantemente deseo hacer. Y también me ilusiona pensar que algún día, cuando alguien lea lo que escribo, quizás sienta la emoción que a mi me asalta cuando leo una historia que me conmueve.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-8060867151026910546?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/8060867151026910546/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=8060867151026910546' title='12 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/8060867151026910546'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/8060867151026910546'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2007/11/por-qu-escribo.html' title='Por qué escribo'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/R0yGSG8M9bI/AAAAAAAAAEs/VSoYC-JyOjQ/s72-c/maquinadeescribir.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-8717170709635015274</id><published>2007-11-25T19:42:00.000Z</published><updated>2009-07-02T09:02:56.139+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='familia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fantástico'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='personajes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><title type='text'>Cumpleaños</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/R0nTE28M9ZI/AAAAAAAAAEc/5MBdmk2o3Z8/s1600-h/edificioazul.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/R0nTE28M9ZI/AAAAAAAAAEc/5MBdmk2o3Z8/s320/edificioazul.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5136868930413720978" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=";font-family:georgia;font-size:78%;"  &gt;© &lt;a href="http://www.morguefile.com/forum/profile.php?username=click"&gt;click&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Pertenezco al cuarenta por ciento de la población mundial calificada como Capaces. Mi padre formó parte de ese grupo hasta sus cuarenta y siete años, cuando ingresó en el grupo de Cualificados después de media vida de trabajo. Recuerdo su cara de satisfacción el día en que recibió el comunicado, la misma expresión que cuando, años después, enfermo de Alzheimer, le llevábamos pasteles al Hospital de Incapaces Involuntarios de la Comunidad. Él sabía que jamás accedería al grupo de Maestros, pero la esperanza de que alguno de nosotros lo lograra mantuvo su ilusión hasta que dejó de pensar con coherencia, justo después de ser relegado de nuevo al grupo de Capaces, debido al rastro que dejó en la Red de Información Mundial a través de un ingenuo mensaje dirigido a su hermano, en el que expresaba sus dudas sobre el trabajo que estaba realizando el nuevo Director General de Asuntos Sociales, Omar Surdif.&lt;/span&gt;  &lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy es el día de mi cumpleaños. Mi madre se ha comunicado conmigo y me ha vuelto a repetir lo mismo de siempre. “Esta vez seguro que lo consigues, Europa, tú has nacido para ser una Maestra, tu padre siempre lo decía”. Mi madre mantiene aparentemente intacta la ilusión que heredó de mi padre, una esperanza que despliega en todos nuestros encuentros, en las conversaciones con los vecinos, en los mensajes a mis hermanos, algunos de los cuales ya son Cualificados y con los que mantengo un contacto cada vez más diluido en el tiempo, debido a la cantidad de actividades que realizan en su afán por conservar ese puesto. Llevo ese optimismo de mi madre colgado del cuello, lo veo en el espejo cada mañana al salir de la ducha, lo cargo como una losa que me acompaña al trabajo y, cada noche, vuelve conmigo a casa, se mete en mi cama y me recuerda que yo nací para ser una Maestra. Mi padre lo decía. Y lo que él decía era siempre lo correcto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Camino del Edificio Azul, Octubre ha activado mi transmisor auricular para recordarme las pautas esenciales que debo seguir frente al Comité Evaluador. Me habla como experto, también como hermano, ha añadido. No ha olvidado felicitarme por mi cumpleaños, un Cualificado nunca olvida esas cosas, mucho menos si utiliza un medio de comunicación social, donde todo queda grabado y puntúa para las Evaluaciones Curriculares periódicas. De todas formas, se lo he agradecido sinceramente. Octubre y yo siempre hemos estado muy unidos, aunque ahora no sea lo mismo que antes y cuando hable con él tenga la sensación de que me mira con tristeza, como si estuviera decepcionado. Quizás lo esté, nunca he tenido el valor de preguntárselo. &lt;/span&gt;  &lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes del proceso de evaluación me he reunido con Pulso en la zona recreativa frente al Edificio Azul. Le pedí que viniera a verme antes de enfrentarme al Comité. Me ha preguntado si estaba nerviosa. No, no lo estaba. Hace tiempo que ya no me pongo nerviosa. Creo que uno sólo se siente inquieto por dos motivos; si está frente a una novedad, que no es mi caso, o cuando sabe que puede cambiar algo por sí mismo y existe la posibilidad de fallar. A estas alturas ya he dejado de pensar que tengo el poder de hacer que mi situación evolucione. Sin embargo, a pesar de esta certidumbre, no puedo evitar que, cada año por estas fechas, esa esperanza inútil que mi padre me dejó en herencia, se levante conmigo cada mañana dispuesta a comerse el mundo. Tengo que hacer verdaderos esfuerzos por acallarla, pero ella, como una niña pequeña que todavía permanece libre y alegre en el grupo de Aprendices, se me muestra exultante como un pastel recién salido del horno al que es imposible resistirse. Por eso pedí a Pulso que viniera a verme, para que su abrazo cálido y pesimista me envolviera y me hiciera poner los pies en la tierra. &lt;/span&gt;  &lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Mi hermano Pulso pertenece al grupo de Incapaces. No está orgulloso de ello, pero ya no lucha por un ascenso, está convencido de que no puede hacer nada para borrar el rastro que dejó cuando, en un arrebato adolescente, formó parte de la Revolución en la Sombra, un movimiento que nació en 2175 en un intento por cambiar el Orden Establecido y que fue sofocado definitivamente a finales de los setenta. A pesar de su estatus, Pulso mantiene una dignidad que yo siempre he envidiado. “Será que no tengo nada que perder, porque ya lo he perdido todo”, me dice con una sonrisa en los labios cuando le pregunto de donde saca las fuerzas.&lt;/span&gt;  &lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pulso me ha dado un abrazo que, en mi opinión, merecería el grado de Sabio, y me ha deseado suerte. Después, he atravesado el hall del Edificio Azul y he esperado siete minutos mi turno para entrar en la sala donde me esperaba el Consejo Evaluador.&lt;/span&gt; &lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;- Tienes un bonito alias, Europa –ha dicho, conciliador, el Presidente, nada más leer mi currículum.&lt;/span&gt; &lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;- Gracias – he respondido. Y esta vez he evitado romper el hielo explicándole al Consejo que mi padre eligió ese alias después de completar su tesis sobre la historia de Europa, hecho decisivo para que, años después, le ascendieran al grupo de Cualificados.&lt;/span&gt;  &lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después me han hecho las mismas preguntas de siempre, han evaluado mi trabajo en el Laboratorio de Reciclaje de la Comunidad y mis participaciones en las Jornadas Voluntarias de Bienestar Social. Por último, han examinado mi rastro en la Red de Información Mundial y, como un &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;font-family:georgia;" &gt;déjà vu&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;, he visto un signo de preocupación en sus caras que, de forma inmediata, he asociado con Horizonte y con mi permanencia, un año más, en el grupo de los Capaces.&lt;/span&gt;  &lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Conocí a Horizonte cuando todavía ambos estábamos en el grupo de Aprendices. Enseguida me atrajo por sus palabras originales, escribía cosas que yo nunca antes había leído. Los profesores valoraban mucho su participación en los foros y chats, decían que tenía gran potencial investigador; pero Horizonte no le daba mucha importancia a todo eso. Pasaron dos meses antes de que me atreviera a preguntarle si le apetecía verme. Accedió enseguida y, desde entonces, nos estuvimos encontrando varias veces por semana en los ratos libres que nos dejaban las clases y actividades. Paseábamos por las zonas recreativas cogidos de la mano, buscando algún rincón discreto donde besarnos. Era en aquellos momentos cuando Horizonte me explicaba todas las historias maravillosas que tenía en su cabeza. Yo las escuchaba con los ojos cerrados, sentía su voz susurrante acariciando mi cuello, los mundos que inventaba recorriendo mis venas, sus personajes haciéndose un hueco entre mis recuerdos. &lt;/span&gt;  &lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nunca pensé que Horizonte dijera en serio lo de dedicarse a escribir. “¿Para qué?”, le preguntaba yo, como si hubiera olvidado la emoción que sentía cuando él me transmitía todas sus ideas. La misma pregunta que le hicieron después, cuando rechazó un excelente trabajo acorde con sus cualidades que lo hubiera catapultado al grupo de los Cualificados en muy poco tiempo. “Para sentirme libre, poder vivir otras vidas, entender a otros que no son como yo. Para que los que me lean sientan también todo eso.”, respondía Horizonte en cada entrevista con el Comité.&lt;/span&gt;  &lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando ingresó en el grupo de Incapaces, Horizonte salió también de mi vida. Yo estaba aterrorizada por la posibilidad de que aquella circunstancia me arrastrara también a mí a ese estatus y, aunque mantuvimos el contacto durante algún tiempo, poco a poco dejé de recibir sus mensajes y yo me volqué en mi nuevo trabajo, arropada por la esperanza que mi padre había invertido en mí.&lt;/span&gt;  &lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Imagino que Horizonte sigue perteneciendo al veinte por ciento de la población mundial declarada como Incapaces y que esa circunstancia ha impedido un año más que el Comité Evaluador se haya decidido a ascenderme. Aunque durante algún tiempo me invadía un sutil resentimiento hacia la relación que mantuvimos en nuestra juventud, ahora la recuerdo con ternura y a veces, a solas en mi casa, trato de reconstruir todas aquellas historias que Horizonte me regaló en los momentos apasionados en que nos besábamos por las esquinas de las zonas recreativas.&lt;/span&gt;  &lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi madre ha vuelto a comunicarse conmigo y me ha enviado una nueva dosis de esperanza, que esta vez no ha encontrado sitio en mí y se ha desperdiciado en el aire sin afectarme lo más mínimo. Después, he decidido emplear mi día libre en darme un paseo por las profundidades del Mar de Cristal, un lugar que suele relajarme. He vuelto a casa y he encendido el Comunicador, en el que anunciaban que Omar Surdif acaba de ser descendido al grado de Cualificado. Después he visto que el Informador General en su titular del día calificaba como “imparable declive hacia el abismo” el recorrido decadente del que fuera miembro de la Comisión Gobernadora Mundial en los años en los que mi padre enfermó. Me queda el consuelo de saber que nadie está al margen de la Ley de Evaluaciones Curriculares, algo que, sin duda, hubiera dibujado en la cara de mi padre un gesto de satisfacción.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-8717170709635015274?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/8717170709635015274/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=8717170709635015274' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/8717170709635015274'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/8717170709635015274'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2007/11/cumpleaos.html' title='Cumpleaños'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/R0nTE28M9ZI/AAAAAAAAAEc/5MBdmk2o3Z8/s72-c/edificioazul.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-8077081597745847882</id><published>2007-11-16T08:18:00.000Z</published><updated>2009-07-02T09:06:01.778+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='familia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='personajes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><title type='text'>La semilla de una obsesión</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Rz1UKG8M9YI/AAAAAAAAAEU/rDyWwbUS8Ec/s1600-h/Dad_and_family.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Rz1UKG8M9YI/AAAAAAAAAEU/rDyWwbUS8Ec/s320/Dad_and_family.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5133351682910778754" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:-1;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;© &lt;a href="http://morguefile.com/forum/profile.php?username=bandini"&gt;bandini&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Mi madre  siempre decía que yo había salido al tío Miguel. Él era el hermano mayor de mi  abuela. Era un hombre guapo, alto y fuerte. Siempre estaba rodeado de hijos o de  amigos, era un hombre muy sociable, que se paraba a hablar con cualquiera.  Llamaba la atención porque por aquel tiempo cada uno tenía su sitio en la  sociedad. Los ricos eran ricos y los pobres eran pobres y nadie se atrevía a  salir de ahí. Sin embargo, él no le daba mayor importancia a ese hecho y lo  mismo conversaba sobre el tiempo y las mujeres con algún jornalero, que hablaba  con el Marqués de la Gomera de la insondable belleza del &lt;i&gt;San Jerónimo &lt;/i&gt;de  Ribera que se salvó de la quema antes de la guerra y que se conservaba en la  Iglesia Mayor.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;A mi me  gustaba que me comparasen con el tío Miguel, a quién yo admiraba por todas las  aventuras que había vivido y que mi madre me había contado. Yo soñaba con seguir  sus pasos y descubrir con mi pandilla del colegio alguna cueva, como la que el  tío encontró una vez en la Serranía de Ronda. Mi madre me lo había explicado más  de cien veces, pero yo no me cansaba de escucharla y le preguntaba tantos  detalles que creo que al final ella acabó inventando la mitad de la  historia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;En  opinión de mi madre, el tío había sido un poco irresponsable. Aunque la abuela y  sus hermanas ya estaban acostumbradas a sus excentricidades, en aquella ocasión  le advirtieron que no tenía por qué arrastrar en sus andanzas a sus hermanos más  pequeños, los tíos Isidoro y Jacinto, a los que el tío Miguel adoraba y siempre  que podía llevaba consigo en todos sus viajes. Y, sobre todo, le recordaron que  tenía que cuidar a su mujer, la tía Amelia, y a sus hijos, que ya no era un  chiquillo y que tenía responsabilidades familiares. Mi tío abuelo respondió  riendo que sólo se trataba de una excursión y que por la noche estaría de vuelta  como siempre.Y añadió que se llevaría a sus hijos a la Sierra si tuvieran edad  suficiente, porque el amor por la Naturaleza y el deseo de conocerla eran  virtudes que pensaba transmitirles, ya que eran una ventana abierta a la  contemplación de la belleza del mundo, que estaba ya bastante lleno de pobreza y  sufrimiento.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Así que  el tío Miguel salió aquella madrugada con sus hermanos Isidoro y Jacinto camino  del monte, a lomos de tres mulas, junto con cuatro amigos más, con la intención  de estar en la cueva al amanecer. Mi abuela y la tía Amelia fueron juntas a misa  por la mañana y estuvieron rezando como siempre para los hombres volvieran sanos  por la noche. Sin embargo, ellos no volvieron hasta tres días después. Mi madre  lo recordaba casi con la misma angustia que habían vivido la abuela y la tía  Amelia, y me contaba que durante dos días ni ella, que era hija única porque la  abuela no pudo tener más hijos, ni sus cuatro primos, los hijos del tío Miguel,  fueron a la escuela, porque en el pueblo estuvieron cuarenta y ocho horas  esperando a que la Guardia Civil encontrara despeñados a los excursionistas en  la Sierra. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;A mi no  me interesaba nada saber lo que pasó aquellos días en el pueblo, lo que de  verdad quería saber era lo que había ocurrido dentro de la cueva, así que cada  vez que, durante mi infancia, me encontraba con mis tíos, les pedía que me  explicaran todo lo que su padre les había contado a su vuelta. El paso de los  años había transformado las emociones y ellos entonces, cuando me relataban la  aventura del tío Miguel, se vanagloriaban de que su padre había encontrado un  esqueleto de una chica prehistórica, que había donado al Museo de Ciencias  Naturales de Madrid, y que se podían ver esos restos en el museo junto a un  cartel que explicaba la hazaña de aquellos hombres que, por primera vez,  atravesaron la Cueva del Pozo Negro.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Así que  yo, de niña, me sentía orgullosa de ser como el tío abuelo Miguel, el primer  hombre aventurero del que oí hablar y no me importaba nada que mi madre me  dijera como algo negativo que había salido a él, porque a mi me parecía un  hombre prodigioso y estaba decidida a vivir aventuras como las que él emprendió  en su juventud. Y, para ello, lo primero que tenía que hacer era recopilar toda  la información posible sobre él y sobre su vida.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Conseguí  enterarme de que durante aquellos tres días en la cueva, mi tío encabezó la  expedición en busca de una salida, después de desplomarse la estrecha galería  por donde accedieron a la cueva. Poco después de quedarse sin agua ni comida,  encontraron una amplia estancia donde hallaron el esqueleto que todavía ahora se  exhibe en el Museo de Ciencias de Madrid. Mi tío, en aquel momento en el que los  hombres que lo acompañaban estaban aterrados por la posibilidad de morir allí  dentro, exclamó que aquel descubrimiento era una señal de que saldrían con vida,  pues el mundo tenía que contemplar lo que ellos estaban viendo. Un día después,  tras atravesar una galería por la que tenían que avanzar a gatas, llegaron a la  que llamaron después la Sala de la Luz, que tenía una salida en el techo, a unos  ocho metros del suelo, por la que pudieron ver, al fin, emocionados y exhaustos,  la claridad de la mañana.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;En mi  búsqueda de información sobre el tío Miguel, a quién estaba decidida a emular,  me encontré con un hecho que él siempre había tratado de mantener en secreto, y  aunque todos en el pueblo lo sabían, nunca nadie se atrevía a hablar de eso en  su presencia, ya que cuando alguno lo intentó, a él se le había transformado la  cara y había gritado enfurecido que no quería hablar del tema, que era algo  pasado y en el pasado debía seguir. El hecho de que el tío Miguel se enfadara  era especialmente llamativo, porque era un hombre cordial y optimista que no  solía enfrentarse con nadie. Aunque le gustaba charlar y discutir, siempre  escuchaba los diferentes puntos de vista y respetaba cualquier opinión por  lejana a la suya que fuese. Mi madre decía que el tío Miguel era un hombre de  paz, porque la guerra le había hecho sufrir tanto, que pensaba que no había  ideas en el mundo que merecieran tanta desolación. Por eso, a todos sobrecogía  el enfado del tío Miguel y procuraban acallar los intentos de algunos de hacerle  hablar sobre su secuestro.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Yo lo oí  por primera vez de boca de la tía Amelia, años después de muerto el tío Miguel,  en el entierro del tío Isidoro. Como pasa en todos los sepelios, la gente,  especialmente los contemporáneos al difunto, suelen comentar historias de su  vida, y en aquella ocasión oí a la tía Amelia decir que ya había muerto el único  de la familia que sabía toda la verdad, refiriéndose a su cuñado  Isidoro.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Horas  después, mi madre me explicó lo que sabía, que era muy poco, y no sólo no logró  colmar mi curiosidad, sino que la despertó de tal manera que, desde entonces,  cuando yo tenía catorce años, descubrir lo que pasó se ha convertido en una  obsesión para mi.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Mi madre  tendría unos quince años cuando, un día, la tía Amelia se presentó en su casa  llorando y se encerró con mi abuela en el despacho. Poco después, llegó mi  abuelo, un hombre serio y ensimismado, que por aquel entonces era director de la  Caja de Ahorros. Entró en el despacho con la cara desencajada y ninguno salió de  allí hasta una hora después, las mujeres hechas un mar de lágrimas y mi abuelo  todavía más demacrado de lo que entró. Al tío Miguel lo habían secuestrado y  pedían doscientas mil pesetas, que entonces era una fortuna, por su rescate.  &lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;A la tía  Amelia se lo había comunicado un muchacho delgado como un espectro, que no pasó  del zaguán de su casa, le entregó un papel mugriento y salió corriendo antes de  que la tía pudiera cruzar palabra con él. Ella nunca más volvió a  verlo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;La tía  Amelia tenía instrucciones de depositar doscientas mil pesetas en una casa  abandonada camino de El Balconcillo, antes de tres días, si quería volver a ver  vivo a su marido.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Tanto  ella como mis abuelos, estuvieron de acuerdo en no llamar a la Guardia Civil,  porque temían por la vida del tío Miguel; sin embargo, no tenían dinero  suficiente para pagar el rescate y durante los dos días siguientes mi abuelo  estuvo haciendo gestiones en la Caja de Ahorros para poder hacer un préstamo a  la tía Amelia sin despertar sospechas. Para entonces, todo el mundo en el pueblo  se había enterado de la noticia. Al final, el abuelo consiguió el préstamo y la  tía Amelia lo hizo llegar con un mensajero a la casa abandonada que los  secuestradores habían especificado en la nota.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Varias  horas después, el tío Miguel apareció mugriento en su casa, donde se comportó  como si nada hubiera pasado, para desesperación de la tía Amelia, quién jamás  entendió que su marido no denunciara a quienes lo habían secuestrado, pues,  según sus palabras, él sabía perfectamente quienes eran. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;La que sí  fue denunciada por haber pagado el rescate fue la tía Amelia, ya que toda la  gente del pueblo conocía el suceso y las autoridades no podían hacer la vista  gorda y hacer como si no hubiera ocurrido nada.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Ella se  presentó muy digna en el juicio y a la pregunta del fiscal de por qué había  pagado en vez de dejar que la Guardia Civil hiciera su trabajo, ella  respondió:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Su  señoría, ¿qué hubiera querido usted que hiciera su mujer en caso de estar en esa  situación?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;A la tía  Amelia le pusieron una multa de quinientas pesetas y el juicio terminó con la  declaración del tío Miguel. Lo único que él dijo entonces, prometiendo que nunca  volvería a hablar del tema, fue que la guerra había dejado a su paso mucha  necesidad, y que lo que había ocurrido sólo era producto de la miseria y el  sufrimiento. Después, durante años, estuvo pagando el préstamo a la Caja de  Ahorros y no permitió que nadie hablara del suceso en su presencia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;A mis  catorce años, la historia del secuestro del tío Miguel sustituyó a la de la  Cueva del Pozo Negro. Aunque años después pude visitar la cueva con un guía, e  incluso estuve en el Museo de Ciencias de Madrid admirando el esqueleto de la  niña prehistórica y el cartel que demostraba la autoría del hallazgo por parte  del tío Miguel, desde entonces me persigue la obsesión por descubrir qué pasó  durante aquellos días del secuestro y por qué mi tío nunca quiso explicar nada a  nadie, a excepción, tal vez, de su hermano  Isidoro.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-8077081597745847882?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/8077081597745847882/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=8077081597745847882' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/8077081597745847882'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/8077081597745847882'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2007/11/la-semilla-de-una-obsesin.html' title='La semilla de una obsesión'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Rz1UKG8M9YI/AAAAAAAAAEU/rDyWwbUS8Ec/s72-c/Dad_and_family.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-6760050262517439900</id><published>2007-11-10T12:34:00.000Z</published><updated>2009-07-02T09:06:01.779+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='juego'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><title type='text'>Variaciones sobre La fe, de Quim Monzó</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/RzWsPCN2kEI/AAAAAAAAAEM/hDNjnqSqM5Q/s1600-h/capuccino.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/RzWsPCN2kEI/AAAAAAAAAEM/hDNjnqSqM5Q/s320/capuccino.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5131196724751536194" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;© &lt;a href="http://morguefile.com/forum/profile.php?username=nacu"&gt;nacu&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;Hoy, por primera vez después de mucho tiempo, he vuelto a la destartalada cafetería en la que Alicia y yo solíamos encontrarnos. He pedido un capuccino con canela de los que ella siempre tomaba. Recuerdo que cada vez insistía en que lo probara. Yo me resistía diciendo que nunca me había gustado la canela. Y entonces podía ver la desilusión en su mirada y esperaba unos segundos mientras removía mi café con la cucharilla, a que ella expusiera su teoría.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- El amor es tan misterioso – empezaba diciendo ella.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- ¿Por qué dices eso, mi vida? – le preguntaba yo, sabiendo ya de antemano por dónde iba a encaminarse la conversación, mientras acariciaba una de sus manos, siempre frías.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Yo me siento como si fuéramos uno, como si mi vida hubiera estado siempre unida a la tuya, incluso desde antes de conocernos. Y, sin embargo, hay cosas que a mi me encantan y que tú aborreces. Es tan raro... – ella perdía su mirada en su capuccino y yo me debatía entre decirle que lo probaría y demostrarle que el hecho de tener gustos distintos no tenía nada que ver con que estuviéramos unidos para siempre por nuestro amor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Que nos amemos no quiere decir que tengan que gustarnos las mismas cosas – respondía yo, sonriendo y llevándome su mano a mis labios para besarla.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Ya lo sé, ya lo sé, pero todo me parece tan extraño... Estás tan dentro de mi, y a la vez tan lejos... Me gustaría poder estar en tu interior y pensar lo que tú piensas. Así sabría si me quieres de verdad como te quiero yo a ti – concluía ella, exponiendo su verdadero temor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- ¡Claro que te quiero! – le aseguraba yo –. Te quiero más que a nadie en el mundo. Te quiero tanto que sería capaz de tomarme cien capuccinos si tú me lo pidieras. ¿Quieres que lo haga? ¿Eso te demostraría que te quiero de verdad? – le preguntaba yo, deseoso de encontrar una fórmula que definitivamente la hiciera creer en mi amor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Ay, Raúl, no se trata de eso, porque aunque lo hicieras yo no sabría si lo haces porque de verdad me quieres o porque quieres que crea que me quieres – respondía ella, y yo me llenaba de desconsuelo porque adivinaba que no había nada que pudiera hacer para despejar sus dudas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Te quiero. Lo sé porque estás en mi pensamiento a todas horas, porque en cualquier momento del día quiero estar contigo y abrazarte, porque no puedo pensar en otra mujer que no seas tú. Ojalá pudieras estar dentro de mi y comprobar que lo que te digo es cierto – insistía yo. - ¿Qué sentido tendría hacerte creer que te quiero si no te quisiera? – preguntaba, animado por la posibilidad de que la respuesta a aquella cuestión la hiciera entender que la quería.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Es posible que creas que me quieres, pero que no me quieras. Las personas tenemos el deseo de amar, que no es lo mismo que amar de verdad – decía ella mirándome con tristeza.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- No creo que te quiero, sé que te quiero – volvía a decirle yo. – Me apena comprobar que no me crees, me aturdes con tus dudas – añadía, intentando hacerle ver que su incertidumbre también me afectaba.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Quizás es que no me quieres – resolvía ella, dándole un sorbo a su capuccino.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Así pasaban las horas en aquella cafetería, antes de que saliéramos al cine y termináramos la noche haciendo el amor en mi casa, donde yo siempre insistía en que se viniera a vivir conmigo, con la esperanza de que esa petición despejara todas sus dudas. Ella me aseguraba que lo pensaría, que todavía no estaba totalmente segura de mi amor, pero que cada vez estaba más cerca de mi y que aquel día llegaría tarde o temprano.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Alicia nunca vino a vivir conmigo. Un día, en la cafetería de siempre, delante de su capuccino que aquella vez no me ofreció, me dijo que pensaba que era mejor que lo dejáramos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- ¿Por qué? – pregunté yo, en aquel momento más atónito que herido.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Ella dijo que no sabía si yo la quería de verdad, que eso siempre había sido un obstáculo en nuestra relación. Yo insistí, como siempre, en que la quería. Desesperado, le pregunté qué era lo que esperaba de mi, qué podía hacer para que me creyera. Entonces me confesó que había conocido a alguien y que estaba segura de que esa persona la quería de verdad. Me quedé helado, no pude reprocharle nada, sólo deseaba saber una cosa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- ¿Cómo sabes que te quiere de verdad? – pregunté, con un asombro absoluto. Ni siquiera pensaba en mi tristeza, sólo quería encontrar la clave que con tanto empeño yo había estado buscando sin lograrlo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- No puedo explicártelo, Raúl, está mucho más allá de algo que pueda hacerse o decirse, simplemente sé que me quiere - dijo, y yo sentí que aquellas palabras me las estaba robando, como si en aquel momento se hubiera transformado en mi, y yo en ella.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-6760050262517439900?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/6760050262517439900/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=6760050262517439900' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/6760050262517439900'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/6760050262517439900'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2007/11/variaciones-sobre-la-fe-de-quim-monz.html' title='Variaciones sobre La fe, de Quim Monzó'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/RzWsPCN2kEI/AAAAAAAAAEM/hDNjnqSqM5Q/s72-c/capuccino.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-2686816125173255654</id><published>2007-10-31T19:15:00.000Z</published><updated>2009-07-02T09:06:01.779+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='amistad'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='personajes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><title type='text'>Veintisiete de febrero</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/RyjUrR4T2jI/AAAAAAAAAEE/0VLDbLXG5rg/s1600-h/adolescencia.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/RyjUrR4T2jI/AAAAAAAAAEE/0VLDbLXG5rg/s320/adolescencia.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5127582015760357938" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;© &lt;a href="http://morguefile.com/forum/profile.php?username=taliesin"&gt;taliesin&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div  style="text-align: left;font-family:georgia;"&gt;&lt;p class="MsoBodyText" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Hoy,  haciendo limpieza, he recuperado una vieja agenda de cuando tenía quince años.  El veintisiete de febrero estaba señalado en rojo. Por aquel tiempo, yo había  inventado un alfabeto secreto para anotar cosas que no quería que nadie  entendiera. Todavía recuerdo la clave, era tan inocente como asignar a cada  letra un símbolo distinto. Cualquiera con el mínimo interés habría podido  descifrar lo que escribí: “¿Qué estaremos haciendo dentro de dos  años?”&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyText" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:10;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Aquel  día señalado en rojo era un jueves previo al Día de Andalucía. Habíamos salido  una hora antes del Instituto porque Don Manuel, el cura de Religión, se había  puesto enfermo y su clase tuvo que suspenderse. La excusa perfecta para que  Cecilia, Julián, Sandra y yo fuéramos directamente a la Bodeguita, a tomar una  caña y unas papas al bastón, antes de ir a casa a comer. Bajando por la Cuesta  de Santa María, Cecilia se preguntó qué estaríamos haciendo ese mismo día dentro  de cuatro años. “O de dos”, añadió, probablemente porque cuatro se le antojó un  horizonte temporal inimaginable. Nos quedamos en silencio imaginando. Entonces  saqué mi agenda y les prometí recordarles aquella conversación al cabo de dos  años.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;En la  Bodeguita se nos unieron Martín y Mercedes, que llevaban unas semanas exhibiendo  su pasión mutua por las esquinas de las calles adyacentes al Instituto, entre  cigarrillos fumados a medias y pictolines que disimulaban el olor a tabaco en el  aliento. Ellos fueron los primeros del grupo en empezar a salir y el resto nos  moríamos de envidia al verlos subir juntos de la mano las escaleras de acceso a  las clases. Sandra les explicó la conversación que habíamos tenido por el  camino, así que ellos también se unieron al pacto de recordar aquel día al cabo  de dos años.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Aquel  fin de semana largo, Julián y Sandra empezaron a salir, más animados por los  martinis de la fiesta que organizó él en su casa, aprovechando que sus padres no  estaban, que por una verdadera atracción recién descubierta. Antes de final de  curso acumulaban tantas peleas y reconciliaciones que incluso los profesores del  Instituto sabían lo qué pasaba cuando veían a Sandra salir del baño con los ojos  hinchados de tanto llorar. Aquella situación proporcionó a Julián una espontánea  fama de seductor que le convirtió en protagonista tanto de los sueños de muchas  admiradoras como de los cientos de chismes que se contaban en el pueblo sobre  él. Y, desde entonces, Martín empezó a llamarlo “truhán”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;La  historia de Julián y Sandra terminó el último día del curso, después de que él  se dejara arrastrar por su propia leyenda y apareciera en el recién estrenado  Chiringuito de verano paseando orgulloso de la mano de Paula, una chica dos años  mayor que él, de la que se decía que ella misma invitaba a sus eventuales novios  a dormir con ella cuando sus padres se iban los fines de semana. Cecilia y yo  pasamos la noche intentando consolar a Sandra y, desde aquel día, empezamos a  mirar a Julián con ojos rencorosos cada vez que lo veíamos rompiendo corazones  paseándose con la pandilla de los de COU.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Ese  verano mis padres alquilaron una casa en la playa, en la que estuvimos desde  mediados de julio hasta finales de agosto. Al principio, me resistí sin fruto a  estar durante tanto tiempo lejos de mis amigos, así que empecé las vacaciones  refunfuñando y afirmando que no era justo que no me dejaran quedarme unos días  en el pueblo, en casa de Sandra, después de haber aprobado todo el curso en  junio. El enfado se me pasó varios días después. Mi madre había entablado  amistad con una vecina de la urbanización y un día la encontramos en la playa  con sus dos hijos. Rocío, de mi edad, delgada y nerviosa, y su hermano, un chico  guapo un poco destartalado, un año mayor, que se llamaba Pablo y se convirtió en  mi primer amor. Todavía, de vez en cuando, me acuerdo de él, de aquellos  primeros besos agitados, con sabor a arena de la playa, protagonistas de aquel  verano apasionado.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Lloré  varios días seguidos el regreso de las vacaciones, durante los que no dejé de  hablar por teléfono y escribirme con Pablo, prometiéndonos que nos esperaríamos  hasta el verano siguiente. Cecilia me acompañó en el desconsuelo, porque ella  también sufría su primera ruptura; pero en su caso se trataba de un amor  prohibido, porque el madrileño con el que había estado saliendo durante el  verano ya iba a la Universidad y, además, tenía una novia desde hacía años, a la  que no dejó a su vuelta a Madrid. A mí me sorprendió que mi amiga Cecilia  hubiera accedido a salir con él, sabiendo que salía con otra; tuve la sensación  de que se había transformado en otra persona, a la vez que sentía una gran  desazón al verla sufrir por un desgraciado que la había engañado de aquella  manera.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Sandra,  que había pasado el verano en el pueblo porque había suspendido varias  asignaturas, nos contó a la vuelta todos los rumores sobre Julián y que Mercedes  había estado unos días en la casa de campo de los padres de Martín, lo que  confirmaba la formalidad de su relación.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Cuando  empezamos el curso, noté que Cecilia seguía estando rara. Hablaba con Julián de  vez en cuando sin importarle lo que pensaba Sandra de él, y además, los fines de  semana me sorprendía la desenvoltura con que se relacionaba con los amigos de  Julián, la mayoría de los cuales, ese año, habían empezado a ir a la Universidad  en la ciudad. Por otro lado, Sandra, que había suspendido otra vez en  septiembre, decidió dejar el Instituto e irse a probar suerte a FP, por lo que  no la veía con tanta frecuencia como antes. Martín y Mercedes seguían con su ya  noviazgo formal, estaban todo el día juntos y se volvieron un poco aburridos,  porque sólo hablaban de la familia, de los estudios, de lo que harían después  del Instituto... como si tuvieran mucha prisa por planificar su futuro.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;  &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Yo seguí  deseando durante unos meses que llegara pronto el próximo verano, para  reencontrarme con Pablo; pero cada vez nos llamábamos menos, no sabíamos muy  bien qué contarnos. Él me explicaba cosas de sus amigos y de su vida en la  ciudad y a mi cada vez se me hacía más extraño imaginarlo en todas aquellas  situaciones. Mis cartas se fueron acortando y, en las suyas, ya no enviaba  cintas de El Último de la Fila, sino que me hablaba de David Bowie, que para él  era el colmo de la originalidad. Pablo y yo nunca cortamos, pero yo me di cuenta  de que todo había acabado el último día que hablé con él, el veintisiete de  febrero, cuando le conté el pacto que había hecho un año antes con mis amigos,  lo que a él le pareció poco menos que una niñería.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Aquel  fue el curso de las huelgas en el Instituto. Pasamos casi dos meses en los que  prácticamente cada semana suspendíamos las clases durante un día o dos.  Protestábamos contra la Selectividad, aunque para nosotros todavía quedaba muy  lejos, nos quejábamos de los cambios que el Gobierno quería hacer con la nueva  Ley de Educación; pero casi ninguno de nosotros sabía exactamente cuáles eran  esas reformas. Eso sí, los cabecillas de las suspensiones de clase parecía estar  bien enterados y se encargaban de transmitirnos en las asambleas la importancia  de rebelarnos contra lo que querían imponernos. Uno de ellos, Manuel Prados,  Manu, iba siempre cargado con una guitarra y en las asambleas montaba un recital  improvisado, así que acabábamos cantando canciones de Mecano y de Aute, y con  eso nos creíamos que estábamos defendiendo nuestros desconocidos  derechos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Fue  durante aquellos días de agitación en los que parecía que el tiempo era  infinito, en los que empecé a relacionarme más con la pandilla de Manu, fruto  del complicidad que nos unió al sentir que estábamos luchando por algo  importante para nosotros. Sin darme cuenta, había dejado atrás al grupo de  amigos de toda mi vida. Cecilia andaba ennoviada con uno de los universitarios  amigos de Julián, quién venía de la ciudad a verla los fines de semana. Sandra  se perdió entre sus compañeros de FP. Martín y Mercedes, que fueron contrarios a  la huelga desde el principio, por el efecto que ésta causaría en nuestros  futuros currículums, parecían también haber desaparecido de mi vida. Y Julián  seguía enamorando a unas y otras, a las que paseaba por el pueblo en su  envidiada vespino.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Terminó  el curso a duras penas, con la mitad del temario por estrenar debido a las  interrupciones. Para celebrar la llegada de las vacaciones, Manu organizó una  fiesta en una casa de campo que tenían sus padres a siete kilómetros del pueblo.  El día antes, me encontré a Julián en la Bodeguita y le dije que se viniera a la  fiesta con su novia del momento. Noté que le hizo especial ilusión y me dijo que  no faltaría.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Llevábamos  ya varias horas en el campo, asando costillas en una barbacoa y bebiendo  cervezas, cuando llegó Goyo, el hermano mayor de Manu, conduciendo el Seat Panda  de su madre. Recuerdo que al verlo pensé que había pasado algo; pero nunca  hubiera imaginado lo que venía a decirnos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Tuve que  oirlo tres veces antes de poder reaccionar. Julián había muerto. Iba en su  vespino camino del campo, cuando se empotró contra un coche al girar en una  curva. Recuerdo muy bien que grité “mentiroso” a Goyo, mientras un temblor  gigantesco avanzaba desde mi estómago a la garganta y un calor inhumano me  recorría la cara, la mirada perdida en el cuerpo de Manu y las lágrimas  prisioneras enterradas en algún lugar de donde luchaban por salir, para calmar  así el vendaval que se había instalado dentro de mi. Hasta un día después no  pude llorar, abrazada a Cecilia, en el zaguán de la casa de Julián, cuando vimos  pasar a sus amigos y hermanos llevando la caja hasta el coche  fúnebre.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Aquel  verano volví a la playa con mis padres. Pablo no apareció y en el fondo fue un  alivio. No habría sabido cómo comportarme. Aunque eché de menos a mis amigos,  tampoco tenía ganas de que acabaran las vacaciones, de las que me quedó el  recuerdo de haber leído &lt;i&gt;Cien años de soledad&lt;/i&gt; y &lt;i&gt;Por quién doblan las  campanas&lt;/i&gt;, mientras descubría la música hipnótica de &lt;i&gt;Alchemy&lt;/i&gt; de Dire  Straits, que ya siempre relacionaré con esos libros.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Volvimos  al Instituto unas semanas más tarde. Ya estábamos en COU y teníamos la sensación  de estarnos jugando el futuro de nuestras vidas. Los padres de Cecilia  decidieron enviarla a estudiar a la ciudad, donde vivía con su abuela, así que  ya casi no la veía. Sandra dejó FP y empezó a trabajar de dependienta en una  zapatería. Cuando coincidía con ella me parecía que era como una señora, hablaba  con desenvoltura con las mujeres del pueblo y parecía que hubiese una distancia  infinita entre nosotras. Siempre que me la encontraba me acordaba de Julián y la  misma nostalgia me impedía conversar con tranquilidad. Yo estaba segura de que  ella también pensaba en él, sin embargo, nunca lo comentábamos. Martín y  Mercedes vivían permanentemente agobiados por los exámenes y sólo me los cruzaba  por los pasillos del Instituto o alguna vez en la cola del cine. Sin embargo,  cada vez que veía a alguno de los cuatro, hacíamos el propósito de quedar algún  día y tomar una cerveza juntos, como cuando éramos una  pandilla.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Ese día  fue el veintisiete de febrero, dos años después de aquella conversación. Unos  días antes, al mirar mi agenda, lo recordé, los llamé por teléfono y los  convoqué en la Bodeguita. Al principio estábamos un poco cortados, hacía tiempo  que no quedábamos y, además, todos echábamos en falta a Julián, aunque nadie se  atrevía a nombrarlo. Después de un par de cervezas, Martín me sorprendió  diciendo: “vamos a brindar por el truhán”. Cecilia, Mercedes, Sandra y yo  tuvimos que restregarnos los ojos, porque se nos saltaron las lágrimas. Pero  desde ese momento ya no pudimos parar de hablar y de reirnos, recordando los  días en que Martín y Mercedes empezaron a salir, o cuando Sandra se encerraba  con sus celos en los baños del Instituto, o las clases de Religión con Don  Manuel y su bronquitis crónica.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:10;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Cuando  nos despedimos sabíamos que nada de todo aquello volvería; que cada uno había  tomado ya un camino distinto en su vida. Y hoy, al encontrar mi vieja agenda y  recordar aquellos años, he tenido la sensación de que el único que sigue ahí,  igual que antes, es Julián, que se quedó conquistando a unas y a otras dando  vueltas por el pueblo en su vespino.&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-2686816125173255654?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/2686816125173255654/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=2686816125173255654' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/2686816125173255654'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/2686816125173255654'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2007/10/veintisiete-de-febrero.html' title='Veintisiete de febrero'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/RyjUrR4T2jI/AAAAAAAAAEE/0VLDbLXG5rg/s72-c/adolescencia.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-5966322415788610372</id><published>2007-10-21T12:51:00.000+01:00</published><updated>2009-07-02T09:06:01.780+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='familia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='personajes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='amor'/><title type='text'>Caos</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Rxs9YbuViqI/AAAAAAAAAD8/q7uivobvz4Q/s1600-h/caos.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Rxs9YbuViqI/AAAAAAAAAD8/q7uivobvz4Q/s320/caos.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5123756491032332962" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;© &lt;a href="http://morguefile.com/forum/profile.php?username=clarita"&gt;clarita&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;Mi padre siempre había sido una persona silenciosa. Era muy inteligente, cultivado, leía mucho y le interesaban todas las ramas del arte y de la ciencia. Después de acabar la carrera de Física, consiguió una plaza de Catedrático en la Facultad de Granada y se había especializado en la Teoría del Caos, lo que le había procurado numerosos reconocimientos a nivel internacional. En sus relaciones personales carecía de la elocuencia y el dominio que exhibía en su vida profesional, hasta el punto de parecer desnaturalizado, aunque probablemente sólo se tratara de timidez. Se sentía cómodo estudiando los comportamientos impredecibles de los sistemas cuyas condiciones iniciales no se pueden determinar con exactitud, lo que se conoce como “el efecto mariposa”. En el verano de 1979, unos meses después de casarse con mi madre, fue incapaz de advertir que las condiciones iniciales impuestas por él en una situación personal, me transmitirían los dos datos personales que han condicionado toda mi vida: Me llamo Mortimer y nací en Baltimore.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- Andrés, cariño, he decidido que te acompañaré a ese congreso en Baltimore – dijo un día mi madre exultante, poniendo la cena sobre la mesa.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;- ¿Cómo me vas a acompañar, en tu estado? Julia, pero si te da miedo el avión... – respondió mi padre sorprendido.&lt;/span&gt; &lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;- Es igual, me tomaré una pastilla para dormir y te acompañaré.&lt;/span&gt; &lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;- Pero no es bueno que tomes somníferos estando embarazada – argumentó él.&lt;/span&gt; &lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;- No bebo, no fumo, unas pastillitas no le harán daño al niño, Andrés – resolvió ella.&lt;/span&gt; &lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;- No te entiendo, nunca quieres acompañarme y ahora que estás embarazada y que me voy a la otra punta del mundo se te antoja venir conmigo...&lt;/span&gt; &lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;- Exacto, es un antojo, así que tengo que ir. No quiero que mi hijo nazca con una mancha en forma de Baltimore.&lt;/span&gt; &lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;- Y además, ¿qué vas a hacer tú en Baltimore? Estaré todo el día en el congreso. Y no sabes inglés.&lt;/span&gt; &lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;- Sé francés. El francés lo entiende todo el mundo, &lt;i&gt;mon amour&lt;/i&gt; – respondió mi madre seductora.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Mi padre se resistió a acceder al capricho de mi madre; pero las condiciones iniciales ya habían cambiado, ni siquiera se dio cuenta de que estaba inmerso en un sistema que había dejado de ser estable y que todo podía evolucionar de forma distinta a como él había determinado. Por eso, días después, subió al avión arrastrando a duras penas a su anestesiada esposa, quién se había tomado demasiado pronto una doble dosis de somníferos.&lt;/span&gt;  &lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de un largo viaje en el que mi madre se despertó varias veces aterrorizada y hubo que sedarla de nuevo para que no sucumbiera a un ataque de histeria, llegaron a Baltimore.&lt;/span&gt;  &lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;Est ce que l'hôtel se trouve très loins?&lt;/i&gt; – preguntó mi madre al conductor, nada más subir al taxi que les llevaba al hotel.&lt;/span&gt; &lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;I´m sorry, I don´t speak French&lt;/i&gt; – respondió el taxista.&lt;/span&gt; &lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;- Te lo dije – reprochó mi padre a mi madre.&lt;/span&gt; &lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;- Qué poca sensibilidad tienes, Andrés, después del viaje que he pasado.&lt;/span&gt;  &lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegaron al hotel. Mi madre siempre me cuenta que ella supo que iba a pasar algo, porque mi padre estaba muy agitado, daba vueltas por la habitación y dudaba si colocar su ropa en el armario, entrar en el lavabo a darse una ducha o llamar a recepción para que subieran algo de comer. Ella, en cambio, estaba encantada de la aventura, orgullosa de haber sido capaz de acompañar a su marido hasta allí y deseosa de hacer planes para los ratos en los que mi padre estuviera libre.&lt;/span&gt;  &lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Andrés, mañana, ¿a qué hora empieza el congreso? – le preguntó mientras terminaba de colgar su ropa en el armario.&lt;/span&gt; &lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;- Julia, tengo que decirte algo – dijo mi padre haciendo sentar a mi madre sobre la cama.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Entonces fue cuando le contó toda la verdad. Había recibido una oferta de trabajo de la Universidad de Baltimore. Una plaza en el Departamento de Física Dinámica, el más destacado de Estados Unidos en el estudio de la Teoría del Caos. Era una oportunidad óptima para avanzar en sus estudios, lo que probablemente lo convertiría en uno de los más  importantes especialistas en Caos Determinista del mundo. Por eso había ido a Baltimore. Mi madre asentía, orgullosa de su marido, se levantó de la cama y lo abrazó feliz de haberlo acompañado ante la sorpresa de mi padre.&lt;/span&gt;  &lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Y, ¿hasta cuándo tienes ese trabajo? – preguntó mi madre.&lt;/span&gt; &lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;- Son dos años – respondió mi padre sonriendo.&lt;/span&gt; &lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Cómo que dos años? – dijo mi madre aturdida - ¿Qué quiere decir que son dos años? – la pobre mujer no daba crédito.&lt;/span&gt; &lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;- Un mínimo de dos años, sí, creí que lo habías entendido...&lt;/span&gt; &lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Que había entendido qué? – gritó mi madre desesperada - ¿Que me has traido aquí para que pasemos dos años? ¡He hecho una maleta para una semana! – mi madre se levantó de la cama y empezó a caminar arriba y abajo por la habitación, sujetándose la barriga y llorando.&lt;/span&gt;  &lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi padre trató de explicarle que tenía intención de contárselo todo después de aquel viaje, en el que iba a firmar el contrato de trabajo y buscar una casa donde trasladarse a principios de otoño y que pensaba que ella podría viajar junto con el niño después de Navidad, cuando ella ya hubiera tenido tiempo de hacer todos los preparativos; pero que ella se había empeñado en acompañarlo y él se había visto incapaz de convencerla para que no lo hiciera.&lt;/span&gt;  &lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Por qué no me lo dijiste antes de hacerme venir aquí, Andrés? Te has vuelto loco. No, no te has vuelto loco. ¡Siempre has estado loco! – gritaba mi madre fuera de sí.&lt;/span&gt; &lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;- Pensé que si me acompañabas y veías cómo era Baltimore y me ayudabas a elegir la casa...&lt;/span&gt; &lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Ya tenemos una casa! ¡En Granada! – le cortó mi madre.&lt;/span&gt;  &lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de que mi padre pensara siquiera en cómo tranquilizarla, mi madre empezó a sentirse mal. Primero tuvo un mareo y mucho calor. Estaba a punto de desmayarse. Entonces, le sobrevino la primera contracción. Mi padre deseó que fuese una falsa alarma, un dolor aislado provocado por el disgusto. La tumbó sobre la cama y llamó a recepción para pedir un médico. Antes de que llegara la ambulancia mi madre ya había roto aguas. Estaba en el séptimo mes de embarazo, a punto de parir y con un ataque de nervios que le impedía poner en práctica cualquier ejercicio de respiración que le sugiriese mi padre.&lt;/span&gt;  &lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente llegaron al hospital. Las enfermeras la sujetaban porque no dejaba de agitarse fuera de sí. Lloraba, gritaba a mi padre, cerraba las piernas. No quería que su hijo naciera allí, en aquellas condiciones. El ginecólogo se reunió de urgencia con mi padre y le dijo que era una situación grave, ya que la mujer no podría colaborar en el parto estando como estaba. Opinó que sólo había una solución. Dormirla y practicarle una cesárea. Mi padre accedió. Al cabo de unas horas, vine al mundo en medio de la situación más caótica a la que mi padre se había enfrentado en toda su vida. El ginecólogo que nos salvó la vida a mi madre y a mi se llamaba Mortimer Fine.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Estuve un mes en la incubadora. En ese tiempo, mi madre pudo recuperarse poco a poco. Durante una semana no dirigió la palabra a mi padre, y eso que era casi el único con el que podía hablar, a excepción de alguna enfermera que medio entendía el francés. Un día, estando junto a mi en la incubadora, apareció mi padre. Ella le dijo que pensaba volver con su hijo a Granada en cuanto yo pudiera viajar y que esperaba no volver a verlo nunca más. Mi padre no sabía ya cómo pedirle perdón por todo. Pasaba los días en los pasillos del hospital, porque mi madre no quería verlo en la habitación. Al final, un día, se armó de valor y fue a hablar con ella.&lt;/span&gt;  &lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Julia – le dijo nada más entrar en la habitación – déjame hablar contigo sólo hoy y después haz lo que quieras.&lt;/span&gt;  &lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;Mi madre lo escuchó en silencio.&lt;/span&gt;  &lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;- Lo he fastidiado todo. Lo siento mucho – el hombre había repasado mil veces lo que quería decir, pero en aquel momento no sabía cómo empezar. – Lo que más me importa sois tú y nuestro hijo. &lt;/span&gt;  &lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;Él espero a que ella dijera algo, pero mi madre no abrió la boca.&lt;/span&gt;  &lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;- Me habría gustado que las cosas hubieran salido de otra manera. Quería organizarlo todo para que no tuvieras que preocuparte durante el embarazo, para que te resultara más fácil el cambio de situación. No podía decir que no a este trabajo. Es lo que he querido toda mi vida.&lt;/span&gt;  &lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A mi padre se le llenaron los ojos de lágrimas, estaba desahogándose, desde que nací no había podido hablar con nadie, no sabía cómo hacerlo, se sentía como un niño pequeño, sin herramientas para afrontar las situaciones, fracasado. Por eso, había tomado una decisión. Si ella quería volver a Granada y no hablar más del tema de Baltimore él estaba dispuesto a renunciar al trabajo. De hecho, ya había renunciado. No había aceptado la oferta que le habían mantenido hasta el día anterior.&lt;/span&gt;  &lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi madre conocía bien a mi padre. A ella le gustaba de su marido esa timidez y esa falta de habilidad para relacionarse, siempre le dió mucha ternura verlo esforzarse por ser amable y considerado. Toda la vida había sido así. Se conocían desde niños. Ella siempre se sintió atraída por él, un chico callado y misterioso, que leía a todas horas; pero siempre dispuesto a dedicarle un momento, a pesar de que se llevaban diez años de edad. Cuando mi madre era niña, mi padre era un joven atractivo y solitario que vivía en el portal de al lado. El hijo del sastre. Se encontraban con frecuencia en la calle y él le hablaba con delicadeza, como si en ese momento conversar con ella fuera lo más importante que podía hacer. Aunque nunca le revelaba cosas personales, él la escuchaba y trataba siempre de encontrar una solución a sus pequeños problemas: cuando sus padres la castigaban, cuando suspendía una asignatura, cuando se enfadaba con una amiga... Él siempre la había acompañado.&lt;/span&gt;  &lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso, aquel día en que él renunció al sueño de su vida, ella se sintió tan apenada que, a pesar de todo lo que había pasado, supo que en aquel momento no podía abandonarlo.&lt;/span&gt;  &lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de tantos años, todavía me admiro de la serenidad con que mi madre, una mujer sencilla y apasionada con tendencia al dramatismo, sugirió a mi padre que llamara enseguida a la Universidad para que le mantuvieran la oferta de trabajo. Él, sin saber todavía lo que sería de su matrimonio, salió de la habitación, telefoneó al Rector desde la cabina más cercana, y concertó una cita para el día siguiente.&lt;/span&gt;  &lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando volvió junto a mi madre, ella ya había decidido que se volvería a Granada en cuanto yo estuviera fuera de peligro y arreglaría todo lo necesario para poder viajar a Baltimore después de Navidad. También estaba resuelta a llamarme Mortimer, como agradecimiento al médico que me salvó la vida.&lt;/span&gt;  &lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasamos los primeros tres años de mi vida en Baltimore. No tengo recuerdos de aquel tiempo en el que mi madre se vió obligada a aprender inglés y vivir en un lugar extraño, alejada de sus amigas y de su familia; y en el que mi padre se convirtió en el científico especializado en Teoría del Caos más importante de todo el mundo.&lt;/span&gt;  &lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hice a mi madre explicarme la historia de aquellos días miles de veces cuando era pequeño, inconsciente de todas las ocasiones en que yo tendría que repetirla a lo largo de mi vida, cuando me preguntaban mi nombre o el lugar donde nací. La última vez ha sido esta misma tarde, cuando he atendido a un periodista que llamaba para entrevistarme, porque mañana recogeré en Estocolmo, en nombre de mi padre, el Premio Nobel de Física. Hasta para esta ocasión mi padre ha sido imprevisible. Murió dormido en su cama, poco después de saber que se lo habían otorgado, dejándonos a mi madre y a mi el recuerdo de una persona buena, que se movía con dificultad en este mundo de leyes sociales que no comprendía; pero que sabía expresar con su silencio mucho más de lo que la mayoría de nosotros es capaz de decir con palabras.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-5966322415788610372?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/5966322415788610372/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=5966322415788610372' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/5966322415788610372'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/5966322415788610372'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2007/10/caos.html' title='Caos'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Rxs9YbuViqI/AAAAAAAAAD8/q7uivobvz4Q/s72-c/caos.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-277548919449160809</id><published>2007-10-15T20:53:00.000+01:00</published><updated>2009-07-02T09:06:01.780+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='radio'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='personajes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='amor'/><title type='text'>No he dejado de pensar en ti</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/RxPIPbuVipI/AAAAAAAAAD0/0dLuOZI6F8I/s1600-h/radio.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/RxPIPbuVipI/AAAAAAAAAD0/0dLuOZI6F8I/s320/radio.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5121657368716085906" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;© &lt;a href="http://morguefile.com/forum/profile.php?username=ladyheart"&gt;ladyheart&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style=";font-family:georgia;font-size:100%;"  &gt;Empecé a escuchar tu programa para combatir el insomnio después de que Ana me dejara. Yo nunca había tenido afición por la radio, incluso recuerdo haber discutido con mi hermano, cuando todavía compartíamos habitación, porque a él le gustaba un programa deportivo nocturno y yo me concentraba en el murmullo de sus auriculares y no podía dormir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La primera vez que te oí fue justo después de escuchar la declaración de un chico. Explicó que tenía que ir a la cárcel después de años de haber superado su adicción a la heroína. Había rehecho su vida y cuando todo le empezaba a ir bien lo reclamaban para cumplir su condena. Tu papel debía ser neutral, no te correspondía valorar lo que la gente contaba a través de tu programa, pero por el tono de tu voz era muy fácil deducir lo que pensabas sobre los temas que surgían cada noche. En aquella ocasión te conmoviste por el dramatismo con que el muchacho había expuesto su problema. Tu voz lanzó un reclamo emocionado a las personas de la audiencia que pudieran darle algún consejo legal al chico o que hubieran estado en una situación parecida, para que llamaran y le enviaran alguna palabra de consuelo. Estuve a punto de cambiar de emisora en ese momento, confieso que me decepcionó, me pareció deprimente ese formato que se aprovechaba de las debilidades de las personas enfermas de soledad, una especie de corral de vecinas radiofónico donde cuestionar la vida de esa gente indefensa. Pero justo entonces empezó a sonar &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Don´t Fall Apart on Me Tonight&lt;/span&gt; de Bob Dylan. Te imaginé seleccionando esa canción, entre miles de discos, para obsequiar al muchacho con unos minutos de compañía y esa imagen tuya me hizo seguir atento al programa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A partir de ese día fui fiel a la cita cada noche. Me enseñaste a ser compasivo con las personas enfermas que explicaban sus dolencias hasta el último detalle. Tú los atendías con una paciencia infinita transmitiéndoles tu confianza en que esa noche, o quizás la siguiente, alguien expondría motivos para tener esperanza. Te acompañé mientras consolabas a cientos de mujeres maltratadas, comprobé cómo tu voz las abrazaba hasta hacerlas sentir menos solas. Estuve contigo el día que sutilmente reprochaste a un oyente su declarada homofobia. Aplaudí divertido la elección del declarado himno gay &lt;span style="font-style: italic;"&gt;No more Tears (enough is enough)&lt;/span&gt; interpretado por Barbra Streisand y Donna Summer, mientras esperábamos alborozados las llamadas de censura a los comentarios que acabábamos de escuchar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada vez me acordaba menos de Ana, tú la reemplazaste con tu voz sugerente y tu carácter optimista. Al principio no necesité nada más, pero después empecé a buscar información sobre ti en revistas y foros de Internet. Descubrí que estabas decidida a mantener tu anonimato. Tenías un alias en la radio, pero ni rastro de tu verdadero nombre, ni una foto tuya publicada. Respondías sin tapujos a las preguntas que te hacían en las entrevistas, por eso supe que tenías una familia numerosa a la que amabas, que tus amigos solían regalarte libros porque conocían tu amor por la Literatura, que habías combatido varios fracasos amorosos a base de películas antiguas y gin tonics compartidos con amigos y que en aquel momento no tenías pareja. Pero el misterio que mantenías sobre tu apariencia y tu identidad alimentaba mi fantasía. Me hice una imagen de cómo eras y podía verte en todas aquellas situaciones, con tu cuerpo menudo y proporcionado, tu ropa alegre, el pelo recogido en un moño desenfadado a la altura de una nuca delicada, las manos moviéndose con desenvoltura al ritmo de tus palabras, los ojos grandes y vivos, la boca pequeña, la nariz comedida, los pechos pequeños y redondos, el culo vivaracho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una noche en el programa se debatía si un oyente debía perdonar o no a su pareja por haberle sido infiel a través de Internet. Justo después de escuchar &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Nothing else matters&lt;/span&gt;, entró en antena un chico. Noté enseguida que lo conocías, te dirigiste a él con la confianza con que se le habla a un amigo. Él opinó que el oyente debía olvidar el asunto y continuar con su relación. Tú le preguntaste si él lo haría. Él respondió “sabes que sí” y eso fue suficiente para que yo sintiera unos celos endemoniados. Me reproché haberme enamorado de una persona a la que no conocía, de quién en realidad no sabía nada, a la que nunca había visto. Me había dejado engañar por una voz que simulaba ser mi compañera, pero que en realidad era interesada y sólo me necesitaba, como a otras tantas miles, para mantener la audiencia que le daba de comer. Estaba tan enfadado que ni siquiera advertí que el programa acababa y no fue hasta oír la melodía final cuando me di cuenta de que te había ignorado y no había escuchado tus palabras de despedida. Entonces empecé a llorar. Las lágrimas, como el primer cigarrillo que uno se fuma en una recaída tras haber dejado el tabaco, hicieron que, al mismo tiempo, me serenase y me sintiera culpable por dudar de tu lealtad. Fue entonces cuando decidí que las cosas iban a cambiar. Iría a buscarte, te declararía mi amor y prometería no volver a dudar de ti.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente era viernes. Salí de la oficina temprano y me dirigí a la emisora donde sabía que trabajabas. Esperé un rato en la puerta, confiado en identificarte cuando entraras en algún momento de la tarde. Después pensé que quizás ya estabas dentro y decidí preguntar al recepcionista. Atravesé la puerta justo detrás de dos mujeres. Tuve tiempo de fijarme en ellas. Una era alta, rubia y curvilínea, con aspecto de estrella de cine, una de esas que no se pueden dejar de mirar cuando pasan junto a ti. Su minifalda dejaba apreciar unas piernas impecables, seguramente propietarias de una agenda también perfecta llena de teléfonos de hombres triunfadores y atractivos. El aspecto de la otra mujer era opuesto por completo al de la modelo. Le sobraban unos quince kilos, todos ellos necesitados de un poco de ejercicio. Llevaba el pelo desordenado recogido en una coleta desvaída que caía sobre un jersey demasiado ancho y anodino. Ellas se dirigieron hacia el ascensor, que estaba justo enfrente del mostrador de la recepción. Esperé unos segundos a que el recepcionista me atendiera. Oí el timbre que precedía la apertura de las puertas del ascensor y justo en el momento en que el conserje me miró, escuché tu voz con toda claridad. “Al fin viernes, este fin de semana pienso dormir por lo menos diez horas seguidas”, dijiste. Una frase insignificante que podía haber pronunciado cualquiera. Me giré hipnotizado para mirarte; pero las puertas ya se habían cerrado. En décimas de segundo, mientras mi corazón latía trastornado, me planteé las posibilidades que teníamos juntos tú y yo, tanto si eras la mujer seductora de la minifalda como si la voz que oí pertenecía a la chica deslucida de la coleta. Me sentí incómodo ante cualquiera de las dos opciones. No podía sentirme atraído por alguien de aspecto abandonado, por fascinante que fuese su voz. Y la idea de declararme a una mujer espectacular con una agenda repleta de hombres interesantes me resultó ridícula.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salí aturdido del edificio sin responder a la pregunta del conserje, me dirigí a la boca de metro y justo antes de bajar las escaleras, llamé a Ana. “No he dejado de pensar en ti en todo este tiempo”, le dije.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-277548919449160809?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/277548919449160809/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=277548919449160809' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/277548919449160809'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/277548919449160809'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2007/10/no-he-dejado-de-pensar-en-ti.html' title='No he dejado de pensar en ti'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/RxPIPbuVipI/AAAAAAAAAD0/0dLuOZI6F8I/s72-c/radio.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-6456279011286002720</id><published>2007-10-07T23:02:00.000+01:00</published><updated>2009-06-27T16:36:26.178+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='inspiración'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='mi fiesta'/><title type='text'>Seca</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/RwqFo7uVioI/AAAAAAAAADs/hucWujShEkM/s1600-h/ancla2.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/RwqFo7uVioI/AAAAAAAAADs/hucWujShEkM/s320/ancla2.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5119050864733293186" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-family: georgia;font-size:78%;" &gt;© &lt;a href="http://www.fotocommunity.de/pc/pc/pcat/297978"&gt;Silvio Held&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Hasta para titular este post me siento hoy seca. Esta noche no he dormido bien, demasiadas ideas en mi cabeza batallaban para protagonizar mi próximo cuento. Al final me he levantado y me he sentado delante del ordenador. Aquí sigo, desesperada. Todas las ideas salieron volando por la ventana y me han dejado sola ante la página en blanco. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;He releído escritos antiguos, he buscado una imagen inspiradora, he revisado los momentos más importantes y los más ordinarios de mi vida. Nada de eso me ha servido. He recurrido a Internet, a menudo fuente de soluciones. Confieso avergonzada que he escrito en Google “técnicas de desbloqueo”. He utilizado una lista de palabras sugerentes, he jugado con ellas. Los dedos se quedaban atascados entre las teclas del ordenador. He probado a usar una metáfora; pero me ha parecido tan inútil como hacer un gazpacho con sandía. En un momento dado, he abandonado el reto de enfrentarme a la propuesta de la semana del curso de Escuela de Escritores y he bajado el listón hasta “escribir lo que salga sin pensar”. No salía nada. He llorado un rato preguntándome para qué tanto esfuerzo. A media tarde me he tumbado en la cama y he puesto en práctica una técnica de relajación que aprendí hace tiempo a ver si me tranquilizaba. He vuelto al ataque al cabo de un rato; pero ni el precioso atardecer ha logrado hacerme reaccionar. Incluso he escuchado ya no sé cuántas veces &lt;i&gt;Parachutes&lt;/i&gt; de Coldplay. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Después de todo esto he mirado el correo por si tenía algún mensaje nuevo y he descubierto un par de avisos de comentarios en mi blog que no había contestado. Vergonzoso. Para dos lectores que tengo y los trato de esta manera. Menuda fiesta sorpresa. He respondido a chusdb que hoy especialmente agradecía sus comentarios y he entrado en el blog del Vendedor, &lt;a href="http://compraventadenubes.blogspot.com/"&gt;compra venta de nubes&lt;/a&gt;, en busca de consuelo e inspiración. Me ha recibido una nube que no merecía. He llorado con su post de África. Me ha emocionado tanto que he intentado dejarle un comentario y, lo que me faltaba, no se ha encontrado la página, no tengo conexión, Internet ha caído. Queda pendiente, Vendedor, está visto que hoy los dioses se han aliado para que no escriba nada, pero te doy más de mil gracias por esa nube que pienso pagarte con un ancla rota, que es como hoy me siento yo. A ver si, por lo menos, consigo resolver el problema de la conexión, aunque eso sí que no está en mis manos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-6456279011286002720?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/6456279011286002720/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=6456279011286002720' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/6456279011286002720'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/6456279011286002720'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2007/10/seca.html' title='Seca'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/RwqFo7uVioI/AAAAAAAAADs/hucWujShEkM/s72-c/ancla2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-3469784693979806098</id><published>2007-10-06T19:33:00.000+01:00</published><updated>2009-07-02T09:06:01.781+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='familia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='guerra'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='personajes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='injusticia'/><title type='text'>La huida</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/RwfVULuVinI/AAAAAAAAADk/7g1Ag0bn2mU/s1600-h/camino.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/RwfVULuVinI/AAAAAAAAADk/7g1Ag0bn2mU/s320/camino.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5118294044251097714" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:-1;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;© &lt;a href="http://morguefile.com/archive/?author=emlyn"&gt;emlyn&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: georgia;"&gt;Es curioso cómo a veces, en el peor de los momentos de la vida, se piensan cosas triviales. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: georgia;"&gt;Salimos del cortijo hacia las doce del mediodía. Pedro había ensillado a un burro para que yo no tuviera que hacer el camino andando con el niño en brazos, aunque, si todo iba bien, estaríamos en el pueblo en una hora. Pero no era un día cualquiera, no de los que se espera que una hora transcurra como cualquier otra. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: georgia;"&gt;Sólo unos minutos después de que José Macía aporreara la puerta de nuestra casa, gritando que los nacionales estaban en el Alamillo y que los republicanos los estaban esperando donde Fermín, nos encontrábamos en el sendero de Cerro Blanco con una única aspiración: sobrevivir. No estábamos solos en el camino. Otras personas se iban incorporando desde las veredas del monte, aparecían entre las encinas, cargados con las pocas pertenencias que habían podido coger en el último momento. Nos dejábamos tanto atrás y, a la vez, era tan insignificante comparado con la suerte de tener aquel camino por delante, que quizás por esa mezcla incoherente de pensamientos ninguno de nosotros era capaz de pronunciar palabra.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: georgia;"&gt;A la altura del arroyo, empezamos a oir los primeros tiroteos. No quise girarme a comprobar si la contienda había llegado ya a nuestra casa como nos temíamos, abracé a mi niño como si así pudiera evitar que el ruido lo despertara, me sujeté a la montura y busqué con la mirada a Pedro, que me observó un instante desde abajo y tampoco volvió la vista atrás. Nadie corrió, aunque todos apretamos el paso. Una mujer abandonó una valija debajo de un árbol para poder dar la mano a uno de sus hijos más pequeños y tiró de él con premura mientras el niño se echaba a llorar en silencio.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: georgia;"&gt;Poco después de cruzar el arroyo, nos paró un muchacho que venía corriendo en sentido contrario, cargado con un fusil. Era el hijo de Paredes el del molino, a quién tantas veces habíamos vendido parte de nuestra cosecha.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: georgia;"&gt;- Por Dios, Don Pedro, póngase esto, que lo van a confundir con un nacional en el control de Cerro Blanco – dijo en voz baja y casi sin aliento, mientras le entregaba un trapo rojo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: georgia;"&gt;- Gracias, Juanito, te lo agradezco – respondió Pedro, metiéndose el pañuelo en el bolsillo de la solapa.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: georgia;"&gt;El chico se alejó en dirección al cortijo y Pedro tiró del burro para acelerar el paso. Me pregunté qué ocurriría si alguien en Cerro Blanco nos confundía con nacionales y qué forma tendrían de distinguir a unos de otros. Instintivamente cogí la medalla de la Virgen del Carmen que llevaba colgada del cuello y me puse a rezar, cuando caí en la cuenta de que sería mejor ocultarla debajo de la ropa. Apreté al niño contra mí y vi que no estaba dormido, tenía los ojos muy abiertos y me miraba. Lo besé y entonces empezó a llorar.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: georgia;"&gt;El tiroteo se intensificó, se oían gritos de hombres a lo lejos y, de pronto, un estruendo parecido al de un muro al caer, hizo que Pedro se abrazara a nosotros y que la gente del camino se tirase al suelo. Me bajé del burro porque tenía la sensación de que así iríamos más rápido. El niño no paraba de llorar y yo le tapaba la boquita con la mano para que no se le oyera, como si tuviera miedo de que su llanto pudiera delatarnos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: georgia;"&gt;Por la última curva antes de llegar a Cerro Blanco vimos aparecer a un camión que corría en nuestra dirección a toda velocidad, haciendo sonar la bocina. La gente se salía del camino para darle paso. Nos echamos a un lado, pero el vehículo se detuvo. Salieron dos guardias civiles y apuntaron a Pedro con sus escopetas. Él miró el pañuelo rojo que llevaba en la solapa, pero antes de poder quitárselo, aquellos hombres ya lo habían encañonado. Pedro levantó los brazos y yo me arrodillé en el suelo, con el niño, que seguía llorando, apretado contra mi pecho. Cerré los ojos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: georgia;"&gt;- Tú, ¿dónde vas? – preguntó uno de los hombres.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: georgia;"&gt;- Yo... no soy rojo – oí que decía mi marido. - ¡Me he puesto esto para que no me mataran! – gritó –. Voy con mi mujer y mi hijo al pueblo – añadió después, en voz más baja.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: georgia;"&gt;- ¿Quieres a España, gallina? – preguntó el otro hombre.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: georgia;"&gt;- Sí, sí... – respondió Pedro con un hilo de voz.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: georgia;"&gt;- Entonces quítate esa mierda, si no quieres que te matemos nosotros, que Cerro Blanco ya ha sido liberado por el ejército nacional.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: georgia;"&gt;Oí más tiroteos a lo lejos y al camión arrancar y alejarse. Entonces abrí los ojos y vi a Pedro caer de rodillas al suelo, en medio del camino, tapándose la cara con las manos, agitado por un llanto hondo y callado. Lo abracé durante unos segundos. Nos levantamos en silencio, algunas personas nos miraban, y continuamos recorriendo horrorizados lo poco que quedaba para llegar al pueblo, sin tratar de comprender cómo se habían desarrollado los acontecimientos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: georgia;"&gt;Había transcurrido poco más de una hora desde que dejamos nuestra casa, pero nuestra vida ya era otra y sabíamos que nunca volvería a ser como antes. Fue en aquel instante, al atravesar el zaguán de casa de mis suegros, en uno de los peores momentos de nuestra vida, cuando me sobrevino aquel pensamiento trivial y absurdo. Me miré las viejas alpargatas que utilizaba a diario en mi casa y entonces deseé haberme puesto los zapatos que reservaba para las visitas de los domingos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-3469784693979806098?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/3469784693979806098/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=3469784693979806098' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/3469784693979806098'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/3469784693979806098'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2007/10/la-huida.html' title='La huida'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/RwfVULuVinI/AAAAAAAAADk/7g1Ag0bn2mU/s72-c/camino.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-8851340040674121069</id><published>2007-09-25T19:44:00.000+01:00</published><updated>2009-07-02T09:06:01.781+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='amistad'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='familia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='personajes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><title type='text'>Mucho más increíble que cualquier telenovela</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/RvlgrruVimI/AAAAAAAAADc/9aTF8YL7L80/s1600-h/secreto.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/RvlgrruVimI/AAAAAAAAADc/9aTF8YL7L80/s320/secreto.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5114225155443624546" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;© &lt;a href="http://www.morguefile.com/forum/profile.php?username=ronnieb"&gt;ronnieb&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;De todas las historias rocambolescas o secretos familiares que alguna vez haya podido escuchar a lo largo de mi vida, sin duda el que más ha despertado mi interés y ha desatado mi deseo de escribirlo, ha sido el de las abuelas de una amiga de mi juventud, Lola P.  &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Llevábamos diez largos minutos estudiando juntas en la biblioteca de la Facultad de Ciencias Políticas, que era la que, según nuestra estadística de bolsillo, acumulaba más chicos guapos por metro cuadrado, cuando Lola me propuso ir al bar a tomar un café. Vi reflejada en su rostro la urgencia propia de quién necesita desahogarse y accedí a su petición intentando controlar mi curiosidad al menos hasta llegar a la cafetería.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- ¿Qué pasa? - pregunté nada más sentarnos en la mesa, con los oídos preparados para la confesión.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Una de mis abuelas es la madrastra de mi otra abuela - espetó ella, olvidando pronunciar la introducción que sin duda merecía tal confidencia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Se quedó callada durante unos segundos en los que mis neuronas echaron chispas tratando de entender el árbol genealógico de mi amiga. Ahora sé que fui implacable con ella, quizás en ese momento mi amiga requería un poco de comprensión, pero aquello era lo único que yo no podía ofrecerle, debido a mi imperiosa necesidad de conocer todos los detalles de la historia, por lo que no tuve el menor reparo al decirle: “Coño, Lola, somos amigas, tendrías que habérmelo contado antes”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;A partir de ese momento, Lola se decidió a revelarme el jeroglífico de su familia y, haciendo alarde de sus dotes previsoras, me instó a sacar papel y bolígrafo para ir elaborando un esquema de lo que se disponía a contarme, algo que sin duda recomiendo a todo lector accidental de estas líneas que escribo para la revista local de &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;San Basilio de Palenque.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;La abuela materna de Lola, a la que llamaremos Abuela M, con sólo dieciocho años se casó con un sombrío pastor, dueño de un rebaño de cabras envidia de la comunidad, con el que engendró una hija, la madre de Lola, quién a lo largo de todo este relato citaremos como Madre para salvaguardar su verdadero nombre. Abuela M llevaba dos días pensando que no era feliz en su matrimonio, cuando, una noche, escuchó de boca de su marido pronunciar el nombre de su cabra más preciada en el lecho conyugal. Eso fue la gota que colmó el vaso y al amanecer, después de ver partir al pastor camino de tierras de barbecho, Abuela M salió huyendo de aquel lugar con Madre en brazos y un fajo de billetes oculto en el dobladillo de la combinación. La mujer, después de atravesar a pie una cadena montañosa, consiguió llegar a la ciudad al cabo de varios días y se instaló en una pensión de mala muerte.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;En este punto se detenía la linealidad del relato, porque lo siguiente que recordaba haber escuchado Lola era que Abuela M, al poco tiempo, se convirtió en la amante de un rico terrateniente de la capital, a quien llamaremos Quid, veinticinco años mayor que ella. Gracias a ese afortunado acontecimiento, Madre y Abuela M vivieron como dos reinas en un coqueto pisito que Quid les puso y que visitaba con frecuencia cargado de regalos y golosinas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Quid estaba casado con la señora Dolores, &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;quién hacía honor a su nombre padeciendo una enfermedad que la obligaba a estar en la cama día y noche, rodeada de enfermeras que le administraban la suficiente morfina como para que la mujer pasara la mayor parte del tiempo inconsciente. Tenían una hija un poco mayor que Abuela M, casada desde hacía unos años con un oficial del ejército.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;A riesgo de revelar el final de la historia y reventar la tensión dramática del relato, he de bautizar a la hija de Quid y la señora Dolores como Abuela P, si queremos seguir la nomenclatura adecuada para resolver el entuerto.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;El caso es que Abuela P y el oficial del ejército tenían un hijo de corta edad, sólo un poco mayor que Madre, al que no me queda más remedio que llamar Padre.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Todo lector, por aplicado que sea, llegado a este punto de la narración, encontrará que quizás sus neuronas estén faltas de Red Bull por trabajar a velocidad superior a la normal. En este trance, existe una alta probabilidad de que el lector culpe a la inocente escritora de no saber expresar con claridad el argumento que tiene en la cabeza; pero he de advertir de la alta dificultad de explicar esta historia sin faltar a la verdad. Dicho esto, vuelvo a recomendar, como bien hizo conmigo mi amiga Lola, la utilización de lápiz y papel a aquellos que necesiten de un esquema aclaratorio.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Estábamos en que Padre era hijo de Abuela P, hija de Quid. Por otro lado, Quid tenía una amante, Abuela M, madre de Madre. Bien, pues unos cuantos años después, durante los cuales Abuela P, como es lógico, odió a muerte a Abuela M, dado que era la concubina oficial de su padre, la señora Dolores murió tras una larga agonía. Este hecho, llevó a Quid y Abuela M a legalizar su situación con boda de por medio, a pesar de la resistencia de la hija de Quid, quién recordemos que se trata de Abuela P.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;(Tiempo para hacer un esquema y volver a leer el párrafo anterior)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Así fue como Abuela M se convirtió en madrastra de Abuela P. Pero toda esta historia no tendría ningún sentido ni interés si, al cabo de unos años de rencillas familiares, a los buenos de Padre y Madre no se les hubiera ocurrido enamorarse.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Para aquellos que se estén preguntando si aquella no se trataba de una historia incestuosa, debo aclarar que, aunque Padre y Madre se conocían y odiaban desde su infancia, nunca convivieron ni estaban unidos por lazo de sangre alguno, y sólo el puro azar que suele aplicarse de forma indiscriminada en cualquier telenovela, fue el que llevó a Padre y Madre a desearse de forma inmediata el día en que, años después, coincidieron en una fiesta de un conocido común. Ambos, al más puro estilo romeoyjulietesco, antepusieron su amor a la guerra familiar que los separaba, se casaron y, al poco tiempo, trajeron al mundo a Lola, mi pobre amiga, quién a estas alturas del relato, sollozaba frente a un carajillo de Bayley´s bien cargado, sentada en la cafetería de la Facultad donde me confesó toda la historia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Pecaría de falsa modestia si digo que en aquel momento no me di cuenta del filón argumental de este enredo, pero por respeto a mi desconsolada amiga, quién acababa de enterarse del secreto familiar, no fue hasta días después cuando le propuse escribir un guión con el objetivo de forrarnos vendiéndoselo a la productora de telenovelas que más dinero nos ofreciese.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Ni que decir tiene que no lo conseguimos -si no, iba a estar yo aquí trabajando como articulista de la revista local de &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;San Basilio de Palenque-. El guión existe, aderezado por miles de personajes de ficción añadidos a la historia para alargar la trama lo más posible, pero toda las productoras a las que se lo ofrecimos, resolvieron rechazarlo al cabo de unos días argumentando que aquello era “mucho más increíble que cualquier telenovela”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;El lector se estará preguntando por qué, después de tanto tiempo, me decido a contarlo en esta revistilla local. La respuesta es simple: no creo que nadie se tome la molestia de leerlo. Y, mucho menos, de plagiarlo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-8851340040674121069?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/8851340040674121069/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=8851340040674121069' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/8851340040674121069'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/8851340040674121069'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2007/09/mucho-ms-increble-que-cualquier.html' title='Mucho más increíble que cualquier telenovela'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/RvlgrruVimI/AAAAAAAAADc/9aTF8YL7L80/s72-c/secreto.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-2721477217062616524</id><published>2007-09-15T18:02:00.000+01:00</published><updated>2009-07-02T09:06:01.782+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fantástico'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><title type='text'>La decisión</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/RuwQ0tf5_3I/AAAAAAAAACs/ybOz4gp7934/s1600-h/espiral.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/RuwQ0tf5_3I/AAAAAAAAACs/ybOz4gp7934/s320/espiral.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5110478174911332210" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:-1;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;© &lt;a href="http://www.morguefile.com/forum/profile.php?username=imelenchon"&gt;imelenchon&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Si se entretuvieran en hacer una de esas pomposas encuestas, jamás  saldría mi nombre en ellas. Ningún periódico del mundo amanecería con el titular  “El principal enemigo del hombre es el tiempo”. Sin embargo, todos reniegan de  mí. Desde que nacen empiezan a aborrecerme y el odio va creciendo a medida que  transcurro. Corre por sus venas el miedo a verme pasar y me combaten a base de  desprecio.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Antes de empezar a hablar los niños ya me han perdido el respeto. Se  calzan los zapatos de sus padres y simulan que he pasado. Después, juegan a ser  mayores rodeados de artilugios en miniatura que los convierten en caricaturas de  adultos, cuya única función es hacerles pensar que pueden valerse sin mí,  demostrarles que pueden ignorarme.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Cuando ya tienen capacidad de razonar se lamentan de la velocidad con la  que avanzo. Demasiado rápido si están subidos en las atracciones de feria o si  se encuentran en una fiesta de cumpleaños. Con exasperante lentitud cuando van  de viaje o esperan la noche de Reyes. Pero no se dan cuenta de que todo está en  su mente, de que ya han sido programados para condenarme. Y someten a sus  críticas la duración de cada uno de los minutos que les regalo, a pesar de que  todos tienen exactamente sesenta segundos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Los jóvenes anhelan verme correr para disponer de mí a su antojo. Cuando  me&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;tienen me convierten en rutina. Si me  perciben se aburren. Ignorándome, disfrutan. Les enferma mi presencia a pesar de  que afirmen que lo curo todo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;El odio que me profesan se transforma en espanto el día que descubren una  arruga en la cara de un amigo. La examinan como si estuvieran frente a un espejo  y se preguntan si el otro está observando el mismo pliegue en sus rostros. Y  desde ese momento su vida se convierte en una guerra contra mí. Una batalla  absurda que no comprendo, porque la realidad es transparente: me necesitan para  existir. Si yo no estuviera no tendrían nada. Lo digo sin prepotencia, es una  verdad que todos conocen pero contra la que todos luchan.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Sin embargo, nadie respondería “el tiempo” si le preguntaran cuál es su  principal enemigo. Así son de hipócritas. Porque en el fondo todos saben que soy  lo más importante que tienen, aunque me tengan declarada la guerra.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Lo he pensado mucho y al fin he tomado una decisión. Me voy, desaparezco,  me rindo. Esta será mi última noche. No sé si les dejo con la eternidad o con el  apocalipsis. En cualquier caso, me intriga saber qué harán sin mí a partir de  ahora.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-2721477217062616524?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/2721477217062616524/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=2721477217062616524' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/2721477217062616524'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/2721477217062616524'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2007/09/la-decisin.html' title='La decisión'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/RuwQ0tf5_3I/AAAAAAAAACs/ybOz4gp7934/s72-c/espiral.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-1742678699947861606</id><published>2007-09-15T11:01:00.000+01:00</published><updated>2007-11-10T20:34:05.291Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='mi fiesta'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Curso'/><title type='text'>Vuelvo</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Ruuv7tf5_2I/AAAAAAAAACk/sdv3qQbzgY0/s1600-h/miercoles18.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Ruuv7tf5_2I/AAAAAAAAACk/sdv3qQbzgY0/s320/miercoles18.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5110371642542522210" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:-1;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;© &lt;a href="http://miercoles18.blogspot.com/"&gt;Belén&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style=""&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;Estoy de vuelta. Abandoné este blog porque se acabó el curso de escritura. Decidí tomarme unos días de vacaciones. Me prometí a mi misma escribir mucho durante este verano. No me lo prometí una vez, sino muchas. Cada día, varias veces cada día. Y cada vez me lo creí. O fingí creérmelo. La inquietud me insistía. Me empujaba a sentarme frente al ordenador mientras veía un programa absurdo en la tele comiéndome un bocadillo. O cuando estaba tumbada en la playa frente al mar. Me decía: “después, cuando llegues a casa, al atardecer, será un momento bonito para escribir esa historia que tienes en la cabeza”. Y así un día tras otro, todos los atardeceres desde julio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;Ahora empiezo otro curso y me prometo no volver a abandonar este blog. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;Esta es la primera sorpresa que me ha regalado el reencuentro con la escritura: el blog de Belén, compañera de curso, &lt;a href="http://miercoles18.blogspot.com/"&gt;Miércoles18&lt;/a&gt;. Gracias, Belén, por inspirarme este post.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-1742678699947861606?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/1742678699947861606/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=1742678699947861606' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/1742678699947861606'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/1742678699947861606'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2007/09/vuelvo.html' title='Vuelvo'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Ruuv7tf5_2I/AAAAAAAAACk/sdv3qQbzgY0/s72-c/miercoles18.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-2143179676838420666</id><published>2007-07-05T08:14:00.001+01:00</published><updated>2009-07-02T09:06:01.782+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='amistad'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><title type='text'>Caricatura</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/RvVW9LuVilI/AAAAAAAAADU/xV6nRN6caGg/s1600-h/caricaturablog2.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/RvVW9LuVilI/AAAAAAAAADU/xV6nRN6caGg/s320/caricaturablog2.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5113088561068214866" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;© &lt;a href="http://cilencionosecalla.blogspot.com/"&gt;cilencio&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;p style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Ya está mi amiga Lola con la  manía de ir el sábado a la playa nudista. Insiste en que hay que liberarse. Es  muy fácil decirlo cuando tus caderas no parecen la Dama de Elche bamboleándose al  ritmo de Shakira. Todavía me acuerdo del día que accedí a acompañarla, después  de que me jurase que también había gente en bañador. Cientos de ojos desnudos se  precipitaron sobre mi desproporcionada figura enbikinada. Embutido en una  braguita verde estampada de flores amarillas, mi culo parecía una montaña suiza  en días de verano, por la que los espectadores esperaban ver corretear a Heidi.  Ese par de parabólicas que cuelgan al final de mi espalda recogieron la onda  expansiva de miradas bronceadas, trasladando al resto de mi cuerpo microscópico  un sonrojo tan explosivo y diminuto como el de la ventanita de un Predictor que  diera positivo. Porque lo extravagante del caso no es la medida en sí de mi  trasero; sino la extrema brevedad del cuerpo que va unido a él.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Soy tan pequeña que en más de una  ocasión algún médico malvado ha anotado “no tiene” en la casilla “estatura” de  mi hoja de reconocimiento. Una vez me partí una pierna y tuve que comprarme unas  muletas de Famobil. La gente que me quiere suele decirme eso de que “las buenas  esencias se venden en pequeños tarros”, pero menudo consuelo ser comparada con  la colonia de Pin y Pon. Aunque ser diminuto también tiene sus ventajas. Por  ejemplo, heredas la ropa de tus sobrinos, las piernas te caben en los asientos  de Ryanair, no tienes que agacharte para hacer la cama y puedes hacer natación  en la bañera de tu casa.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;El caso es que aquel día en la  playa, mi bikini ejercía sobre la gente el poder del paragüas de una guía  turística levantado sobre la multitud, así que accedí a desnudarme con la  esperanza de pasar desapercibida. El plan salió bien. Desde ese momento me sentí  como un barbapapá rosa, abandonado en una fiesta de barbies.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Debido a mi insignificante  tamaño, no estoy acostumbrada a tanta expectación. De hecho, sólo la provoco los  días en que me veo obligada a ir a comprarme pantalones. La dependienta,  mirándome desde la posición de maestra de una guardería, nunca imagina la carga  que llevo detrás, y cuando le pido mi talla, responde con cara de profesora  solícita: “¿Seguro?”. Al final, mientras la chica repliega el medio metro de  largo que siempre me sobra de los pantalones y tiene la oportunidad de ver de  cerca las posaderas que Dios me ha dado, me acusa de que yo “engaño”, como si  fuera mi obligación llevar escrita en la frente la talla que gasto. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span&gt; &lt;/span&gt;“Carita de morir, culito de vivir”, dice  mi madre con razón. Porque gracias a las gafas hipermétropes, que amplifican mi  mirada con tanto escándalo como la voz megafónica que dirige una manifestación,  parezco siempre a punto de morir de sorpresa. He probado a usar lentillas, pero  debido a un ineficaz parpadeo, se entelan de tal forma que termino extraviada  dentro de una nube.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0pt; font-family: georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Después de años de observación de  mí misma, un día decidí dejar de despreciar los dos rasgos grandes que poseo. Y  desde entonces exhibo mi mirada estupefacta, orgullosa de la admiración que es  capaz de provocar mi atributo trasero. Pero de ahí a acompañar otra vez a Lola a  la playa nudista... no me cabe dentro tanta autoestima.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-2143179676838420666?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/2143179676838420666/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=2143179676838420666' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/2143179676838420666'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/2143179676838420666'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2007/07/caricatura.html' title='Caricatura'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/RvVW9LuVilI/AAAAAAAAADU/xV6nRN6caGg/s72-c/caricaturablog2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-6018491418909345152</id><published>2007-07-05T08:13:00.000+01:00</published><updated>2009-07-02T09:06:01.783+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='amistad'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='personajes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='amor'/><title type='text'>Pepa</title><content type='html'>La primera vez que vi a Pepa ella caminaba arrogante por los pasillos del Colegio Mayor. Yo había ido a presentar mi solicitud de admisión para el curso siguiente. Después de la entrevista, el administrador me invitó a visitar las dependencias del edificio. Cuando subíamos las escaleras de acceso a las habitaciones, la oímos gritar con su voz masculina y fanfarrona.&lt;br /&gt;- ¡Me voy, me voy, me voy! No me vais a ver el pelo en mucho tiempo.&lt;br /&gt;Pepa apareció por el fondo del corredor. Avanzaba a pasos de gigante, con el desparpajo de una estrella de cine, la espalda recta acentuada por dos grandes hombreras, un cuello excesivamente largo y una cara pequeña en la que se amontonaban todos los rasgos desafiantes, enmarcados por un pelo largo, rizado y rubio que se bamboleaba al ritmo de sus pisadas.&lt;br /&gt;- Sánchez, me han aprobado la Estadística –gritó triunfante, clavando sus ojos verdes un poco saltones en el administrador –y me voy a mi casa a comerme a besos a mi madre.&lt;br /&gt;- Me alegro, Pepa. Mira, esta chica también va a estudiar Matemáticas –anunció el hombre señalándome sin detenerse.&lt;br /&gt;- ¿Sí? –por primera vez Pepa se fijó en mí y, para mi sorpresa, me dirigió una mirada amable, casi compasiva. – Agárrate, entonces, ¡y que no te machaquen! Conmigo no han podido. Me voy con la Estadística aprobada, más contenta que unas pascuas, como si no llevara todo lo demás suspenso. Los muy cabrones nos han tenido hasta el 20 de julio de exámenes, el café me sale por las orejas.&lt;br /&gt;Yo sonreí sin saber si darle la enhorabuena o decirle que lo sentía; pero ella siguió su paso deseándome suerte y yo me apresuré para alcanzar al administrador, quién seguía avanzando despacio por el pasillo mientras agitaba unas llaves en la mano.&lt;br /&gt;El primer día de clase volví a ver a Pepa, sentada en la última fila fumándose un cigarro negro, rodeada de compañeros que reían alborotados.&lt;br /&gt;- ¿Qué? ¿Te admitieron en el Colegio? – me preguntó nada más verme.&lt;br /&gt;- Sí, llegué ayer – le respondí abrazada a mi carpeta.&lt;br /&gt;- A mi me echaron, los cabrones, porque sólo aprobé una. Pero mejor –sentenció-, no me gustaba nada esa movida.&lt;br /&gt;Después, coincidí con ella en muchas otras clases y también en la cafetería de la Facultad, donde Pepa se sentaba la mayor parte de la mañana, sin parar de fumar y de tomar café con leche. Nunca me expliqué cómo podía estudiar allí con tanto ruido, pero decía que era capaz de concentrarse en sus apuntes hasta que alguno de nosotros nos acercábamos a su mesa a charlar un rato.&lt;br /&gt;Poco a poco, Pepa se convirtió en una especie de protectora para mi, como una hermana mayor a quien le contaba mis problemas, aunque yo tenía a mis propios amigos y una vida en el Colegio que nada tenía que ver con la suya, excepto por el hecho de que éramos compañeras de clase.&lt;br /&gt;Después de uno de los exámenes parciales, nos fuimos las dos a tomar una cerveza mientras esperábamos al resto de compañeros.&lt;br /&gt;- Que suerte tienes de haber aprobado ya la Estadística –le dije.&lt;br /&gt;- Yo no aprobé Estadística – respondió muy seria. A mi me sorprendió porque Pepa jamás mentía. – Me la aprobó el chulo de Jose Antonio.&lt;br /&gt;Jose Antonio era el profesor. Entendí que tenía algún tipo de enchufe, pero después me explicó que se lo había encontrado en una fiesta y que él enseguida empezó a tontear con ella.&lt;br /&gt;- Estuvimos liados tres meses, hasta que me dejó dos días antes de los exámenes. El cabrón me dijo que se iba a casar, pero que no me preocupara por la Estadística –confesó Pepa con la mirada perdida, dándole una calada infinita a uno de sus cigarros negros-. Me puso un Notable.&lt;br /&gt;Aquella confidencia desmontó la imagen de mujer autosuficiente que yo tenía de ella y me di cuenta de que, en el fondo, la conocía muy poco, porque cuando estábamos juntas la conversación se centraba mucho más en mi vida que en la suya.&lt;br /&gt;Sin embargo, a partir de aquel momento, fue como si Pepa hubiera salido de una burbuja que la aislaba de todo lo que pudiera perturbarla. Pasamos el final de aquel curso estudiando juntas casi cada día, alternando sus crisis de llanto por aquel amor que nunca más volvió a interesarse por ella, con momentos de risas histéricas teñidas de café con hielo y de noches sin dormir.&lt;br /&gt;El día que fuimos a mirar mi nota de Estadística, ella estaba mucho más nerviosa que yo. Cuando vio mi Notable en el listado se puso a dar saltos de alegría, me cogió en volandas y empezó a gritar “que te jodan, cabrón” hasta que se quedó sin aliento. Yo me enternecí con aquella forma infantil de venganza que nunca hubiera imaginado en una mujer como ella, como si un examen fuera una especie de batalla que se ganara a base de aprobados.&lt;br /&gt;Aquel verano nos escribimos varias veces. En una de sus cartas me contó que había decidido seguir estudiando a distancia, porque volver a Granada se le hacía muy duro, después de todo lo que había pasado allí.&lt;br /&gt;Nunca más volví a verla; pero cuando me cruzaba con Jose Antonio por los pasillos de la Facultad y él simulaba no verme, como hizo con Pepa cada vez que se la cruzaba en el bar, yo susurraba “que te jodan cabrón”, a modo de homenaje a mi amiga.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-6018491418909345152?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/6018491418909345152/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=6018491418909345152' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/6018491418909345152'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/6018491418909345152'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2007/07/pepa.html' title='Pepa'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-4523245635479691210</id><published>2007-06-28T09:35:00.001+01:00</published><updated>2009-07-02T09:06:01.783+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='amor'/><title type='text'>Viaje</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Rp4cPwW8K-I/AAAAAAAAACc/zW47bvuvJ4A/s1600-h/tren.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Rp4cPwW8K-I/AAAAAAAAACc/zW47bvuvJ4A/s320/tren.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5088535685979974626" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;© &lt;a href="http://www.morguefile.com/forum/profile.php?username=hyperlux"&gt;hyperlux&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;Arrastré con dificultad mi maleta por el pasillo del vagón hasta llegar a mi asiento. Sentada a mi lado viajaba una chica alta y delgada de aspecto desaliñado. Sonriente, me ayudó a colocar la bolsa en el hueco portaequipajes sobre nuestras cabezas. Le di las gracias y me sentí aliviada de dejar atrás la desconsolada sensación de despedida que siempre me produce la espera en el andén. Cuando estaba a punto de preguntarle su nombre, la muchacha sacó un libro de su mochila y lo dejó sobre la bandeja desplegada mientras buscaba unas gafas. Al reconocer el título de la novela, desistí del intento de entablar conversación con ella, miré por la ventanilla y vi cómo el tren se movía al ritmo de mis recuerdos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo había leído El invierno en Lisboa hacía muchos años. Justo después de que Mario se fuera. No recuerdo ni una palabra del libro. Lo relaciono con días de lluvia, grises como los últimos días que pasamos juntos en Santiago de Compostela, después de recorrer todo el norte de España en aquella furgoneta desvencijada. Al principio, cuando la alquilamos, nos pareció el refugio perfecto para los dos. Una máquina destartalada como éramos nosotros entonces, el espejo de nuestro amor sin planes de futuro, recorriendo inconscientes los caminos, sin pensar en lo que nos encontraríamos detrás de cada bache.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Eres como una veleta - me había dicho Mario, después de decidir que no iríamos a Lisboa. Utilizó una vez más una metáfora para explicarse y yo, como siempre, me perdí a medio camino del significado de sus palabras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pocas semanas después Mario se fue a México a trabajar en una de las empresas de su padre. Yo volví a Granada con mi abuela, quién se empeñó en consolarme a base de patatas a lo pobre, como siempre había hecho con cada una de mis desilusiones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La voz del revisor me sorprendió abrazada a mi bolso, donde guardaba la carta de admisión como investigadora en el ESTEC, el Centro Europeo de Investigación y Tecnología Espacial. Me había llegado hacía unos meses y desde entonces me sumergí en los preparativos del viaje a Noordwijk, donde pasaría al menos los siguientes cuatro años. La dedicación con la que lo organicé todo logró sofocar en parte la desolación que me produjo la muerte de mi abuela. Ella solía decirme que yo llegaría lejos y a mi me gustaba oírlo, aunque siempre pensé que era su forma de enseñarme a confiar en mí misma. Un día, mientras preparaba la cena, me dijo que vigilara las croquetas, porque le había llegado su hora. No me dio tiempo de retirar la sartén del fuego cuando ella ya se había apagado, tumbada sobre su cama. Entonces no hubo patatas a lo pobre suficientes para aliviar mi tristeza. Algo después llegó la carta. No se me ocurrió llamar a nadie para contárselo y sólo mi jefe del departamento de Computación me dio la enhorabuena cuando le dije que me iba, con las mismas palabras con las que ahora el revisor me devolvía mi billete: "Buen viaje".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La chica que iba sentada a mi lado no levantaba la vista del libro. Traté de leer algunas líneas desde mi asiento, pero los párrafos se emborronaban entre mis recuerdos y no conseguía encontrar el sentido a las frases. Entonces me dediqué a mirar por la ventanilla y ver pasar las estaciones desiertas en las que no parábamos. En cada una de ellas se iban quedando pedazos de mi vida hasta que, de pronto, la muchacha se levantó de su asiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-         Voy al bar a tomar un café - anunció. A mi me sonó como una invitación, pero antes de que pudiera decir nada, añadió: - ¿Te importa cuidar de mi mochila?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hice todo lo posible por sonreirle mientras negaba con la cabeza y cuando la vi atravesar la puerta automática del vagón, entendí al fin lo que significaba ser como una veleta, abandonada al antojo de los vientos del cambio.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-4523245635479691210?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/4523245635479691210/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=4523245635479691210' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/4523245635479691210'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/4523245635479691210'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2007/06/viaje_28.html' title='Viaje'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Rp4cPwW8K-I/AAAAAAAAACc/zW47bvuvJ4A/s72-c/tren.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-4472933227347764788</id><published>2007-06-28T09:30:00.000+01:00</published><updated>2007-11-10T20:31:47.923Z</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Curso'/><title type='text'>Esta semana</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Rp4a9wW8K9I/AAAAAAAAACU/OYKFpoq6qL0/s1600-h/metafora.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Rp4a9wW8K9I/AAAAAAAAACU/OYKFpoq6qL0/s320/metafora.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5088534277230701522" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;© &lt;a href="http://www.morguefile.com/forum/profile.php?username=hotblack"&gt;hotblack&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Esta semana el ejercicio iba sobre metáforas. Debía escribir un relato que fuese una metáfora de situación, es decir, que todo él hablase de algo sin mencionarlo. Para ello, nos pidieron que hiciéramos metáforas de las siguientes palabras:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-La familia&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un libro que nunca acabas de leer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Un día de trabajo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una moneda que cae en una hucha que nunca se llena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-La pareja&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La manta que alguien te echa por encima mientras duermes la siesta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-La soledad&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una compañera de viaje que lee todo el rato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Una cita con la persona amada&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cabalgata que anuncia la llegada de los Reyes Magos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Internet&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una manifestación mundial convocada a todas horas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-La sed&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sabor de la piedra pómez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-La vejez&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un fantasma del que, con el tiempo, te haces inseparable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Una noche de borrachera&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un puzzle que empiezas a montar con entusiasmo y que termina por darte dolor&lt;br /&gt;de cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-El tiempo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un río que nos arrastra mientras Dios nos mira desde el cielo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Un niño que llora&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una pregunta que no nos deja dormir y para la que no encontramos respuesta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-El frío&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La sala de espera de un dentista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Los hermanos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las frutas de una macedonia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-El médico&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El juez del cuerpo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Un día de lluvia&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una canción melancólica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-El hambre&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gritos desgarrados a media noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después, había que elegir una de ellas y escribir un relato. Yo elegí la de la soledad. No estoy muy satisfecha con el trabajo final, a ver qué pensáis los esporádicos lectores de este blog.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-4472933227347764788?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/4472933227347764788/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=4472933227347764788' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/4472933227347764788'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/4472933227347764788'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2007/06/esta-semana.html' title='Esta semana'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Rp4a9wW8K9I/AAAAAAAAACU/OYKFpoq6qL0/s72-c/metafora.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-2774279513717910642</id><published>2007-06-19T11:49:00.001+01:00</published><updated>2009-07-02T09:06:01.784+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='personajes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><title type='text'>Las visitas de mi tía Reyes</title><content type='html'>&lt;span style="font-family: georgia;font-family:georgia;font-size:100%;"  &gt;Seis de los siete hijos que tuvo mi tía Reyes nacieron en mi pueblo. Cuando se aproximaba el momento del parto, la hermana de mi madre se trasladaba a mi casa y esperaba el día del alumbramiento entre visitas a Don Prudencio, el ginecólogo, e interminables charlas con mis padres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi tía era alta y morena. Tenía unos grandes ojos verdes y una mirada fugaz heredada de su infancia, pues había sido bizca hasta que, a los dieciocho años, le corrigieron el estrabismo, del que le quedó una actitud retraída que contrastaba con su aspecto de estrella de cine.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siempre venía acompañada de alguno de mis primos pequeños, que eran admitidos por unos días en mi colegio, como alumnos visitantes. Las maestras los solían sentar en un pupitre al final del aula y trataban de entretenerlos con juegos, lápices y cuadernos de pintura, para que no se aburrieran mientras transcurrían las clases. Yo ejercía de pequeña mamá y tenía permiso para levantarme a consolarlos cuando lloraban, llevarlos al baño o sacarlos un rato al patio cuando se ponían penosos. En estas idas y venidas me libraba de parte de la lección y, cuando subíamos las escaleras camino otra vez de la clase, insistía en recordarles que cualquier cosa que necesitaran me la pidieran. Les sugería, por ejemplo, que cuando la maestra mencionara mi nombre y me preguntara algo, se acercaran a mi sitio y me dieran la mano. Ellos siempre obedecían, provocando las risas del resto de mis compañeras y haciendo que la profesora desistiera de preguntarme la lección.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me encantaban las visitas de mi tía, porque, además, siempre hacía comidas nuevas y divertidas, como los huevos duros que disfrazaba de chinos. Cortaba un extremo del huevo para que quedara plano y poder ponerlo en pie. Lo atravesaba con un palillo de dientes y pinchaba una aceituna en la punta, que quedaba a modo de cabeza. En la parte superior, clavaba con mucho cuidado el trozo de clara que había cortado, con forma de sombrero chino. Al final, con unos pimientos morrones les hacía una bufanda y dibujaba con un poco de mayonesa dos ojitos en la aceituna. Después, daba pena comerse a los pobres chinitos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También nos enseñaba juegos nuevos, como el bingo que compró embarazada de mi prima Noelia; o el juego del burro con el que entretuvimos la espera del nacimiento de mi primo Pedro. Pero lo más divertido era adivinar cómo sería el futuro bebé. Si sería niño o niña, rubio o moreno. Lo que era seguro es que todos iban a ser futbolistas, porque pegaban unas patadas en la barriga de mi tía que celebrábamos con entusiasmo y admiración. Hacíamos apuestas que anotábamos en una libreta. Después, cuando ella volvía del hospital, el que más se había aproximado en la descripción, se llevaba cinco duros de premio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esos días incluso podíamos irnos a la cama mucho más tarde, porque mi madre y ella se recreaban en largas conversaciones que sólo adormecían a mi padre, mientras hacían chalequitos de punto o braguitas de croché, según la temporada en la que estábamos. Hablaban de muchas cosas, pero sobre todo de Don Prudencio, el ginecólogo, al que mi tía consideraba su salvador, después de la mala experiencia que tuvo en su primer parto, en el que estuvo a punto de morir, allá en su pueblo. Mi madre insistía en que hiciera unos ejercicios sencillos de respiración para el parto, pero mi tía se ponía blanca cada vez que se mencionaba el temido momento. Ella prefería ignorarlo, como si no fuese a llegar nunca, y dedicarse a hablar de las excelencias de Don Prudencio, al que, delante nuestro, llamaba “uno de mis reyes magos”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo me iba haciendo mayor con cada una de las visitas e iba entendiendo mejor muchas de las cosas que ellas contaban o las que explicaba mi madre después del parto, como que mi tía, antes de entrar al paritorio, murmuraba “no, no, por favor” y cerraba las piernas con fuerza, como si así pudiera evitar el alumbramiento. Sin embargo, cada uno de mis primos logró nacer, a pesar de la resistencia de su madre quién, con resignación y también con optimismo, cada cierto tiempo, volvía gorda como un pez globo y se iba otra vez con otro bebé en brazos, cargada de pasteles y jurándole a mi madre que esa sería la última vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces, yo sufría la normalización de las clases, donde al poco tiempo se habían olvidado del primo de turno que ocupó el pupitre del fondo de la clase, y la maestra volvía a preguntarme sin piedad la lección del día. Y cada uno de esos días, esperaba que viniera pronto otra vez mi tía Reyes, a llenar de sorpresas y diversión los días previos a la llegada de un nuevo primo futbolista.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-2774279513717910642?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/2774279513717910642/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=2774279513717910642' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/2774279513717910642'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/2774279513717910642'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2007/06/las-visitas-de-mi-ta-reyes_19.html' title='Las visitas de mi tía Reyes'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-3147455587645649858</id><published>2007-06-07T08:57:00.000+01:00</published><updated>2009-07-02T09:06:01.784+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fantástico'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='personajes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><title type='text'>El personaje</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/RpiMWwW8K8I/AAAAAAAAACM/69qKHGH02EY/s1600-h/Escher.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/RpiMWwW8K8I/AAAAAAAAACM/69qKHGH02EY/s320/Escher.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5086970101681105858" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;© Escher&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;Estuve escribiendo toda la tarde. Un relato sobre un muchacho que quiere atravesar una plaza llena de tráfico, en la que confluyen seis grandes avenidas. En el centro hay una rotonda con una fuente. En vez de caminar de semáforo en semáforo, el chico consigue llegar hasta la glorieta aprovechando un claro en la circulación. Su intención es la de volver a hacer lo mismo por el otro lado. Pero pasa el tiempo y el tráfico no cesa. Cuando el semáforo de una calle se pone en rojo, el de la otra está en verde, de forma que el muchacho no tiene oportunidad de volver a cruzar. Al principio se lo toma con filosofía, después comienza a angustiarse porque no dejan de pasar coches. Está atrapado en medio de la plaza. Ninguno de los conductores se da cuenta de que el joven está allí, que va debilitándose con el tiempo, sintiéndose cada vez más solo y agobiado. Tenía un final para mi relato: el chico se vuelve loco y termina suicidándose sin que ninguno de los automovilistas se dé cuenta de que él está allí.&lt;br /&gt;Entonces, comencé a dudar. A mi relato le faltaba algo para ser realmente angustioso, tanto que cualquier lector estuviera de acuerdo en que ese era el único final posible. Decidí entrevistar a mi personaje en busca de respuestas para resolver el final del cuento. Había leído en un libro que era una buena técnica para construir historias consistentes.&lt;br /&gt;- Te llamaré Pablo – le dije.&lt;br /&gt;- ¡Cómo no! Tu nombre preferido – me respondió resuelto – Todos los personajes de tus cuentos se llaman Pablo.&lt;br /&gt;- ¿Todos? Todos no... – dudé – aunque es verdad que Pablo es mi nombre preferido...&lt;br /&gt;- Podrías elegir otro nombre para alguien a quién quieres matar.&lt;br /&gt;- No es que quiera matarte, es que no hay otro final posible para ese cuento.&lt;br /&gt;- Claro, porque es una copia de “No se culpe a nadie” de Julio Cortázar, en el que el protagonista acaba suicidándose por la angustia que siente al ponerse un jersey – dijo desafiante el protagonista de mi cuento.&lt;br /&gt;- ¡Pero qué dices! No es una copia... Además, tú eres una creación mía, no puedes pensar, soy yo la que pienso – respondí enfadada – sólo faltaría que hasta los personajes de mis cuentos me dijeran lo que tengo que escribir o no.&lt;br /&gt;- Si tú lo dices... – . Dejó así la frase, en puntos suspensivos, como una invitación para que siguiera preguntándole, haciéndose el interesante.&lt;br /&gt;- ¿O es que se te ocurre un final mejor para el relato, listo? – pregunté fuera de mí.&lt;br /&gt;- Pero a ver, ¿tú que quieres contar? ¿por qué me pones en medio de la maldita plaza? ¿por qué quieres volverme loco? ¿te lo has planteado? Porque yo, por mi, que aparezca una tía guapa con unas buenas tetas a rescatarme y listo.&lt;br /&gt;- ¿Cómo? Me parece increible que pienses así. Yo te he creado. Tú eres un don nadie, ni siquiera tienes nombre, eres una de las mil almas de la ciudad, insignificante, perdida, un simplón, un gilipollas que tiene la brillante idea de desmarcarse del camino establecido y muere en el intento. ¡No puedes pensar en tetas ni en tías buenas, joder! – protesté, sin poder creer lo que me estaba pasando.&lt;br /&gt;- Ah, sí, una víctima de la despersonalización de la ciudad, una desgracia anónima, menuda metáfora, anda que no está trillada – murmuró con pasividad.&lt;br /&gt;No quise seguir discutiendo, estaba abatida, pero me rondaba una incógnita que no quise dejar de aclarar.&lt;br /&gt;- ¿De verdad tu máxima aspiración es que te rescate una tía buena?&lt;br /&gt;- Hombre, pues estaría bien, ¿tú crees que quiero suicidarme? Estoy en el mejor momento de mi vida. No te costaría mucho hacer que una chica guapa me invitara a subir en su coche – dijo, dueño de la situación.&lt;br /&gt;- Ya veremos – contesté y dí por terminada la entrevista.&lt;br /&gt;Estaba muy cansada, apagué el ordenador y me fui a dormir. Por la mañana seguí con la historia.&lt;br /&gt;Al final, una chica atractiva para el coche junto a la glorieta, abre la ventanilla y le pregunta al protagonista si quiere que lo lleve a algún sitio. El muchacho no puede creer la suerte que ha tenido, después de una noche de angustia. Cuando abre la puerta para subir al vehículo, un autobús lo embiste por detrás y el chico muere.&lt;br /&gt;No me quedó más remedio, el muy testarudo se negaba a suicidarse.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-3147455587645649858?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/3147455587645649858/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=3147455587645649858' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/3147455587645649858'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/3147455587645649858'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2007/06/el-personaje.html' title='El personaje'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/RpiMWwW8K8I/AAAAAAAAACM/69qKHGH02EY/s72-c/Escher.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-2399219691459667533</id><published>2007-06-07T08:54:00.001+01:00</published><updated>2009-07-02T09:06:01.785+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='infancia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='amor'/><title type='text'>Laurita</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Rme-TAkAHcI/AAAAAAAAACE/E397WC8-CH8/s1600-h/luna.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Rme-TAkAHcI/AAAAAAAAACE/E397WC8-CH8/s320/luna.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5073232739033947586" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family: georgia;font-size:78%;" &gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-size: 78%;"&gt;© &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.morguefile.com/forum/profile.php?username=mrmac04"&gt;mrmac04&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;No era el primer año que Teo iba a las Catequesis, pero aquel era el curso más importante, porque antes del verano haría la Primera Comunión. El primer día de clase, él y sus amigos entraron alborotados en la Iglesia de Santo Tomás, con las caras rojas y las frentes sudorosas de agitación, ya que habían estado jugando desde la salida del colegio en la plaza que había justo delante de la Iglesia.&lt;br /&gt;La nueva profesora, Adela, se presentó. Era una chica joven y sonriente, de andar pausado y gesto cándido, a quién acompañaba su hija Laurita, quién sería nueva compañera de clase de los niños de la Catequesis.&lt;br /&gt;Teo se quedó embobado mirando a la niña de ojos chispeantes como el Peta Zeta y cara suave y sonrosada como las esponjitas de azúcar. Llevaba dos lazos azules bien anudados a sus coletas castañas, a juego con los calcetines y con los dibujitos de globos celestes sobre su vestido blanco, resplandeciente como un regalo de Reyes sin abrir.&lt;br /&gt;Se acercó a ella como hipnotizado por la delicadeza de la cría y se quedó mirándola, sin saber qué decir.&lt;br /&gt;- Yo voy al Virgen de Belén, ¿y tú a qué Colegio vas? – preguntó Laurita a Teo.&lt;br /&gt;- A la Safa – respondió él, metiéndose las manos en los bolsillos, con la vista puesta en los dedos de barquillo de la niña.&lt;br /&gt;- Ah, como mi hermano. Él es más pequeño, va a Primero. Todos los niños de la Safa tienen gusanos de seda, ¿tú también? A mi me dan mucho asco – afirmó Laurita, frunciendo el ceño mientras se sentaba resuelta en uno de los bancos.&lt;br /&gt;- Sí, tengo catorce, pero no hacen nada, sólo comen hojas de morera – dijo Teo, satisfecho de no sentir asco de los gusanos.– Si quieres vienes a mi casa y te los enseño.&lt;br /&gt;- Bueno, se lo preguntaré a mi madre – respondió Laurita.&lt;br /&gt;En ese momento, Adela hizo callar a los niños para empezar la clase. Los llevó a una de las capillas laterales y los hizo sentarse en los pupitres desparejados, colocados allí para los días de Catequesis. Teo no se separó de la nueva compañera y se sentó a su lado. Durante toda la hora, estuvo observando a la niña, balanceaba los pies y comparaba sus botas sucias de cordones con los zapatitos azules relucientes de ella, la veía levantar la mano para responder a las preguntas de Adela y miraba admirado el libro forrado y el orden exquisito de su estuche, en contraste con sus propios lápices rayados de puntas gastadas. De vez en cuando, ella volvía la cara y le sonreía. Teo se estuvo preguntando todo el rato si la catequista daría permiso a Laurita para ir con él a su casa a ver los gusanos de seda y pensaba que si la niña sentía asco, él cerraría la caja muy rápido para que ella no tuviera miedo.&lt;br /&gt;Al final de la clase, Adela propuso a los niños rezar un Padrenuestro y que cada uno hiciera una petición al Señor, porque Dios siempre escuchaba a quienes le rogaban con devoción. Cada uno de ellos fue recitando en voz alta su plegaria, por los niños pobres, por el abuelo enfermo, por que lloviera y se acabara la sequía... hasta que llegó el turno de Teo. Entonces, él puso su mirada grande de caramelo en la profesora y dijo: “Señor, te pido que la señorita Adela deje a Laurita ir a mi casa a ver los gusanos de seda”. Todos los niños se echaron a reir, excepto la niña, que regaló a Teo una sonrisa de gominola y después clavó sus ojos en los de su madre, esperando una respuesta divina. La catequista puso silencio como pudo, tratando de reprimir la risa que le había provocado la ocurrencia del niño y explicó con sencillez que Teo hacía muy bien en pedir algo que él quería de verdad y que el Señor escuchaba todo lo que uno le decía. Era la hora de salir y mientras los niños salían tan alborotados como había entrado, les mandó que se estudiaran los Mandamientos para el próximo día. Teo se levantó y permaneció con los codos sobre el pupitre, aguantando su cabeza con las manos, mirando cómo la niña ordenaba por colores sus lápices en el estuche.&lt;br /&gt;- Señorita, ¿puede venir Laurita a mi casa? – pidió el niño a la catequista.&lt;br /&gt;- Sí, mamá, ¿puedo ir? – insistió la niña.&lt;br /&gt;- Bueno – dijo Adela, poniendo los pupitres en orden – hoy no, que ya es muy tarde. Otro día te llevo a casa de Teo, si su mamá quiere, ¿vale? Niños, voy a despedirme de Don Mariano y nos vamos, ¿eh? Que tenemos que recoger a tu hermano a casa de la abuela – añadió saliendo de la capilla.&lt;br /&gt;Teo y Laurita se quedaron solos un momento, mientras la profesora volvía de la sacristía. El niño se acordó de todas las veces que sus amigos habían estado jugando en su casa y de los bollitos de leche que su madre preparaba con mermelada de fresa, porque sabía que era su merienda preferida.&lt;br /&gt;- Seguro que mi madre quiere que vengas a mi casa – dijo Teo, rascándose una postilla que tenía en la rodilla.&lt;br /&gt;- ¡Qué bien! – respondió Laurita. - ¿Qué te ha pasado? – preguntó, señalando la pierna del niño.&lt;br /&gt;- Me caí de la bici – respondió Teo, enmarcando la costra con sus dedos.&lt;br /&gt;Adela volvió y los tres salieron de la Iglesia mientras Teo explicaba a la niña cómo se había hecho la herida. Era casi de noche y, de pronto, Laurita exclamó: “Mira mamá, la luna, ¡está llena! Qué bonita.” Los tres se quedaron un segundo mirando al cielo y, al fin, la mujer acarició la cabeza del chiquillo y los tres se despidieron.&lt;br /&gt;Aquella noche, mientras leía el periódico, Marcos vio por el rabillo del ojo a su hijo Teo entrar en la salita cabizbajo. No le hizo demasiado caso, pensó que estaría aburrido, aunque era bastante inusual en el niño andar silencioso arrastrando los pies. Oía desde la salita el ruido de platos y la conversación lejana que mantenía su mujer con sus otros dos hijos en la cocina. Era la hora de la cena. Teo atravesó la habitación, abrió un poco la cortina del balcón y se quedó parado con la nariz pegada al cristal de la puerta, mirando hacia la calle.&lt;br /&gt;- ¿Qué pasa, Teo? – preguntó al niño, con curiosidad.&lt;br /&gt;- Nada. Estoy viendo la luna – respondió el niño, melancólico.&lt;br /&gt;- Ah, ¿sí? ¿Ya ha salido la luna? – A Marcos le sorprendió el tono de la respuesta del niño y se preguntó si Teo tendría algún problema.&lt;br /&gt;- Sí, mira qué bonita está – dijo su hijo señalando con el dedo hacia el cielo.&lt;br /&gt;Marcos se levantó y se acercó a la ventana. Acarició el pelo de Teo y se quedaron los dos mirando la luna llena hasta que oyeron al resto de la familia llamarlos para cenar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-2399219691459667533?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/2399219691459667533/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=2399219691459667533' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/2399219691459667533'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/2399219691459667533'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2007/06/laurita.html' title='Laurita'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Rme-TAkAHcI/AAAAAAAAACE/E397WC8-CH8/s72-c/luna.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-1039840494350950636</id><published>2007-05-22T22:06:00.000+01:00</published><updated>2009-07-02T09:06:01.786+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='recuerdo'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='melancolía'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><title type='text'>Despertar</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/RlNfvdoLmsI/AAAAAAAAAB8/PABOAcXR9EU/s1600-h/despertar.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/RlNfvdoLmsI/AAAAAAAAAB8/PABOAcXR9EU/s320/despertar.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5067499274733591234" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:-1;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;© edward hopper&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;Abro los ojos antes de que suene el despertador. La luz suave de la mañana entra por las cuatro ventanas de mi cuarto, una en cada pared. Las persianas de librillo de madera clara tiñen de ocre los reflejos metálicos del día justo antes del amanecer. Me revuelvo en la cama, el camisón se ha enredado en mi cintura durante la noche y siento en mis piernas el contacto de melocotón de las sábanas de hilo, más frecas en el lado izquierdo, donde ya no duerme nadie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entretengo la espera del primer rayo de luz roja que indica la salida del sol escuchando  el rumor de la mañana, el murmullo lejano de algunos coches en la calle, una sirena perdida en medio de la ciudad, el graznido de una gaviota que sobrevuela mi terraza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me incorporo un poco y abro la ventana que está justo encima de mi cabeza, subo la persiana y veo los tejados de las casas de alrededor; y al fondo, en el horizonte de azoteas y antenas, me sobrecoje la imagen del sol, una rayita roja que va creciendo, imprimiendo los edificios, el cielo, el reflejo de mis ojos, del color hipnotizante del amanecer. Un color que entra por mi nariz, llena mis pulmones y explota en forma de suspiro vaciándome de intenciones, dejando todo el sitio dentro de mi para ubicar la nostalgia de ese mismo momento de un día cualquiera hace mucho tiempo, en el que no era la luz la que me despertaba, sino el olor a café recién hecho, cuando los músculos de mi cuerpo se mecían en las olas de la calma, apenas interrumpida por un tintineo de platos lejanos, sugiriéndome que quien dormía a mi izquierda me estaba preparando el desayuno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Resignada me abandono a la añoranza y por unos segundos, mientras me levanto y apago el despertador programado para sonar un poco más tarde, me permito recordar aquellas otras mañanas placenteras, las pocas en las que bajé las escaleras y entré en la cocina con el ánimo rebosante de palabras de amor, sin sombra de dudas ni de desasosiego.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero los pies descalzos sobre el suelo frío de la habitación aluden a la trampa de mi memoria, empeñada en instalarse en esas pocas mañanas dulces de primavera, evitando el recuerdo de todas las otras mañanas de invierno helado, en las que los platos acababan rotos en el suelo y el sonido armonioso del amanecer se atravesaba de gritos malpensados con los que quien dormía conmigo me reprochaba un saludo amable al portero, la llamada de un compañero de trabajo, o la minifalda de puta que pensaba ponerme aquella noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salgo a la terraza e inspiro el olor a mar y a los jazmines que compré hace unos días para celebrar que al fin volvía a dormir sola, con la esperanza de que esa fragancia me invada por completo, aniquilando todo rastro del hedor ácido que provoca la culpa y de la empalagoso bálsamo que promete el perdón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces descubro que la primavera ha llegado a mi pequeño naranjo, del que asoman diminutos capullitos de azahar recordándome el aroma de mi tierra lejana, y una idea traviesa llama a mi puerta para sorprenderme sonriendo con un esbozo debajo del brazo de mis próximas vacaciones, en las que ya me veo reencontrándome con mis viejos amigos en las butacas de mimbre del casino de mi pueblo, entre tintos de verano y tapas de patatas al bastón que no he vuelto a probar desde que empecé a compartir mi cama, hace ya demasiado tiempo.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-1039840494350950636?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/1039840494350950636/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=1039840494350950636' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/1039840494350950636'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/1039840494350950636'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2007/05/despertar.html' title='Despertar'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/RlNfvdoLmsI/AAAAAAAAAB8/PABOAcXR9EU/s72-c/despertar.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-2268861984685426930</id><published>2007-05-19T09:51:00.000+01:00</published><updated>2009-07-02T09:06:01.786+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='personajes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><title type='text'>Ménage à Trois</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Rk66z9oLmrI/AAAAAAAAAB0/sdR8VccudSU/s1600-h/tulipanes.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Rk66z9oLmrI/AAAAAAAAAB0/sdR8VccudSU/s320/tulipanes.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5066192032717576882" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;© &lt;a href="http://www.morguefile.com/forum/profile.php?username=fox-out"&gt;fox-out&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Nunca había hablado tanto sobre el deseo como aquella noche de primavera con Clara y Andrés. Después de varios meses sin vernos, quedamos para tomar unas cervezas después del trabajo. No es fácil coincidir con Andrés, siempre está liado con miles de planes. Cuando estamos juntos su teléfono no para de sonar.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Fuimos al Ménage à Trois, un sitio que a él le encanta. Clara llegó casi a la vez que yo y nos sentamos fuera, en una de las mesitas de la puerta, adornadas con hules de girasoles. Ella enseguida empezó a contarme que estaba feliz con Jordi, con quién se había ido a vivir hacía unos meses.Después de la primera Ménage à Trois, la cerveza de la casa, cuando nos parecía que Andrés se estaba retrasando demasiado, lo vimos salir por una bocacalle con paso apresurado, con el aire despistado de siempre y su aspecto desaliñado característico. Después de besarnos y piropearnos, nuestro amigo se unió a la conversación. No sabía que Clara fuera tan en serio con Jordi. Le dio la enhorabuena y la miró tan admirado como sorprendido.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Apareció la camarera y pedimos otra Ménage à Trois. Andrés no desaprovechó la oportunidad de flirtear con la chica, le preguntó si tenían algo de comer con el mismo tono con el que podría haberle preguntado a qué hora salía, y ella le contestó con una risita nerviosa que ahora traía la carta. Clara y yo miramos a Andrés divertidas, él abrió mucho los ojos traviesos y preguntó “¿qué pasa?”, como si no fuera consciente de lo que acababa de ocurrir. Después suspiró, miró a la camarera y con gesto de resignación dijo que no podía reprimirse, que era una enfermedad, cada vez peor, que no se le pasaba con los años. Nos preguntó si no nos ocurría lo mismo. Clara y yo estuvimos de acuerdo en que nuestro caso no era tan exagerado como el suyo, y desde luego no era habitual que deseáramos a alguien sólo por su aspecto. Él nos escuchaba con interés y comentó que a él le pasaba continuamente y que no podía evitar fantasear con las chicas que le atraían. “¿Vosotras no tenéis fantasías?”, preguntó. Clara y yo nos reimos un rato, porque la naturalidad de Andrés nos divertía y él se quedó como si nada esperando nuestra respuesta. La primera en contestar fue Clara. Por supuesto que tenía fantasías, pero no a todas horas y en cualquier circunstancia. Yo estuve de acuerdo con ella y añadí que también dependía de la época y que, por ejemplo, en primavera era más habitual. Él se puso las manos en la cabeza y, asintiendo, exclamó: “la primavera es mortal para eso”.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Vino la camarera con las cervezas y un plato de embutidos. Andrés se relamió mirándola y alabó la ración como si nos hubieran puesto por delante un manjar exquisito. La chica se fue contoneándose encantada y Andrés la siguió con la vista hasta que ella entró en el bar. “Está buenísima”, comentó masticando una rodaja de salchichón. Mi amiga y yo nos echamos a reir.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Volvimos al tema de Jordi y Clara. Andrés quería saber si Clara se lo había pensado mucho antes de irse a vivir con él, si no temía perder su libertad. Ella respondió que de momento estaban muy bien y que había sido una decisión bastante espontánea, sin darle muchas vueltas. Él confesó que Violeta, su novia, le había propuesto que vivieran juntos. “Hemos  decidido hacerlo dentro de un año”, comentó, aunque él realmente estaba muy a gusto como estaba, no entendía la necesidad de formalizar nada, pero ella no estaba dispuesta a seguir mucho tiempo así. Andrés estaba muy seguro de querer a Violeta, pero su independencia significaba mucho para él. A mi me parecía que podía seguir teniendo la misma libertad si vivían juntos. Él me miró pensativo y dijo “no estoy seguro, eso es lo que me gustaría, pero las relaciones se van complicando y nos volvemos posesivos queramos o no, con lo fácil que podría ser que cada uno hiciera lo que quisiera”. Yo afirmé que no se trataba de restar libertad sino de compartir. Y Andrés opinó que había cosas que no se podían compartir. Por ejemplo, él no podía hablarle a Violeta de sus deseos ni de sus fantasías, y eso que nunca había sido infiel, al menos físicamente, claro, porque mentalmente era infiel todos los días un montón de veces; sin embargo a él le encantaría poder explicarle a Violeta todas esas cosas tan importantes para él, pero ella no quería oír hablar del tema, e incluso una vez le pidió llorando que por favor no le explicara nada más, porque no podía soportar saber todo aquello.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Él se sentía culpable por desear a otras chicas y fantasear con ellas, o incluso con varias a la vez, y eso que nunca lo había hecho realidad, porque quería a Violeta y sabía que hacerlo significaría el fin de su relación con ella. Dijo que cuando pensaba que tenía que renunciar a sus deseos desde tan joven, se sentía manipulado porque no era él quién decidía, sino una serie de hábitos y costumbres, unas reglas sociales que le venían impuestas. Lo ideal, decía Andrés, es que uno pudiera acostarse con quién quisiera, con la única regla del mutuo acuerdo, claro, y disfrutarlo intensamente sin remordimientos, como se disfruta de un pastel o de un baño en la playa. Después, sería maravilloso poder llegar a casa y contárselo a tu pareja, lo que seguramente provocaría más de un encuentro apasionado si no estuviéramos dominados por los prejuicios. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;A Clara y a mi nos pareció una teoría llena de sensatez, porque ya estábamos acabando la tercera Ménage à Trois, y brindamos por ella dispuestas a hacer apología del amor libre a partir de ese momento.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Estuvimos de acuerdo en pedir una cuarta cerveza, pero en ese momento salió la camarera y nos dijo que ya cerraban. Entonces les propuse acabar la noche en mi casa, que está a dos calles, como habíamos hecho muchas otras veces, e incluso alguna se nos hizo tan tarde que ellos se quedaron a dormir.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Camino de mi casa Andrés nos explicó que su fantasía preferida era un ménage à trois, con dos chicas, porque aunque no tenía prejuicios, hacerlo con otro chico “no le ponía nada”. “La casita”, le llamaba, y yo no me atreví a preguntar qué era “la casita”, aunque por el gesto de sus manos dibujando un triángulo con los dedos y señalando que él sería la línea de abajo no me hizo falta más explicación. Clara se partía de risa y confesó ruborizada que a ella también le excitaba “la casita” y yo tuve que reconocer que me resultaba una idea tentadora. Estábamos llegando a mi casa, los tres cogidos de la cintura, Andrés en medio, alborotados por el tema de conversación, por la primavera, por las cervezas. Entonces él se paró de repente y declaró, muy serio, que teníamos que quedar más de vez en cuando, que no podía pasar tanto tiempo entre una vez y otra. Tan circunspecto lo dijo que a mi me dio la risa y lo abracé asegurándole que estaba de acuerdo totalmente. Clara se abrazó a nosotros y nos quedamos los tres enlazados con las cabezas unidas, como los niños cuando hacen corro para decirse un secreto. Y vi cómo Andrés besaba a Clara en los labios, mientras su mano bajaba por mi espalda. Después me besó a mí apenas rozándome y nos miramos llenos de deseo, sin atrevernos a decir nada ni a movernos, con el corazón acelerado y la respiración agitada.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Entonces sonó el móvil de Andrés, que se deshizo de nuestro abrazo con delicadeza. Mientras hablaba, Clara y yo lo observábamos sin hablar, esperando que fuese él quién rompiera aquel silencio. Era Violeta, estaba en el Mudanzas y nos invitaba a tomar una copa con ella y sus amigas. Sonreímos, nos abrazamos los tres y decidimos irnos al Mudanzas a remojar nuestra excitación en un gin tonic. Nunca más volvimos a hablar de aquella noche de primavera.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-2268861984685426930?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/2268861984685426930/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=2268861984685426930' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/2268861984685426930'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/2268861984685426930'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2007/05/mnage-trois.html' title='Ménage à Trois'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Rk66z9oLmrI/AAAAAAAAAB0/sdR8VccudSU/s72-c/tulipanes.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-3790029939771559661</id><published>2007-05-12T21:44:00.003+01:00</published><updated>2009-07-02T09:06:01.786+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='infancia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='injusticia'/><title type='text'>A mí, nada</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Rk66YdoLmqI/AAAAAAAAABs/_DjRxsyX22o/s1600-h/tierraseca.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Rk66YdoLmqI/AAAAAAAAABs/_DjRxsyX22o/s320/tierraseca.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5066191560271174306" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;© &lt;a href="http://www.morguefile.com/forum/profile.php?username=hotblack"&gt;hotblack&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;El timbre interrumpe mi siesta. Me levanto del sofá maldiciendo a quien se le ha ocurrido llamar a estas horas, las cuatro de la tarde de un día caluroso de agosto. Arrastro mi fastidio por el pasillo sin reprimir el gesto de irritación con el que me dispongo a recibir al que me ha despertado. Abro la puerta con brusquedad y me encuentro de golpe con la imagen de Perea, al tiempo que una oleada de calor asfixiante, el bochorno propio de las calles desiertas de los mediodías de verano, azota mi cara, en contraste con la temperatura fresca de mi casa, donde el aire acondicionado lleva funcionando todo el día.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;- Hola Gloria – me dice Remedios Perea con voz ronca y vacilante, como si le costara un mundo pronunciar esas dos palabras, tomando aire entre el saludo y mi nombre, como cuando en el colegio contestaba “a mí, nada” cuando la maestra nos preguntaba qué nos iban a traer los reyes los días previos a las vacaciones de Navidad, cada año lo mismo, la misma escena de aquella niña delgada y retraída, obligada a mostrar con tres palabras y mirada perdida una realidad que no había forma de ocultar, que se veía en sus zapatos gastados, en el reborde del dobladillo cada año estirado de su baby descolorido, en su mesa vacía durante la temporada de recogida de la aceituna, en sus libros prestados que ya no correspondían con las nuevas ediciones de textos actualizados y fotos renovadas.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Respondo a su saludo tratando de aparentar que todo me parece de lo más normal, que no veo su mirada perdida y húmeda, su sonrisa de dientes corroídos, su postura tambaleante, sus uñas negras, sus ropas sucias, sus brazos llenos de pequeñas cicatrices, como puntadas una detrás de la otra que recorren la línea de las venas. Como cuando en el colegio, después del silencio abrumador que seguía a aquellas tres palabras, “a mí, nada”, la maestra preguntaba a la siguiente niña y un rumor de suspiros aliviados recorría la clase, todas dispuestas a aparentar que no habíamos oído ni visto a Perea encogerse en su asiento con la mirada puesta en el pupitre.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;- ¿Cómo estás, Remedios? – acierto a decir, desconcertada.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;- Ya ves... – responde ella mostrándome con los brazos abiertos que no hace falta responder a mi pregunta, porque es evidente cómo está – Es que me hace falta dinero, a ver si me podías dar algo...&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;- Sí, claro, pasa un momento.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Busco el monedero en el bolso que está sobre la banqueta de la entrada, avergonzada por no saber qué decir, ni cómo actuar, buscando algunas palabras que hagan más soportable el silencio, hasta que ella recurre a un balbuceante “qué fresquito se está aquí, con el calor que hace en la calle” para romper el hielo y dar pie a una pequeña conversación que haga más llevadero este momento.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Le doy algo de dinero, ella me lo agradece con su sonrisa llena de agujeros negros, le abro la puerta y siento otra vez la bofetada de calor de la calle. Entonces, mientras Remedios sale de mi casa con paso oscilante, mi voz me sorprende invitándola a tomar una Coca Cola. Ella se gira conmovida y, con sus ojos dulces por primera vez fijos en los míos, me dice “vale”. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Vamos a la cocina y nos sentamos. Me pregunta que qué hago ahora. Le cuento que he acabado la carrera, que estoy buscando trabajo, que no tengo novio. Ella me explica que se ha casado y que su marido está en la cárcel, pero que es muy bueno con ella, “lo que pasa es que la droga es muy mala”, susurra, con la mirada viajando hacia la nada. Hablamos de las niñas del colegio, del tiempo que hace que no nos vemos, y de la monja de canto, que nos hacía ir los fines de semana para ensayar. Al cabo de un rato, se levanta. “Me tengo que ir, pero a ver si nos vemos otro día”, me dice. “Cuídate”, respondo, abriéndole la puerta, escuchándola decir “gracias, eh, y perdona si te he despertado”. Vuelvo a la sala en penumbra, al sofá que el aire acondicionado ha mantenido fresco todo el tiempo, me tumbo, cierro los ojos, pero no duermo. Imagino a Remedios en la calle desierta, al sol, enfrentándose al calor asfixiante de esa tarde de agosto, mientras repito como un disco rayado tres palabras que se han quedado impresas en mi memoria: “a mí, nada”.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-3790029939771559661?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/3790029939771559661/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=3790029939771559661' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/3790029939771559661'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/3790029939771559661'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2007/05/m-nada_6177.html' title='A mí, nada'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Rk66YdoLmqI/AAAAAAAAABs/_DjRxsyX22o/s72-c/tierraseca.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-4098251966717732190</id><published>2007-05-06T21:10:00.000+01:00</published><updated>2009-06-27T16:30:20.953+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='microrrelato'/><title type='text'>Corrección microcuento</title><content type='html'>El otro día me animé a hacer una corrección del &lt;a href="http://algloquecontar.blogspot.com/2007/04/arriate-y-dtil.html"&gt;primer ejercicio&lt;/a&gt;, en el que debía escribir un microcuento con las palabras "arriate" y "dátil". Debía darle un sentido, explicar por qué justo en aquel momento de su vida, la protagonista recuerda su infancia. Este es el resultado, a ver qué os parece:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/RkYmtf7D42I/AAAAAAAAABc/Hu88JOO5uLQ/s1600-h/luis.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/RkYmtf7D42I/AAAAAAAAABc/Hu88JOO5uLQ/s320/luis.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5063777394129888098" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;span style="font-family: georgia;"&gt;© gloria&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style=";font-family:georgia;font-size:11;"  &gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Mi padre plantó una palmera en la casa en la que   viví hasta los seis años. Era una casa enorme de varios pisos, de habitaciones   llenas de trastos que se comunicaban por largos pasillos oscuros y un laberinto   de puertas, ventanas y corredores. Mi padre había arreglado parte de la casa,   que era de mi abuelo, mientras compraba un piso propio. Además, la casa tenía un   pozo y un corral grande al fondo, donde construyó una piscina pequeña de paredes   de azulejos, rodeada de arriates con plantas y flores. Presidiendo la piscina,   estaba la palmera, que pronto empezó a dar dátiles dulces y   reventones.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;El recuerdo de mi niñez está asociado a aquella   casa, la piscina, la palmera y las habitaciones secretas repletas de recuerdos   de otros que vivieron allí antes que yo. Hoy he subido con mi hijo Pablo a la   azotea de casa de mi madre, a la que nos mudamos años después. Hemos visto la   palmera, ya vieja y mucho más alta, sobresaliendo orgullosa por entre los   tejados de las casas del pueblo, como el centinela del castillo en el que viví   de pequeña, donde yo era la princesa feliz de los cuentos de hadas. Entonces, el   rey Pablo me ha dicho: “Me gusta mucho cuando venimos a casa de la abuela porque   me cuentas cosas bonitas”.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-4098251966717732190?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://algloquecontar.blogspot.com/feeds/4098251966717732190/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1834772937826699099&amp;postID=4098251966717732190' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/4098251966717732190'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/4098251966717732190'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2007/05/correccin-microcuento.html' title='Corrección microcuento'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/RkYmtf7D42I/AAAAAAAAABc/Hu88JOO5uLQ/s72-c/luis.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-551641686007954303</id><published>2007-05-02T08:56:00.001+01:00</published><updated>2009-07-02T09:06:01.787+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='recuerdo'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='melancolía'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='amor'/><title type='text'>Aquel gesto tan tuyo</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Rj4mI_7D41I/AAAAAAAAABU/gszvaoP1Gdk/s1600-h/hombro.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Rj4mI_7D41I/AAAAAAAAABU/gszvaoP1Gdk/s320/hombro.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5061524967250977618" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:-1;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;© &lt;a href="http://www.morguefile.com/forum/profile.php?username=nacu"&gt;nacu&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: center;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Ahora no   puedo dejar de pensar en aquel gesto tan tuyo. Cuando te despedías de mi por las   mañanas para ir a la Facultad, siempre unas horas antes de que comenzaran mis   clases. Volvías de la ducha y te vestías en silencio, inundando con el olor   fresco de tu gel toda la habitación. Te sentabas unos segundos en el borde de la   cama, besabas mi hombro y después lo rozabas con la mano antes de levantarte y   salir.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Recuerdo   que fui yo quién repitió aquella caricia la última vez que nos vimos en Londres,   cuando viniste a verme para pedirme que volviera contigo, porque no podíamos   seguir así por más tiempo, tú trabajando en Madrid y yo intentando acabar mi   doctorado en Oxford. “Ya veremos”, te dije. Acaricié tu hombro desnudo después   de besarlo y no fue hasta un rato después, en el tren de regreso a la   Universidad, mirando por la ventanilla el paisaje neblinoso y húmedo, cuando me   sorprendí pensando que podría no volver a verte.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Hablamos   por teléfono varias veces más, nuestras conversaciones fueron cada vez más   cortas e inoportunas. Tú estabas en el trabajo o yo tenía que salir en unos   minutos porque había quedado con mi tutor. Hasta que dejamos de llamarnos. No   soy consciente de que hubiera una despedida o un final claro en nuestra   relación. Simplemente dejó de existir. Y poco a poco, también, me fui   desconectando de todos nuestros amigos y de la gente que habíamos conocido en   Granada durante la carrera, con quienes mantenía un contacto cada vez más   esporádico a través de cartas y alguna llamada de felicitación de   cumpleaños.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Me he   preguntado muchas veces cómo un amor tan intenso pudo diluirse de aquella forma   tan sutil, viéndolo pasar como si fuera la escena de una película a la que no   puedes acceder para cambiar el final. Aunque te eché de menos hasta mucho tiempo   después, creo que en el fondo fue un alivio que desaparecieras de mi vida en   aquel momento, porque cada una de las últimas llamadas llenas de reproches y de   prisas, me dejaban sin energía, agotada, triste, cansada de buscar la forma de   compaginar nuestra vida con mi investigación.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Pero   para mi, a pesar de que estuve dos años más en Oxford, la historia estaba   inacabada, por eso seguí soñando contigo y fantaseando con la sorpresa que te   daría cuando regresara, dispuesta a retomar todo lo que dejamos pendiente.   &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Hace ya   cinco años que volví de Inglaterra. Sólo unos días después de estar trabajando   en Barcelona, te llamé. Una voz contestó que me había equivocado de número.   Colgué despacio el teléfono y entonces fui consciente de que la ilusión de   volver contigo había sido sólo un sueño que me había ayudado a no sentirme sola   durante aquellos años de intenso estudio. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Poco a   poco, dejé de recordarte. Salvo en momentos puntuales, como cuando llegaba la   fecha en la que empezamos o cuando oía alguna canción de aquellos años. Pero   hace unos días, en medio de los tenderetes de libros y rosas que se agolpan en   Las Ramblas el día de Sant Jordi, te vi curioseando una   novela.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Fue como   si nunca hubiera dejado de verte, como si apenas unas horas antes te hubieras   despedido de mi con ese gesto tan tuyo antes de irte a la Facultad. En un   instante pensé que sería bonito ir por detrás, taparte los ojos con las manos y   preguntarte “¿quién soy?”. No lo pensé dos veces, ni siquiera me di cuenta de   que estaba temblando. Me acerqué a ti dando un pequeño rodeo para que no me   vieras y poder darte la sorpresa. Y entonces llegó ella, la chica morena y alta   que te acompañaba. La oí preguntarte “¿qué tal este?”, sujetando un libro de   Paul Auster en sus manos. “Me encanta”, dijiste, “ese libro vale por lo menos   dos rosas”, añadiste, antes de besar su hombro y rozarlo después levemente con   la mano. Me quedé allí, viendo cómo ella pagaba al librero y cómo os alejábais   paseando hacia otro puesto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="margin: 0cm 0cm 0pt;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Y ahora,   no puedo dejar de pensar en aquel gesto tan tuyo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1834772937826699099-551641686007954303?l=algloquecontar.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/551641686007954303'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1834772937826699099/posts/default/551641686007954303'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://algloquecontar.blogspot.com/2007/05/aquel-gesto-tan-tuyo.html' title='Aquel gesto tan tuyo'/><author><name>Gloria</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15159179657010006020</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Rj4mI_7D41I/AAAAAAAAABU/gszvaoP1Gdk/s72-c/hombro.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1834772937826699099.post-2465153824899358120</id><published>2007-04-24T23:25:00.000+01:00</published><updated>2009-07-02T09:06:01.787+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='personajes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><title type='text'>La desgracia de Consuelito Linares</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Ri8AbP7D40I/AAAAAAAAABM/T6uvtiyQbRo/s1600-h/calabaza.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_Yp1X0sH1gbI/Ri8AbP7D40I/AAAAAAAAABM/T6uvtiyQbRo/s320/calabaza.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5057261374691074882" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;© &lt;a href="http://www.morguefile.com/forum/profile.php?username=earl53"&gt;earl53&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;Desde hacía más de cuarenta años, Consuelito Linares siempre había hecho la compra en la plaza. Sólo confiaba en la báscula de García. Decía que todas las demás estaban trucadas por los tenderos, que no desaprovechaban la ocasión de timar a los incautos. Sin embargo, aquel día, se dio cuenta a media tarde de que le faltaba un pedazo de calabaza para el puré de verduras que pensaba hacer para cenar. Así que, como el mercado sólo abría por las mañanas, salió a ver si encontraba un poco en el gran supermercado que habían abierto recientemente en el pueblo, a pesar del malestar que le producía tener que comprar en un lugar extraño, un sitio donde, decía ella, ni la conocían ni la querían conocer; aunque todo el personal del gran almacén era del pueblo y sabían perfectamente de quién se trataba.&lt;br /&gt;El supermercado pertenecía a una gran cadena nacional, que estaba invadiendo de grandes almacenes todos los pueblos de alrededor, para ruina de las tiendas de toda la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Consuelito pidió la vez en la zona de la frutería y se disgustó mucho cuando la chica que atendía a la clientela le dijo que tenía que sacar el número de una máquina roja que se encontraba en la esquina. “Dónde hemos llegado”, murmuró Consuelito, “ahora hay máquinas hasta para pedir la vez”. Tiró con fuerza de la cinta de papelitos con números, con tan mal acierto que la cinta no se rasgó por la incisión correspondiente al número siguiente, sino que corrió diez o doce números más sin rasgarse. La mujer se puso roja de irritación y, resoplando, rompió la tira por la mitad y se quedó quieta, en silencio, mirando fijamente a la tendera y acumulando rencor mientras veía pasar los números uno tras otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente, Consuelito compró un trozo de calabaza, que hizo pesar a la tendera tres veces, porque la primera vez no le había dado tiempo a ver el peso, la segunda llevaba el papel de envolver, que “algo debía de pesar”, dijo ella y, la última que aceptó refunfuñando.&lt;br /&gt;A la salida, junto con el cambio, la cajera le dio un boleto que ponía: “Gran sorteo”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-    ¿Qué es esto, niña? – preguntó curiosa Consuelito.&lt;br /&gt;-    Señora Consuelito, ¿no se ha enterado? Sale en todos los anuncios de televisión. Este es el primer supermercado del mundo donde le puede tocar un viaje a la luna – respondió la chica tan orgullosa como si la idea de sortear un viaje lunar hubiera sido suya.&lt;br /&gt;-    ¿Un viaje a la luna? Ay, por Dios, dónde vamos a llegar. Todavía me acuerdo de mi marido, que en paz descanse, el día aquel que nos dijeron que el hombre había llegado a la luna, pegado al televisor, creyéndoselo todo como un niño. Yo estuve toda la noche asomada a la ventana mirando, y en la luna no se vió ningún movimiento, que lo sepas, un engaño como otro cualquiera, eso es lo que fue. Como las películas de marcianos y de monstruos gigantes, que todo es mentira, de cartón piedra – advirtió Consuelito a la cajera, convencida de que sus palabras abrirían la mente de la muchacha.&lt;br /&gt;-    ¿Lo quiere o no lo quiere? – preguntó la chica, nerviosa al ver la cola de clientes que esperaban.&lt;br /&gt;-    Anda, dame, dame, ¿qué tengo que hacer? – interrogó la mujer.&lt;br /&gt;-    ¿Sabe usted cómo se hace una primitiva, señora Consuelito? – respondió la muchacha colmándose de paciencia.&lt;br /&gt;-    Otro engaño – refunfuñó Consuelito – que eso no le toca a nadie, está trucado, ¿tú conoces a alguien a quién le haya tocado?&lt;br /&gt;-    No... – reflexionó la cajera hasta que cayó en la cuenta de que la mujer la estaba interrumpiendo más de la cuenta -. Pero ¿sabe usted hacerla o no? Tiene que marcar seis números entre uno y cien, eche el papel en aquel buzón y se queda con el resguardo.&lt;br /&gt;-    Ea, pues a ver si me toca – exclamó socarrona la mujer, mientras rellenaba el boleto. El cuatro y el nueve, día de la Virgen de Consolación, el día que yo nací. El doce, por los doce Apóstoles. El treintaitrés, la edad de Cristo. El cuarenta, por los cuarenta ladrones, y... el cincuenta y siete, el número de mi casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ni Consuelito Linares ni la cajera eran conscientes de la estrategia de la cadena de supermercados. La probabilidad de que el viaje le tocara a alguien era tan remota como la posibilidad de que les cayera encima un meteorito. Sin embargo, la empresa anunciaba la promoción a bombo y platillo en todas las televisiones y periódicos del país, lo que aumentó sus ventas de forma considerable. Había mucha gente dispuesta a viajar a la luna, pero entre ellas no se encontraba la Sra. Consuelito, que estaba convencida de que el sorteo estaba trucado desde el principio; pero ella no desaprovechaba ninguna oportunidad de sentirse timada y así poder quejarse y refunfuñar durante varios días por la necedad de la gente y del mundo en el que vivía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al cabo de dos meses, su amiga Rosario fue la encargada de dictarle los números del premio, que había escuchado por la radio local, con todos sus boletos ordenados sobre la mesa de camilla, porque, según dijo el excitado locutor, Juanito “el antena”, el único acertante era vecino del pueblo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-    Consuelito, ¡ha dicho la radio que el viaje le ha tocado a alguien del pueblo!&lt;br /&gt;-    Quita, quita, Rosario, si eso es un truco, ¿cómo va a ser? – exclamó Consuelito exasperada.&lt;br /&gt;-    ¡Que sí! ¡Que lo ha dicho Juanito “el antena”! – respondió Rosario.&lt;br /&gt;-    ¿Qué va a saber ese tonto el bote? – dijo Consuelito, removiendo el cocido con una cuchara. – A ver, ¿y qué números son?&lt;br /&gt;-    Yo no he acertado más que el cuarenta, que lo había marcado en uno de mis boletos. Y el treintaitrés, que lo tenía en otro.&lt;br /&gt;-    A ver... – Consuelito sacó su boleto del cajón donde guardaba todos los papeles. – Rosario, pues yo también marqué esos números.&lt;br /&gt;-    ¿Tú? Pero si pones a caldo a todo el que va al supermercado... – dijo Rosario sorprendida.&lt;br /&gt;-    ¿Qué otros números eran, Rosario?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rosario le recitó los números. El cuatro, el nueve, el doce, el treintaitrés, el cuarenta y el cincuenta y siete. Consuelito era la remota ganadora de un viaje a la luna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando la mujer llegó al supermercado enarbolando con temeridad el boleto, ya habían llegado al pueblo una multitud de periodistas deseosos de dar a conocer al provinciano ganador del viaje. Consuelito fue recibida con cientos de flashes y miles de preguntas. La cajera fue entrevistada por una televisión que emitió las imágenes más de una veintena de veces, en la que explicaba que prácticamente fue ella quién rellenó la papeleta ganadora. Consuelito no dudó en afirmar que hasta que no estuviera en la luna no se creía nada de nada y que mucho cuidado con que le pasara algo en el viaje, que ella siempre se mareaba cuando tenía que ir en autobús al Ambulatorio del pueblo de al lado. El alcalde la nombró hija predilecta de la villa en Asamblea extraordinaria, por difundir el nombre del pueblo por todo el país.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras tanto, la dirección de la empresa de supermercados, convocó una reunión con todos los mandamases y abogados. El sorteo había supuesto su ruina y, además, ¿cómo iba a viajar a la luna una vieja pueblerina? Después de destituir al Director de Marketing de la marca, acordaron que una comisión fuese a visitar a la anciana ganadora y proponerle un viaje mucho más adecuado para una persona de su edad. Donde ella quisiera, el tiempo que deseara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Consuelito s
